Saturday, July 29, 2006

Quién es Edgar Morin




Edgar Morin (1921) no es solo un ciudadano francés y europeo de gran prestigio intelectual, sino que es también, como lo ha honrado recientemente la UNESCO, un ciudadano y humanista planetario.

Edgar Morin es un pensador y un ciudadano del mundo comprometido con los esfuerzos de elucidación del destino humano en la Tierra-patria.

Tierra-patria es un concepto elaborado por Edgar Morin para señalar el lugar de convivencia civilizada de la humanidad en simbiosis con el planeta. Este concepto señala la necesidad de arraigar a la humanidad en el planeta tierra en función de un destino complementario y errante.

Lejos esta Edgar Morin del modelo de ciudadano cómodo y circunscrito a las preocupaciones de su pequeño territorio familiar y laboral. Muy lejos también, de la tranquilidad y el aislamiento académico, por el contrario, Edgar Morin sigue siendo protagonista y contemplador activo de los sucesos y acontecimientos relevantes del devenir actual del mundo.
Prueba de ello son sus condecoraciones: Oficial de la Legión de Honor, Comendador de las Artes y las Letras y recientemente Comendador de la Orden de la Legión de Honor de su país.

Desde su participación como combatiente voluntario de la resistencia de su país contra la ocupación nazi, hasta su participación como oficial agregado al estado mayor del primer ejército francés en Alemania en 1945, y luego como Jefe de Propaganda en la Dirección de Información del Gobierno Militar Francés en la Alemania de 1946, Edgar Morin no abandonará jamás esa elección de vida, porque su resistencia no solo ha sido frente al nazismo y más tarde frente al stalinismo, sino que continúa siendo contra toda forma de totalitarismo, incluidas las tendencias humanas que las generan. Su esfuerzo y su prestigio intelectual no residen únicamente en su monumental obra, hasta hoy en curso, compuesta de epistemología, reflexión, autocrítica y análisis de la sociedad contemporánea, sino que reside también, en su resistencia permanente contra toda forma de crueldad (Para una mayor información al respecto ver su autobiografía intelectual Morin, Edgar, Mis demonios, ed. Kairós, Barcelona, 1995)

Pero esta afirmación sería insuficiente si se omitiera su culto desinteresado a la amistad y la comprensión humana. Lucidez y cordialidad son el nombre y apellido de esta persona que hoy es consultada y leída por millares de individuos en todo el mundo. Basta como prueba, los esfuerzos constantes y en expansión, de las traducciones de sus obras a distintos idiomas. Sus obras han sido traducidas al español, inglés, italiano, chino, al japonés, y hasta circulan traducciones “piratas” en Irán. Las traducciones de sus obras se reeditan permanentemente en América Latina y el Caribe, y hoy es imposible encontrar un programa de formación de docentes donde no se halle citada, como obra de consulta obligatoria, alguna de aquellas dedicadas al educador, como “La cabeza bien puesta” y los “Siete saberes necesarios para la educación del futuro”.

Se agrega a ello, el reconocimiento de más de una decena de casas de altos estudios de Europa y América Latina y el Caribe, que lo han homenajeado con la entrega del doctorado Honoris Causa. Entre las que se pueden citar: Doctor Honoris Causa de la Universidad de Perugia, de la Universidad de Ginebra, de la Universidad de Palermo, de la Universidad de Bruselas, de la Universidad de Odense, de la Universidad del Salvador (Argentina), de la Universidad Federal de Rio Grande del Norte (Brasil) y de la Universidad de Guadalajara.
Edgar Morin ha desarrollado como investigador un camino de reflexión global, sobre la vida y el conocimiento. Su trabajo decisivo analiza los fenómenos multidimensionales de la sociedad y de la humanidad, en su totalidad y en su complejidad. En función de esto, insiste sobre la necesidad de desarrollar el sentimiento de existencia de una identidad común y de una comunidad de destino que favorezca la emergencia de una conciencia planetaria, para salvaguardar el desarrollo de hominización.

Si se tuviese que resumir en pocas palabras el significado que tiene la obra de Edgar Morin debería decirse que es uno de los intentos más consistentes de este siglo de pensar y describir la complejidad humana. Una complejidad multidimensional al mismo tiempo interrelacionada: la complejidad antropológica, sociológica, ética, política, histórica. Diferentes y complementarias caras de un mismo fenómeno: lo humano. Una complejidad que por ello mismo requiere un titánico esfuerzo epistemológico de revisión y articulación de los saberes y conocimientos heredados. Su obra más importante, elaborada durante más de treinta años, es la serie titulada “El método” conformado, por el momento, por cinco volúmenes, traducidos los primeros cuatro al castellano por la editorial Cátedra.
Las diferencias de mitos, creencias, lenguas, costumbres, han ocultado la común identidad bio-antropológica de la especie humana y es preciso, si queremos la continuidad de la especie, recuperar esta unidad conservando sus diferencias para compartir un destino común. La tierra nos dice, no es la adición de un planeta físico más biosfera, más la humanidad. La tierra es una totalidad compleja físico-biológica, antropológica, don de la vida es una emergencia de la historia de la tierra y el hombre una emergencia de la historia de la vida terrestre, no somos ciertamente, dice Edgar Morin, el centro cósmico, pero no nos concebimos sin el cosmos. Hasta ahora hemos ignorado algunas realidades que conforman nuestro destino, hemos ignorado que estamos perdidos en el cosmos, que la vida está sólo en el sistema solar y sin duda en la galaxia, que la tierra, la vida, el hombre, la ciencia, son frutos de una aventura singular llena de peripecias y repercusiones sorprendentes; que el hombre forma parte de la comunidad de la vida aunque la conciencia humana, nuestra conciencia, sea un fenómeno solitario.

La conciencia sobre el destino planetario del hombre es una condición necesaria para realizar la humanidad La educación tiene como principal desafío arraigar al ser humano en su casa que es la tierra, sin perder de vista que el ser humano es también un ser desarraigado por su propia condición.

Para Morin la base de las políticas de desarrollo deben reconsiderase a partir de un juego contradictorio y a su vez, complementario de acciones que conduzcan a conservar y revolucionar la vida. Un vínculo inseparable dice, debe unir dos finalidades aparentemente antagonistas, la supervivencia de la humanidad y la persecución de la humanización. La primera es conservadora, trata de salvaguardar las diversidades culturales y naturales degradadas por la uniformización, como es la humanidad amenazada por el arma nuclear y la degradación de la biosfera, ambas producto de la alianza de los peores odios y violencias. La segunda finalidad es revolucionaria, se trata de crear las condiciones para que la humanidad se cumpla como tal en una sociedad-comunidad de las naciones. Esta nueva etapa solo puede alcanzarse revolucionando en todas partes las relaciones de los seres humanos con uno mismo, con los demás, con las naciones, con los estados, entre los hombres y la tecnocracia, entre los hombres y la sociedad, entre los hombres y el conocimiento, entre los hombres y la naturaleza. De ahí una paradoja inevitable: la conservación necesita la revolución que asegure la prosecución de la humanización. La revolución necesita la conservación no solo de nuestros seres biológicos sino también de la adquisición de nuestras herencias culturales y civilizacionales.

Hay que continuar defendiéndonos del retorno persistente de la barbarie. No solo de la barbarie que podríamos llamar ancestral, sino la barbarie moderna, fría, anónima, abstracta y mercantilizadora de nuestros tiempos.

Las guerras “localizadas” pero de impacto global incierto, la destrucción del ambiente, los basureros mundiales, la desertificación de la tierra, la contaminación de aguas y de atmósferas, el desempleo, las migraciones multitudinarias, las epidemias, el descontrol de la experimentación biológica, la globalización económica-política y cultural, la automatización tecnológica, la tecnocratización del poder, el desarrollo y difusión del conocimiento, la violencia, la discriminación de la juventud, la desarticulación de las sociedades, el impacto de la comunicación, el deterioro de la educación y de las instituciones universitarias, la angustia, la incertidumbre, la desconfianza como contra pautas de convivencia, las catástrofes físicas, biológicas, psicológicas, sociales, masivas, el crecimiento de la libertad, de la complejidad, del caos y la frontera del orden, cualquier orden, la sobrevivencia, la conservación de la vida, no son materias que podamos captar solo con el ojo solitario de una disciplina científica.

En su libro “Introducción al pensamiento complejo” afirma: “Hay una nueva ignorancia ligada al desarrollo mismo de la ciencia, hay una nueva ceguera ligada al uso degradado de la razón, las amenazas más graves que enfrenta la humanidad están ligadas al progreso ciego e incontrolado del conocimiento. Es necesario tomar conciencia de la naturaleza y de las consecuencias de los paradigmas que mutilan el conocimiento y desfiguran la realidad”. (Traducido al castellano por editorial Gedisa).

Para Edgar Morin, el gran problema de la ciencia actual es la cada vez mayor compartimentación del conocimiento. Mientras que la cultura general busca la posibilidad de poner en contexto toda la información y las ideas, la cultura científica o técnica, debido a su carácter disciplinario especializado, enfrenta cada vez mayores dificultades para su puesta en contexto.

Actualmente, todo hecho importante debe ser analizado en su contexto social, político humano, ecológico, es decir se tiene que tomar en cuenta el mundo todo. Para tener la posibilidad de articular y organizar la información del mundo, Morin propone una reforma del pensamiento. Esta reforma es lo que llama pensamiento complejo.

Para Morin uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es volver a relacionar las dos culturas: la humanística y la científica. En nuestros días, ambas se encuentran empobrecidas.

La reforma necesaria del pensamiento es aquella que genere un pensamiento del contexto y de lo complejo. El pensamiento del contexto busca siempre la relación de inseparabilidad y de ínter-retro-acción entre todo fenómeno y su entorno, y de todo entorno con el contexto planetario.
El pensamiento de lo complejo es necesario para captar las relaciones, interacciones e implicaciones mutuas de los fenómenos multidimensionales, y de las realidades que son a la vez, solidarias y conflictivas porque contienen fuerzas que conducen a la diversidad y al mismo tiempo a la unidad. El pensamiento complejo es un pensamiento organizador que concibe la relación recíproca de todas las partes que conforman un todo.

Es necesario incorporar el pensamiento complejo y repensar el destino y la misión de la educación directamente relacionado con el destino de la especie. Objetivo difícil porque la reforma de la Universidad suscita una paradoja: no se puede reformar la institución (las estructuras universitarias) si no se han reformado anteriormente las mentes; pero no se pueden reformar las mentes si no se ha reformado anteriormente la institución.

La reforma de la Universidad implicaría la instauración de Departamentos o Institutos dedicados a las ciencias habiendo operado una reintegración polidisciplinaria en derredor de un núcleo organizador sistémico (ecología, ciencias de la tierra, cosmología); progresaría con la reintegración futura de las ciencias biológicas, ciencias sociales, y elaboraría los dispositivos que permitieran la coordinación del conjunto de ciencias antroposociales y del conjunto de las ciencias de la naturaleza.

A fin de instalar y ramificar un modo de pensamiento (complejo) que permita la transdisciplinariedad, la Universidad debiera en un primer momento introducir en ella un “diezmo transdisciplinario”, un espacio operativo de articulación transversal de los conocimientos especializados.

La reforma del pensamiento es una necesidad social clave: formar ciudadanos capaces de enfrentar los problemas de su tiempo. Ello permitiría frenar el debilitamiento democrático que suscita, en todos los campos de la política, la expansión de la autoridad de los expertos, especialistas de todo orden, que limitan progresivamente la competencia de los ciudadanos, condenados a la aceptación ignorante de las decisiones de quienes son considerados como conocedores, pero que de hecho practican una compresión que rompe la globalidad y la contextualidad de los problemas. El desarrollo de una democracia cognitiva solo es posible en una reorganización del saber donde resucitarían de manera novedosa las nociones trituradas por el parcelamiento disciplinario: el ser humano, la naturaleza, el cosmos y la realidad.

Sunday, April 02, 2006

CONCESIONES Y TRANSPARENCIA



CONTRATOS BOT

Y TRANSPARENCIA

Ensayo

Autor: Hernán Narbona Véliz

Periodistas Frente a la Corrupción

2003


Contratos BOT y Transparencia

Hernán Narbona Véliz[i]

· El presente ensayo presenta un modelo para el diseño de contratos de concesiones BOT con participación y control ciudadano, que garantice el uso correcto de este instrumento como herramienta de desarrollo.

1. Contexto Internacional

En el proceso de modernización del Estado, desde hace ya dos décadas, se han consignado nuevos paradigmas. El proceso de globalización se expresó en la implantación mundial de un sistema neoliberal, que significó profundas redefiniciones al rol que corresponde al Estado. La caída de los sistemas centralmente planificados o socialismos reales, dejó un halo triunfalista en las corrientes liberales, llegando a sacralizar el mercado y pretendiendo reducir a mínima expresión el papel de los Estados.

Por otra parte, el Estado Nación ha debido asumir como institución su propio proceso de internacionalización, participando de la generación de la nueva institucionalidad internacional. El orden de post segunda guerra mundial ha ido consolidándose en una nueva institucionalidad, con atisbos de un trato más igualitario en el ámbito económico. Desde el punto de vista de la gestión pública esto ha significado que prácticamente se haya trasladado competencia, en todos los ámbitos del gobierno, a instancias intergubernamentales. Es así que el Estado fue resignando soberanía en pro de un orden multilateral que colocara reglas de aceptación generalizada, para poder interactuar en un orden de relaciones relativamente confiable.

En este orden de ideas, el Estado ha debido asumir su propia reingeniería y asumir una definición que para el fin del siglo XX planteaba como elementos fundacionales su cualidad de Democrático, su función reguladora de la sociedad de mercado, su capacidad de fiscalización (que implica su poder policía y de sanción), el ejercicio del poder (con criterios de descentralización territorial y funcional) y un rol social en el cual procura la equidad o justicia social.

Con diferentes acentos, son estas las características en que se enmarca el Estado Moderno y la misión del mismo se define en función de un entorno mundial en el cual todo Estado procura insertarse inteligentemente, tratando en el plano interno que la sociedad alcance estándares de funcionamiento que le permita lograr como país ventajas competitivas. En este sentido, ese Estado Moderno debe ser capaz de articular políticas públicas convocantes, que promuevan la energía del sector privado[ii], al tiempo que debe velar por equilibrios macroeconómicos que le den estabilidad y una buena calificación al país como destino de inversiones y asiento de proyectos internacionales. El lograr plataformas tecnológicas, desarrollo de sus recursos humanos y proyectar una imagen sólida hacia el mundo, son los ejes de cualquier política exterior, como objetivos transversales que cruzan la organización del Estado.

Los Estados Modernos deben ser capaces de actuar en la construcción de sus proyectos en medio de la complejidad del mundo. Deben asumir que el orden mundial actual tiene como actores económicos globales a gigantescas corporaciones multinacionales, cuyo tamaño y peso específico superan las dimensiones de los países, constituyendo un frente de relaciones en los cuales se debe negociar las alternativas que sean más convenientes para dichos entes privados multinacionales y los intereses nacionales que importan al Estado. Si se deben categorizar frentes para las relaciones internacionales, el de manejo con las multinacionales resulta mucho más complejo y delicado que las relaciones internacionales entre Estados u organismos intergubernamentales. En cincuenta años la visión sobre las multinacionales fue haciéndose más racional y menos ideologizada. De parte de las multinacionales, su presencia fue más abierta y menos conspirativa, aceptando reglas del juego y fiscalizaciones, pero manteniendo un poder de influencia y lobby que siempre es necesario tener en consideración.

2. El Estado sometido a la extraterritorialidad

Las potencias que han hecho de la inversión en ultramar el exterior parte de su estrategia económica y de su geopolítica, han generado unilateralmente legislaciones que extienden la protección a sus agentes económicos nacionales que contratan en el exterior. Esto significa que en las negociaciones que se debe establecer con los agentes económicos de esos países, siempre se debe considerar que su ley se extiende unilateralmente dando un alero de protección a las inversiones, lo cual se manifiesta en el requisito para las contrapartes de reconocer domicilio legal en el país central en que reside el inversionista.

Cuando la contraparte del inversionista extranjero es el propio Estado anfitrión, por ejemplo cuando vende a la inversión directa patrimonio público, será considerado como un sujeto comercial desprovisto de privilegios y puede ser encausado cuando sea demandado por controversias contractuales. Esto significa que el Estado debe asumir que su inmunidad diplomática sólo opera en tanto y en cuanto actúa en la actividad diplomática en el exterior. Pero, cada vez que el Estado contrate, incluso abastecimientos que pudieren tener carácter estratégico, será tratado como cualquier sujeto privado.

Este principio ha significado que los países que se relacionan con empresas norteamericanas o europeas deban renunciar en sus contratos a la jurisdicción de sus tribunales y someterse a la ley del país de donde proviene la inversión protegida. Este es un elemento que caracteriza el orden actual y se ha complementado con algunos acuerdos comprendidos dentro de la institucionalidad de la Organización Mundial de Comercio, tales como el de la Inversión, la Propiedad Intelectual, la Compra Pública y los Servicios. El orden mundial tiene esta plataforma que garantiza soportes jurídicos a los intereses principales de las economías desarrolladas. De suyo, los países desarrollados generan ingresos en sus balances de pagos precisamente de la venta de servicios, de tecnología o de inversiones en el exterior.

3. La Inversión Extranjera como complemento de los recursos nacionales.

Los Países en Desarrollo han debido enfrentar permanentemente diversas limitaciones de orden interno y externo que afectan seriamente sus posibilidades de crecimiento, particularmente en lo relacionado con su gran vulnerabilidad frente a los variados y sucesivos cambios que experimenta la coyuntura internacional. La gran dependencia de circunstancias externas les impide diseñar políticas de largo plazo que sienten las bases sobre las cuales deban actuar los distintos agentes que participan en las actividades productivas de bienes y servicios, tanto a nivel público como privado.

Uno de los problemas que los agobia en mayor medida a es la carencia o insuficiencia de recursos financieros para hacer frente a los requerimientos de un desarrollo creciente y sostenido que les permita mejorar sus niveles de vida e incorporarse definitivamente al mundo moderno en mejores condiciones. La crisis de la deuda externa de los ochenta impactó severamente sobre la realidad regional. CEPAL marcó a los ochenta como la “década perdida”, con aplicación de severos planes de ajuste estructural para lograr una reincorporación de nuestros países a los flujos de capitales del “crédito voluntario”. Para lo cual, la banca internacional exigió la reducción del riesgo país, mediante medidas que apuntan a un control de la inflación, reducción del déficit fiscal y a una mayor estabilidad en las reglas de juego, como condicionantes mínimas para atraer inversiones.

Captar inversión extranjera directa es parte de la estrategia país. Se trata de generar condiciones atractivas: estabilidad normativa, sistema judicial confiable, transparencia, cualidades todas que integran positivamente la fórmula de riesgo país, convirtiéndose su logro en un desafío para la inserción internacional.

Los recursos financieros que requiere un país para su desarrollo provienen de cuatro fuentes principales: el ahorro interno, el saldo de cuenta corriente, los créditos externos y la inversión extranjera.

En materia de ahorro interno el tema depende de las políticas monetarias, de la eficacia del sistema financiero y de la existencia de un mercado de capitales con instrumentos de inversión adecuados. Además, un factor determinante es la existencia de un sistema previsional que permita reciclar los fondos en el mercado de capitales, movilizando recursos en las bolsas de valores. En la dinámica de la sociedad capitalista moderna, los mercados tienen una dinámica propia y los Estados no pueden regular su funcionamiento, pese a que se han negociado reglas del juego marco para incentivar la inversión y asegurar la no discriminación en materia de inversiones y compra pública.

La cuenta corriente registra el intercambio internacional de la economía en bienes y servicios. Generar un balance positivo significa poder disponer de ahorro externo, lo cual es consecuencia de la manera de insertarse el país en el mundo. Diversificar productos y mercados es un desafío en la inserción internacional de cualquier país y la estructura del balance de pagos permite apreciar la situación estructural y coyuntural de las economías, en una lectura de sus debilidades y fortalezas. La relación de deuda externa versus exportaciones, la incidencia de los servicios financieros por deuda externa respecto a lo que rentan las exportaciones del país, el nivel de reservas, son algunos de los parámetros que permiten calificar la situación de un país en el contexto internacional.

Los créditos externos pueden ser de fuente pública o de fuente privada. En los años sesenta y setenta las fuentes de financiamiento externo eran fundamentalmente los organismos internacionales de cooperación, tales como Banco Mundial, la Agencia de Cooperación Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento y en general la banca de fomento de los diversos países, agremiada a nivel regional en ALIDES, Asociación Latinoamericana de Instituciones de Desarrollo. Fue en la década de los setenta y en el contexto de la crisis del petróleo que el endeudamiento de las economías latinoamericanas se realiza con la banca internacional, atendiendo la disponibilidad de circulante[iii]. Sin embargo, la crisis del endeudamiento originada en el aumento de los intereses de los recursos financieros externos, significó que, durante los ochenta, la región debiera remontar su “década perdida”, con aplicación de profundos cambios en las economías. Esto obligó a los países de la región a replantearse su posición restrictiva frente a la Inversión Extranjera Directa y a diseñar políticas destinadas a atraer recursos externos para financiar su desarrollo. Es así como cada país revisa sus leyes de inversión extranjera para hacerlas atractivas y así atraer inversión extranjera directa.

El FMI define la Inversión Extranjera Directa (IED) como aquella que tiene por objeto adquirir una participación permanente y efectiva en la dirección de una empresa explotada en una economía distinta de la del inversionista. Esta permanencia es lo que la distingue de la Inversión en Cartera o de Portafolio. La característica principal de esta inversión es que exista un inversionista directo que tenga un participación de por lo menos un 10% de la propiedad de una empresa residente en una economía extranjera, con un Interés permanente del inversionista en la empresa receptora. En concordancia con esto, para efectos del balance de pagos se considera como residente a una persona natural o jurídica que tiene en el país su actividad principal.

4. La Tecnología como parte de la inversión.

La Tecnología es el conocimiento científico aplicado a una actividad productiva específica en materia de bienes o servicios. Ese conocimiento puede aportarse bajo la forma de una instrucción o procedimiento para la elaboración de un producto o para la prestación de un servicio (know-how), o bien, puede estar incorporada en una maquinaria o equipo.

El desarrollo tecnológico es un factor esencial en el mundo actual y constituye sin lugar a dudas la mayor barrera para los países medianos y pequeños, que no están en condiciones de invertir elevadas sumas de dinero en la búsqueda de soluciones tecnológicas a sus requerimientos productivos. Es una realidad del proceso de globalización la concentración de capacidad tecnológica en grandes empresas transnacionales y el uso cruzado de los sistemas de patentes, actualmente reforzados a nivel internacional en el marco de la OMC. Más del 95% de la tecnología moderna es de propiedad de las empresas transnacionales y, por ende, de los países más desarrollados, se produce un alto grado de dependencia de los demás en razón del manejo de este factor

La consideración de un aporte tecnológico como parte de una inversión extranjera fue durante mucho tiempo motivo de profundas divergencias y sólo en la actualidad se ha aceptado esa condición, en atención a la importancia que ha adquirido el factor tecnológico en los procesos de producción y comercialización internacional. Hay quienes objetan el aporte tecnológico como parte de la inversión ya que la tecnología evoluciona rápidamente y existe riesgo de obsolescencia temprana. Además un conocimiento es un intangible que va asociado a actividades de capacitación y soporte. En cambio, las maquinarias mantienen un valor residual, ya que pueden ser transferidas a empresas menos avanzadas, a las que pueden serles útiles.

En general, la tendencia moderna es que las empresas que operan en el área de la infraestructura y bienes de capital movilizan en el comercio internacional además de mercancías, diversos servicios integrados, en donde se asumen responsabilidades por montaje, mantenimiento y soporte, lo cual implica que se deban construir organizaciones de gestión internacional que operan en red en el ámbito de diferentes países. Para establecer sus actividades en diferentes Estados es necesario tener contrapartes estables y esto les permite acceder a contratos de obras o servicios requeridos por el propio Estado.

5. La Compra Pública

La gestión de los organismos públicos se rige por el Derecho Administrativo, rama del Derecho Público en donde se ordenan en forma expresa las reglas para el funcionamiento de las entidades de la administración central, el comportamiento funcionario, los derechos y obligaciones, las prohibiciones e incompatibilidades que enmarcan la actuación de los servidores públicos. La máxima jurídica es que en el ámbito de lo público sólo se puede hacer lo que está expresamente permitido y nadie puede pretender complementar un precepto legal con sus propias interpretaciones. Esta es la gran diferencia con el ámbito privado donde las personas pueden celebrar todo tipo de convenciones o contratos, con el sólo límite de aquello que la ley expresamente prohíbe realizar.

En materia de gasto público en las instituciones públicas se debe funcionar sobre la base de presupuestos públicos, que son aprobados y visados en su ejecución y procedencia por la Contraloría General de la República.

En el proceso de modernización del Estado uno de los aspectos relevantes es desarrollar procesos de Adquisiciones que sean transparentes, no discriminatorios con los oferentes extranjeros y que aseguren la libre concurrencia. Este ha sido el sentido del Acuerdo sobre Compra Pública en la OMC y es la misma idea fuerza con que el tema se ha tratado al interior del la Unión Europea. El derecho de contratación pública está basado en un conjunto de normas y principios, entre los cuales figuran en primer lugar los principios de no discriminación, igualdad de trato, transparencia y reconocimiento mutuo[iv].

En la compra pública se han agregado a la normativa nacional las reglas que están contenidas en el Acuerdo de la Organización Mundial de Comercio, que fija la obligatoriedad de someter a Licitaciones Públicas todas aquellas adquisiciones que efectúe el Estado, asegurando la transparencia y libre concurrencia.

Normalmente, los organismos públicos mantienen registros de proveedores que permiten aplicar un filtro tributario y legal a quienes quieran ser considerados en los procesos de compras. Del mismo modo, en torno al sistema de abastecimientos del Estado, existe normalmente un subsistema de Auditoría externa, con un registro de inspectores por sus competencias técnicas, siendo su rol revisar distintos procesos industriales y logísticos, dando fe de la forma como se han desarrollado los procesos observados.

Para construir un sistema de Licitaciones que sea transparente, objetivo e imparcial, es necesario regular la fase “pre-contractual” de la contratación pública, pues es donde pueden manifestarse las conductas que restrinjan la competencia. Se trata de dar transparencia a los pliegos de condiciones, ya que una forma de lograr limitar la competencia es, por ejemplo, incorporar requerimientos que sólo puedan cumplir algunos proveedores. También se debe fijar con objetividad los requisitos para registrarse como contratista, en lo que se denominan “requisitos de capacidad y solvencia para contratar” y el modo de acreditarlos. Finalmente, en la etapa pre-contractual es indispensable establecer un procedimiento preciso y una programación de actividades durante el proceso de licitación y el procedimiento de adjudicación. En términos generales, las etapas de un proceso de Licitación Internacional [v]son las siguientes:

Etapa Pre- contractual.


1. Definición del Proyecto.

2. Asignación presupuestaria.

3. Definición de Unidad Ejecutora

4. Redacción de los Requerimientos Técnicos.

5. Redacción de los Requerimientos Comerciales y Financieros.

6. Publicación de Convocatoria a Licitación.

7. Período de Venta de Pliegos de Condiciones.

8. Período de Consultas.

9. Ceremonia de Apertura de Sobres.


Etapa de Evaluación.


10. Control de Garantías de Mantenimiento de Ofertas.

11. Análisis Técnico de las propuestas.

12. Análisis Económico y Financiero de las propuestas.

13. Resolución Fundamentada de Resultados.

14. Período de Reclamos o Impugnaciones.

15. Resolución de Adjudicación

16. Toma de Razón del organismo Contralor.


Etapa de Contratación.


17. Preparación del Contrato.

18. Presentación de Garantía de Fiel Cumplimiento.

19. Firma del Contrato.

20. Autorización de Anticipos.

21. Inicio de Obras.


Etapa de Ejecución del Contrato.


22. Inspecciones Técnicas.

23. Informes de Avance de Obra.

24. Autorización de pagos parciales.


Etapa de Recepción de Obras.

.

25. Recepción de Obras.

26. Pruebas o Inspecciones finales.

27. Capacitación de Recurso Humano que asumirá gestión del Proyecto.

28. Aplicación de Garantías de Calidad y Soporte.

29. Liberación de Garantías

30. Cancelación de saldos del Contrato.

El outsourcing o tercerización de servicios es una tendencia en la administración de empresas que el sector público también ha adoptado. Esto se centra en el paradigma de ser competitivo mediante una estructura liviana, concentrada en el negocio, que obtiene por delegación en agentes externos, todos los servicios de apoyo que no son de su manejo técnico específico. Puede señalarse que en la década de los ochenta y noventa el mundo corporativo transnacional ha vivido este proceso de tercerización, creando gigantescas redes de subcontratación, en donde se generan una serie de compromisos y confianzas que permiten asegurar una cadena de valor con la máxima eficiencia y capacidad de adaptación.

Estos procesos de compra pública de servicios de terceros, deben operar a través de equipos idóneos y probos que sean capaces de comparar integralmente las ofertas proponiendo la adjudicación del contrato a aquella alternativa que se ajusta a las condiciones requeridas y representa la mejor opción económica y financiera.

El proceso de compra pública debe agregar los requerimientos propios de una operación presupuestaria estatal, lo que implica que la adjudicación del un suministro u obra pública se resuelve mediante una Resolución o Decreto Ministerial que debe pasar por el trámite de Toma de Razón de la Contraloría General de la República, organismo encargado de cautelar la legalidad, pertinencia del gasto y cumplimiento de las formalidades propias del proceso de acuerdo a las reglas del concurso o licitación.

Para la realización y gestión de grandes infraestructuras, así como para la prestación de determinados servicios, las entidades públicas recurren cada vez más a mecanismos jurídicos tales como las concesiones o contratos similares, o a otras formas de derechos especiales o exclusivos. Esto significa de alguna manera construir una relación estable con el contratista en escenarios de mediano o largo plazo.

6. Las Concesiones

Cuando se recurre al mecanismo de concesiones, la causa normal son las restricciones presupuestarias a que están sometidos los Estados, a la vez que resuelve el problema de garantizar una mejor gestión de los servicios. Otorgar concesiones o derechos exclusivos de explotación de un servicio de utilidad pública, no puede eliminar la obligación de los Estados de respetar las obligaciones de cumplir con las normas de publicidad.

De acuerdo a los compromisos suscritos en el marco de la OMC o de acuerdos de integración regional, como la Unión Europea, al establecerse concesiones de obras públicas debe respetarse por parte del Estado comitente la libre concurrencia, es decir la convocatoria a licitación internacional pública en la que puedan participar diversos oferentes.

Este es un tema en el cual los Estados buscan la mayor transparencia y en la Unión Europea el tema ha sido desarrollado en el Libro Verde “La contratación pública en la Unión Europea: reflexiones para el futuro” que contiene una propuesta de Directiva comunitaria sobre coordinación de los procedimientos de adjudicación de los contratos públicos en materia de suministros, de servicios y de obras.

Este Libro Verde contempla convocatorias a concurso para la adjudicación de derechos exclusivos de prestación de servicios públicos, a través de un sistema de concesiones. Reconoce que este mecanismo de concesiones puede ser conveniente y necesario para el mantenimiento de un servicio de interés económico general. Con esta Directiva se ha buscado asegurar y facilitar el acceso de nuevos operadores, públicos o privados, a los contratos de servicios públicos, e instaurar entre los operadores existentes una dinámica empresarial próxima a las demandas de los usuarios. Este enfoque permitiría a los Estados seleccionar, en beneficio de los ciudadanos, a los operadores de servicios públicos más eficaces, tanto en términos de rentabilidad como de calidad. El punto es cómo lograr esta interactividad con el público usuario de los servicios que se concesionan y definir los parámetros que permitirán la evaluación de la calidad de los mismos.

Cuando se trata de contratos complejos, se ha visto la necesidad de que puedan negociarse ajustes a los pliegos técnicos por realidades propias de proyecto. El asunto es que esto quede restringido a un marco excepcional. Es así como este Libro Verde considera que dentro de la legislación sobre contratación se pueda incluir la posibilidad de seguir un procedimiento negociado entre la institución pública que actúa como Comitente y los contratistas oferentes, pero sometido a una serie de cautelas para evitar actuaciones en contra de la competencia y la transparencia en la contratación. En estos casos debiera contemplarse un sistema transparente de consultas sobre las especificaciones de la Licitación, que permitan la clarificación o ajustes de los términos de referencia, antes de la licitación, con conocimiento de todos los proveedores contratistas que hayan adquirido los pliegos para participar en el llamado.

La Directiva también alcanza a contratos de monto inferior a determinados umbrales, ya que preocupa la posibilidad de que al fraccionarse obras públicas en montos menores a dichos montos pudiera evitarse el procedimiento de concurso público, eludiendo así un Estado los compromisos de amplia convocatoria y libre concurrencia[vi].

De cualquier forma, estas directivas comunitarias reflejan el interés de las empresas que concurren a este mercado de las concesiones de obras o servicios públicos y procuran que la comunidad se integre a estos procesos en términos de conocer los proyectos para dar sus opiniones oportunamente, y de controlar la correcta ejecución de los trabajos y su calidad.

7. Los Contratos BOT

Los contratos BOT, Build, Operate and Transfer, son una forma moderna de conjugar recursos públicos y privados para viabilizar obras públicas de envergadura. Funcionan como un esquema de concesión de una obra en un agente privado, que financia la construcción y puesta en marcha y obtiene a cambio el derecho a explotarla por un largo plazo, cobrando a los usuarios determinadas tarifas concordadas en el contrato de concesión, y devolviendo al término de ese período el bien a la plena propiedad y gestión del Estado.

Es un método utilizado por diversos países y que el Banco Mundial ha promovido para captar recursos del mercado de capitales global y orientarlos a proyectos que de otra forma no podrían ejecutarse. El éxito de estos procedimientos va ligado a la calidad de la gestión pública que pueda alcanzar el Estado anfitrión, ya que los procedimientos deben ser transparentes, deben traducirse en pliegos técnicos que contengan una completa descripción del objeto del contrato, en convocatoria pública a proveedores certificados o registrados y procesos de licitaciones públicas con todas las formalidades de rigor.

La teoría del BOT es absolutamente simple:

  • Construir - una compañía privada (o un consorcio) acuerda con un gobierno invertir en un proyecto de infraestructura pública (Por ejemplo un puerto, una carretera o una central eléctrica). La compañía entonces asegura su propio financiamiento para construir el proyecto.

  • Funcionar - el agente privado después toma posesión temporal del bien, lo mantiene y maneja por un período concesionario convenido (por ejemplo por 20 años) y recupera su inversión a través de cargas o de peajes.

  • Transferir - después del período concesionario la compañía transfiere la propiedad y la operación del recurso al gobierno o a la autoridad correspondiente del Estado, que bien puede ser una empresa del ámbito municipal.

Este tipo de Contratos BOT son de aplicación generalizada en las concesiones de obras de infraestructura, tales como túneles, carreteras, puertos, y es oportuno fijar algunos criterios que permitan extender la aplicación del modelo BOT, pero asegurando un debido control de la ciudadanía en todas las etapas de su utilización. Para que el Estado pueda fortalecer su capacidad de control de las concesiones y preservar el interés colectivo a futuro, es necesario que las comunidades conozcan el instrumento y sepan colocar los controles debidos en el camino crítico de su ejecución.

Presentar el tema de las Concesiones de Obras Públicas significa transparentar una materia compleja, con implicancias técnicas, financieras, cambiarias, tributarias y comerciales. Es, al mismo tiempo, abrir una caja negra en el área más sensible de la gestión pública, en la cual ha habido evidencias de que la corrupción puede distorsionar el espíritu de un Contrato BOT. Cuando se entrecruzan intereses público privados, sin controles efectivos, se corre el riesgo de acciones impropias que terminan perjudicando el interés general y el bien común.

Los propósitos de un Estado son suplir restricciones financieras o tecnológicas, captando recursos externos, surgiendo así un área de interrelación público-privada que debe ser supervisada en sus diferentes variables, tanto por los organismos contralores como por el público usuario a través de sus organizaciones de base.

Mis aprehensiones frente a la externalización de obras en contratistas privados pueden resumirse en un artículo publicado en diario La Estrella de Valparaíso, al inicio de la década de los noventa[vii]. Cuando redacto el presente documento ha transcurrido casi una década desde la publicación transcrita y lamento que mi aprehensión haya sido cierta. Porque siempre que se dan vinculaciones entre las autoridades o comitentes -que deciden una adquisición, subcontratación o concesión- y los contratistas o concesionarios privados, existe el riesgo de colusión de intereses, lo cual distorsiona la libre concurrencia y perjudica el interés fiscal.

Chile está precisamente en un proceso de esclarecimiento y corrección de situaciones impropias o ilícitas en materia de concesiones de obras públicas, que se convirtieron en práctica consuetudinaria en el Ministerio de Obras Públicas, Transporte y Telecomunicaciones, lo que hace pertinente clarificar para la opinión pública estos temas. No se trata aquí de que el sistema BOT haya sido la causa de las acciones impropias, sino que por acción premeditada de agentes públicos responsables de la gestión de concesiones y los agentes privados que figuraban como proveedores contratistas de los servicios, se distorsionaron los procedimientos para generar el desvío de dineros a los funcionarios involucrados, configurándose delitos de fraude al fisco y estafa, según el proceso que sigue la Ministra que conoce la causa.

En efecto, la Justicia chilena se encuentra investigando a través de dos Ministros en Visita tres escándalos de corrupción de gran dimensión, que han sido conocidos como el caso Coimas y los casos MOP-GATE y MOP-CIADE[viii]. El primero se refiere a Plantas de Revisión que prestaban servicios de certificación del estado de los vehículos, lo cual es requisito para la renovación de los permisos de circulación. En estas concesiones de servicios en particulares, se denunciaron situaciones de cohecho y tráfico de influencias, en lo cual aparecieron implicados parlamentarios que fueron desaforados a efectos de la investigación judicial. Pero fue a partir de este caso que se tomó el hilo de un escándalo mayor, en donde se descubrió la existencia de un sistema que venía por años generando sobrevaloración de contratos públicos, en colusión con una serie de contratistas de obras públicas, lo que significaba que funcionarios recibían de manera ilegal sumas de dinero que se agregaban a sus remuneraciones habituales, supuestamente por cumplir trabajos para las propias empresas contratistas, fuera de sus horas de trabajo funcionario.

Pero, salvando este aspecto de coyuntura, si se administran con sano criterio y efectivo control los Contratos BOT, se puede lograr una exitosa palanca de desarrollo nacional. Sin embargo, para que este modelo prospere es necesario regularlo debidamente y en tal sentido propongo un modelo que conjugue los requerimientos éticos y técnicos para el correcto uso en la estrategia país.

El BOT (Build-Operate-Transfer) es una estrategia para el desarrollo de infraestructura, que permite la inversión privada directa en proyectos de gran escala, tales como caminos, puentes, centrales eléctricas, cárceles, hoteles, complejos deportivos y turísticos. No se trata de una venta de recursos públicos sino, todo lo contrario, es incubar un mayor patrimonio público, dinamizando el crecimiento con capital y tecnología de privados, dejando en el largo plazo al país con una infraestructura pública que de otra manera no se podría alcanzar. Es una tendencia diferente a la mera venta de empresas públicas a privados que en la última década ha sido promovida activamente por el grupo del Banco Mundial.

En las variables que debe cuidar una estrategia BOT debe existir consistencia de los proyectos con los intereses medioambientales y sociales del país, de manera pueda funcionar el proceso de tercerización en concesionarios privados con un beneficio real para la comunidad nacional. En este sentido, una estrategia BOT debe velar por el logro de sustentabilidad en los proyectos que se concesionan, para que efectivamente las generaciones futuras reciban un recurso vigente para cuando deba retomarse la gestión pública del mismo.

Según un informe reciente del Banco Mundial, la inversión privada creciente del sector privado en proyectos de infraestructura "ofrece la doble ventaja de disponer de fondos adicionales y de una administración más eficiente".

Esto resume el sentido del BOT: permitir al sector privado invertir directamente en proyectos de infraestructura, a la vez que reducir el gasto fiscal y como el sector privado funciona con una lógica comercial de eficiencia, la eficacia también mejorará, por lo tanto los intereses se conjugan. De esta forma se van organizando las alianzas público privadas en BOT ventures.

Es un argumento notable, simple y seductor, y un modelo que puede conjugar fácilmente intereses públicos y privados, por encima de visiones teóricas o ideológicas del desarrollo. Poder atender necesidades de infraestructura pública sin tener que invertir el dinero público.

Se trata de crear un portafolio de opciones para atraer inversión extranjera a través de contratos BOT. Desde el punto de vista conceptual, el contrato BOT es un sistema similar al Offset, el cual se caracteriza por la promoción que realiza un Estado para captar inversión extranjera, ofreciendo determinadas condiciones reguladas que favorecen la co-participación de empresas locales, tratando de asegurar que en la inversión se genere valor agregado nacional, de manera tal que esos empresarios nacionales tengan un espacio en la contratación. Esto lo usó México en las maquiladoras de la frontera con Estados Unidos y Arabia Saudita en la época de los petrodólares. En el Offset la negociación entre el inversionista externo y el Estado anfitrión se enmarca en determinadas condiciones fijadas para favorecer la complementación nacional. Cuando se plantean estrategias de concesiones de derechos exclusivos con inversión del contratista extranjero, de alguna manera el Estado anfitrión debe fijar reglas que permitan la integración de recursos locales, con criterios de complementariedad, según los intereses del país.

El modelo BOT pueda facilitar la transferencia de tecnología eficaz entre los países, fomentando así el crecimiento de un sector privado local fuerte. Grandes corporaciones transnacionales, con tecnología de punta para la realización de grandes obras, tales como represas, puertos, túneles, carreteras, necesitan mantenerse en movimiento y los contratos de esa envergadura son de larga gestación, sobre todo en países menos desarrollados. Por lo tanto es de su interés que se concreten obras de infraestructura de alta inversión, lo cual significa, adicionalmente, que empresas locales, ligadas en subcontratación a dichas corporaciones, adquieren de manera blanda un conocimiento tecnológico de primer nivel, el cual les permitirá mantener el activo en concesión a máxima productividad.

El Banco Mundial ha generado innovadores mecanismos para garantizar este tipo de Convenios BOT. Participar en una parte del financiamiento necesario da cuenta de una verdadera garantía de seriedad del Estado que gestiona el convenio en BOT. El Contratista asume la concesión por un largo plazo para administrar y mantener el bien y percibir durante ese tiempo los peajes, tarifas por servicios que se acuerde con la autoridad. Es un punto altamente sensible en la negociación de los contratos BOT la definición de las tarifas proyectadas que deben cubrir la inversión y rentabilidad del inversionista.

8. La clave del éxito es el control de los proyectos BOT.

Se debe partir de una premisa: en el mercado mundial hay abundancia de recursos financieros, pero faltan buenos proyectos. La viabilidad de una obra no depende de los recursos financieros sino de la capacidad organizativa y de la seriedad con que una administración se plantee frente a los mercados internacionales generando obras e invitando a quienes disponen de los recursos que faltan para poner en movimiento las riquezas potenciales de los países. Sin embargo, para que esto no signifique una simple neo-colonización y que los réditos sean equilibrados, es preciso fortalecer la capacidad negociadora de los agentes públicos, incorporando un elemento cualitativo indispensable: la transparencia.

Para que pueda funcionar el modelo BOT como aporte al desarrollo de un país, es necesario transparentar su aplicación con procesos de licitación que establezcan claramente las reglas del juego y contemplen efectivas responsabilidades en caso de incumplimientos. Tratándose de contratos de largo plazo, la estabilidad jurídica es crucial, como así también lo es el seguimiento y supervisión permanente de las obras.

Para que el Estado pueda fortalecer su capacidad de control y preservar el interés colectivo a futuro, es necesario fijar un sistema de auditoría de las obras que asegure que se cumplirán los estándares de calidad. Es necesario incorporar en el sistema a la institución de Defensoría Ciudadana para prevenir situaciones que distorsionen con acciones corruptas, el buen sentido que tiene el modelo BOT.

La sociedad civil podría levantar proyectos de desarrollo en las comunidades locales y postularlos a un modelo de BOT Ventures. Esto significa generar un espacio de confianzas recíprocas entre municipios, sociedad civil y contratistas para abordar servicios de utilidad pública bajo la figura de concesiones. Esto significa sacar el diseño de proyectos y la planificación de obras públicas de los niveles tecnocráticos centrales, para generar de manera descentralizada una capacidad de gestión en espacios geográficos locales, con opciones abiertas para proyectos postulados por la propia comunidad.

Un reglamento para operaciones bajo concepto BOT, debiera establecer los criterios técnicos para la definición de los pliegos técnicos y comerciales, con fijación de las tarifas, la proyección de los flujos en el tiempo, los factores de indexación de tarifas, los estándares desagregados para evaluar la calidad del servicio prestado. Todo esto debe apuntar a la estandarización y difusión de la herramienta BOT, toda vez que ella puede dinamizar energías público-privadas para abordar todo tipo de emprendimientos.

La asistencia técnica de los Ministerios de Hacienda y Planificación, debiera servir de soporte central para promover la utilización del modelo, definiéndose de acuerdo a las políticas que fijen dichos Ministerios los mecanismos para organizar las Licitaciones Internacionales de manera descentralizada en las comunas o regiones. La clave es dar máxima participación en la generación de proyectos a las comunidades de base, de manera que puedan comprometerse en esos emprendimientos, conocerlos, criticarlos y mejorarlos. Es conveniente relacionar el modelo BOT con el concepto de Joint Venture y de Alianzas Estratégicas. [ix].

El mundo actual es complejo, cambiante y peligroso; las industrias y los mercados están en rápida internacionalización: los consumidores tienen gustos similares, la tecnología se desarrolla aceleradamente, los costos fijos aumentan y el proteccionismo crece.

Las condiciones del mundo entonces, hacen a las alianzas absolutamente esenciales para la estrategia. La lentitud para crear alianzas y el abandono prematuro se deben al miedo de que éstas permitan a potenciales competidores un fácil acceso a los mercados locales; y a la impresión de que las alianzas son un medio de entrada rápido y deshonesto a los mercados internacionales.

El acuerdo no es una forma barata y fácil de responder a las incertidumbres de la internacionalización, pero tiene valor estratégico a largo plazo.”

Los Contratistas extranjeros para operar dentro de un país necesitan organizar una oficina de representación local y esto muchas veces deja abierta la posibilidad para que se asocien con empresas locales. En las economías abiertas esto puede ser de alguna manera promovido por las cámaras empresariales, el gobierno central o los gobiernos locales. En China y Vietnam, por ejemplo, existen legislaciones específicas para regular la asociación de un extranjero con una empresa del gobierno. En dichas legislaciones se fijan claramente las reglas contractuales en materia de participación, organización de la administración y cogobierno del proyecto. Las Equity Joint ventures o sociedades mixtas que se crean al amparo de esta legislación es muy favorable para el inversionista, pero le obliga a una transferencia de conocimiento y de tecnología. En América Latina existe un exacerbado individualismo y esto impide muchas veces una visión asociativa. Esta realidad cruza las sociedades y se da a niveles empresariales, académicos y políticos. Falta una cultura de la Asociatividad y de las alianzas estratégicas. Si esto se corrigiese de alguna manera, podrían difundirse mucho más los proyectos en Joint Venture. En este sentido, los empresarios deben apreciar que una estrategia BOT no los excluye sino que trata de integrarlos a proyectos de desarrollo, permitiendo transferencia blanda de tecnología y facilitando la incorporación de empresas pequeñas y medianas como subcontratistas de contratistas mayores, lo cual es una forma blanda de internacionalizar a los sectores pequeños y medianos , PYME, del país.

Si proyectamos los Contratos BOT como una estrategia para capitalizar proyectos en economías en desarrollo, es necesario que los empresarios se fortalezcan para asociarse con posibles contratistas mayores, integrándose a sus cadenas o redes de servicios. La ventaja del local es su conocimiento del mercado y posiblemente el estar registrado como proveedor en un ente público o pertenecer a las cámaras en donde se defienden los intereses de un determinado gremio. Todo extranjero necesita construir una plataforma local para hacer funcionar sus servicios, lo cual implica soporte logístico para ingresar temporalmente maquinarias, obtener un registro tributario local y cumplir el requisito básico de cualquier pliego de condiciones, cual es que exista un representante legal como contraparte domiciliada en el país que dirige el proceso de concesiones.

9. Modelo BOT y transparencia

A los organismos internacionales de cooperación les interesa de sobremanera que los proyectos que apoyan tengan contrapartes estables ya que su experiencia con gobiernos centrales no ha sido buena. En muchos países la alternancia política no ha dado continuidad a muchos créditos y el finalmente se ha perdido el control de las ayudas. Por eso se busca preferentemente proyectos radicados en espacios comunales, en donde es más fácil mantener una continuidad en la relación y supervisar mejor la ejecución de los proyectos.

Desde otro punto de vista, en la dimensión de una democracia más participativa, los espacios locales son propicios para integrar a la sociedad civil a la incubación de proyectos y la combinación de recursos públicos y privados, con control de calidad y transparencia.

Cuando se observan los vicios en que cayeron los niveles burocráticos de muchos países, al negociar en una caja negra las condiciones de importantes privatizaciones, concesiones y obras públicas, se percibe la necesidad de mejorar el control público de este tipo de contratos.

Es importante que en aspectos como el impacto ambiental de los proyectos, la participación de la gente no puede ser sobre hechos consumados, sino que deben existir instancias regulares para canalizar demandas, reclamos, opiniones.


10. Las Tecnologías Web apoyan la Transparencia

La Unión Europea dentro de su Directiva sobre la Contratación Pública propone incorporar las comunicaciones vía Internet a este ámbito, ya que mediante un sistema web toda la comunidad puede conocer los proyectos y expresar sus intereses antes que el proceso pre-contractual concluya. La idea es asegurar máxima transparencia, erradicando con esto las conductas impropias de quienes quieran defraudar el interés público que moviliza un contrato BOT.

En Chile, por ejemplo, el Estado ha implementado un sistema web de compras electrónicas[x] y ha funcionado con incorporación de miles de proveedores de nivel pyme a los requerimientos de diversos Ministerios y reparticiones del Estado. La necesidad de ampliar el gobierno electrónico al área de Concesiones es incuestionable.

El modelo BOT que propongo busca combinar a los distintos factores que deben conjugarse para lograr un proyecto exitoso:

a) El Gobierno central, a través de los Ministerios respectivos.

b) El Concesionario que realiza la inversión.

c) El organismo internacional de cooperación que avala la obra.

d) La comunidad local a través del Municipio y sus organizaciones de base.

e) El Defensor del Pueblo que supervisa el contrato y vela por su fiel cumplimiento.

El Gobierno central necesariamente debe coordinar los proyectos BOT, pero fundamentalmente para regular los procedimientos de la Licitación, pero dejando que sean los espacios regionales o locales los que, de manera descentralizada puedan gestionar las mismas. Los países a través de sus Cancillerías deberían realizar metódicamente la promoción de portafolios de proyectos locales a nivel mundial, tratando de captar socios para potenciar este tipo de operaciones. A cargo del organismo central de Concesiones, de manera transversal, cubriendo diferentes áreas ministeriales, debería estar el Portal Web que consolide toda la demanda de inversionistas, todos los proyectos que se postulan a las inversiones, las reglas del juego generales y las noticias de los procesos de licitación pública en desarrollo.

Los Municipios debieran generar a través de sus oficinas de planeamiento y con el concurso de cámaras empresariales y universidades un banco de proyectos en los cuales se pueda considerar la incorporación de un concesionario privado, que financie la obra con la contrapartida de un derecho exclusivo de explotación por un tiempo determinado. En la fijación de los tarifados que tendrá derecho a cobrar el concesionario es preciso determinar claramente los parámetros, de manera objetiva para que no se produzca un perjuicio para las generaciones futuras. Cuando el adjudicatario inicia las obras la comunidad organizada debe tener resortes para conocer los avances en las obras.

La función de la Defensoría Ciudadana[xi] en este pentágono es la de supervisar el proceso de la licitación y la ejecución de las obras para que se preserve el interés de la comunidad. La evidencia de situaciones de corrupción detectadas en los niveles tecnocráticos centrales, motiva a que sea la propia sociedad civil la que pueda ejercer sus controles, ya que esto requiere rigurosidad técnica y seguimiento constante de cada etapa del proceso de concesión. Cuando la corrupción distorsiona los objetivos de un proyecto, perjudicando al público, por ejemplo con tarifados leoninos durante el período de concesión o con incumplimientos en los estándares de calidad comprometidos, es imprescindible que exista un organismo que dé seguimiento a los Contratos en el tiempo y esto debe ser una variable encomendada a algún organismo independiente e idóneo. El Ombudsman[xii] en materia de obras públicas y concesiones es una necesidad para protección del bien común y una sana manera de ir abriendo cauces a la participación ciudadana real.

La utilización de un sistema comunal de concesiones permitiría cumplir en plazos y costos las diversas fases de un proyecto, involucrando a la ciudadanía en cuestiones relevantes para el desarrollo local. Una cuestión que debe abordarse sin ideologismos y sin ingenuidad, partiendo de la premisa de que la transparencia es la única receta efectiva para que estos proyectos BOT no signifiquen corrupción y perjuicio del interés general.

Hay experiencias que nos hablan de sistemas de auditoría de proyectos en España, donde la comunidad organizada participa en la mesa de negociaciones para preservar los intereses del público. Existe en España la Asociación Española Integrada de Proyecto que cuenta con 17 asociados.

Desde la Asociación se implementa un sistema de control que no se limita sólo a la fase conceptual y de diseño, sino que afecta a la fase de ejecución y de desactivación ya finalizado el proyecto.

El modelo BOT una interesante alternativa en medio de la globalización para atraer capital fresco para la solución de necesidades de desarrollo[xiii]. Pero sólo puede funcionar bien con un Estado moderno y efectivamente democrático. Chile ha aprendido la lección y enfrenta hoy la discusión de soluciones estructurales que apuntan en este sentido. En un paquete de leyes en pro de la transparencia y la erradicación de las malas prácticas de la administración pública – lo cual, cabe anotar, no corresponde a conductas de funcionarios de carrera sino a funcionarios de exclusiva confianza, nombrados por afinidad política con la autoridad de gobierno – se ha incluido la Defensoría Ciudadana, una aspiración de la sociedad civil para poder reclamar sus legítimos derechos, evitando los abusos de parte de monopolios u oligopolios o mala atención del propio Estado en la prestación de servicios.

Fortalecer los espacios locales es un camino para profundizar la democracia. Utilizar en este marco las alianzas estratégicas implícitas en los contratos BOT puede servir para generar crecimiento y también desarrollo. Esta última aspiración dependerá de la sintonía fina que pueda construirse entre los intereses del Contratista internacional y las expectativas de las comunidades locales usuarias de los servicios, lo cual genera un auspicioso espacio para la complementación de largo plazo entre ambos estamentos.




[i] Administrador Público, Licenciado en Relaciones Internacionales, Consultor Internacional, Escritor y Columnista de diversos medios escritos y electrónicos de América Latina... Miembro del Capítulo Chileno del Ombudsman y de la Asociación de Periodistas Frente a la Corrupción.

[ii] Mauricio Guerrero, Hernán Narbona, “Modernización Aduanera y Globalización” Fondo Editorial de Negociaciones Internacionales y Comercio Exterior, 1995.” Los organismos del planeamiento, como brazos de apoyo de la descentralización, deben ser una instancia idónea para acordar con los privados las prioridades para la asignación de recursos. Las políticas públicas de desconcentración presupuestaria van dando una mayor capacidad de decisión a las autoridades locales y es necesario reforzar esta tendencia para que los fondos concursables por proyectos, se utilicen realmente, sin populismos ni distorsiones discriminatorias. Esto significa que en el proceso de toma de decisiones el usuario debe tener derecho a seguir de cerca todo el proceso, con la mayor transparencia.”

[iii] Hernán Narbona “Comercio Internacional: Secretos del Negocio”, Editorial Centro de Negocios Internacionales S.A., 2001.

“Es interesante considerar que en esa época y en atención al bajo nivel de los intereses en el mercado internacional del dinero, resultaba conveniente incurrir en préstamos y no tener que compartir la dirección de una empresa con socios extranjeros. Hay que recordar que la oferta de dinero se había incrementado de manera considerable como consecuencia de la aparición de capitales árabes que miraban a Latinoamérica como un mercado muy interesante para sus negocios financieros. La mayor parte de esos recursos llegaron como préstamos de mediano plazo y, por lo general, no se comprometieron bajo la forma de capital de riesgo. .La existencia de abundantes recursos y la facilidad de acceder a ellos condujo a una utilización masiva de los mismos y, desgraciadamente, con fines estrictamente comerciales de corto plazo. De este modo, poco o nada quedó después de su paso en beneficio de actividades productivas que contribuyeran a mejorar el nivel de desarrollo de los países de la región”.

[iv] Artículos jurídicos en Derecho.com

Título: Desarrollo reciente del régimen de la contratación pública. Rodrigo Caballero Veganzones, Licenciado en Derecho. a: Septiembre 2001

La contratación pública se ha convertido en un sector económico clave. En el ámbito comunitario supone un porcentaje cercano al 15% del PIB comunitario. Sin embargo, la práctica de los Estados en materia de contratación pública ha sido contraria a la realización del mercado interior comunitario, ya que había un principio de preferencia de la empresa nacional que se constituía en una verdadera frontera interior. La Comunidad ha intentado, por eso, establecer un marco en el que la igualdad, libre concurrencia y transparencia sean los principios fundamentales de la contratación pública; todo ello en un proceso normativo que se inicia en los años 70 con las primeras Directivas sobre contratos públicos. En la actualidad, la Comisión ha presentado una Propuesta de Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo sobre coordinación de los procedimientos de adjudicación de los contratos públicos de suministro, de servicios y de obras prevé una serie de novedades en el régimen jurídico de la contratación pública que se ha fijado en los diversos Estados miembros al hilo de las anteriores Directivas sobre contratación pública. Como es sabido, a principios de los años noventa se desarrollaron las Directivas que son la base del sistema de contratación pública vigente. Estas Directivas son la consecuencia de la refundición de las diversas disposiciones que desde la primera Directiva 71/305/CEE, de 26 de julio, relativa a los contratos de obras públicas, se habían ido desarrollando por la vía de la reforma sucesiva. Las Directivas en cuestión son: la Directiva 92/50/CEE, sobre coordinación de los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de servicios; la Directiva 93/36/CEE, sobre coordinación de los procedimientos de adjudicación de los contratos públicos de suministro; y la Directiva 93/37/CEE sobre coordinación de los procedimientos de adjudicación de los contratos públicos de obras . Junto a estas normas debemos mencionar a la Directiva 93/38/CEE sobre contratación de suministros, obras y servicios en los denominados sectores excluidos (agua, energía, transportes y telecomunicaciones).

[v] Manual de Comercio Exterior, Tomo I, Capítulo Compraventa Internacional, Licitaciones Internacionales. R. Elizalde, H. Narbona y L. Retamales, Editorial Lexis Nexis. Obra Actualizable, 1981, 2003.

[vi] Los procedimientos previstos por las directivas comunitarias son aplicables exclusivamente a los contratos públicos de un importe estimado superior a los umbrales establecidos. Algunos poderes adjudicadores consideran que los contratos públicos que no alcanzan estos umbrales no están sometidos a ninguna disposición comunitaria, de manera que en ocasiones estos contratos se adjudican sin haber convocado previamente un concurso público. Muchos de estos contratos son de una importancia considerable, en particular para la pequeña y mediana empresa. Al igual que el otorgamiento de concesiones y contratos similares, la adjudicación de estos contratos debe efectuarse respetando las disposiciones del Tratado CE sobre la libre circulación de las mercancías y servicios y los principios fundamentales de no discriminación, igualdad de trato y transparencia, que se hallan en su base.

[vii] Diario La Estrella de Valparaíso, 1993: CONTRATISTAS Y COMPRA PÚBLICA

¿Cree Usted que se habría construido esa maravilla de la ingeniería que es el viaducto del Malleco, confiando la obra en contratistas?

Es una pregunta difícil de responder, a la luz de muchas situaciones que hacen dudar de la calidad que puede el proveedor asegurar, sobre todo cuando el control que se ejerce sobre él es poco eficaz.

El tema del control es algo delicado, sobre todo cuando quien licita una obra podría establecer lazos o intereses poco claros con algún contratista. El riesgo de corrupción es grande y se requiere gran transparencia y expeditos recursos de reclamación para evitarla. Son necesarios entes autónomos, como la Contraloría General de la República, el Consejo de Defensa del Estado o la propia fiscalización de la Cámara de Diputados.

A nivel internacional, en el marco del Acuerdo General de Aranceles y Comercio y la última Ronda de Uruguay de negociaciones, se estableció un acuerdo sobre la Compra Pública, tendiente a establecer la máxima transparencia en las licitaciones internacionales de todo tipo.

Es frecuente la aparición de diferencias de valor entre lo que se cotiza en ciertas obras y lo que finalmente se paga, revisiones mediante. Una situación que amerita ir a fondo en una corrección de procedimientos, de calificación de proveedores, de controles y auditorías contables y operativas.

Podría ser una táctica sucia para competir el ofertar por debajo de los costos, desplazar así a otros competidores, especulando con reajustar los montos del contrato por la vía de la revisión. De ser así, podrían producirse serios errores de contratación, configurando circunstancias distorsionadoras que a nivel internacional las normativa de la OMC quiere evitar.

El Estado que delega en el sector privado la ejecución de obras, no puede pecar de negligencia. Es en estas situaciones cuando se echa de menos una ley de defensa del consumidor o del Defensor del Pueblo. En resumen, es necesario prevenir con celo las situaciones comentadas.

[viii] Los casos señalados se refieren a la sobrevaloración de los contratos de servicios y concesiones, concertándose los funcionarios del Ministerio responsable de la adjudicación, con los contratistas registrados para postular a las concesiones para que el sobreprecio retornase a través de una pseudo consultora que canalizaba de regreso los dineros al Ministerio, en donde se distribuían en un gran número de funcionarios bajo la figura de sobresueldos. Esta situación se realizó con la consultora GATE y CIADE, una dependencia de la Universidad de Chile abocada a prestar asistencia técnica a empresas. La Ministra en Visita Gloria Chevesic conduce las investigaciones y a la fecha ha procesado a 29 personas, por fraude al fisco y estafa, según se trate de funcionarios públicos o de privados involucrados en estas acciones ilícitas.

[ix][ix] LA LÓGICA MUNDIAL DE LAS ALIANZAS ESTRATÉGICAS, Kenichi Ohmae: “Antes la empresa creaba ventaja competitiva sostenible a través del dominio de todas las áreas importantes de su sistema empresarial, estableciendo barreras de ingreso y el uso de patentes. El juego era derrotar a la competencia. La internacionalización cambió esta lógica, para triunfar en el mercado se requiere satisfacer las necesidades de los consumidores, lo cual exige la colaboración entre empresas, porque una sola no puede hacerlo”.

[x] www.compraschile.cl

Un portal de este estilo, pero dedicado a promoción de proyectos que se puedan poner en marcha a través de contratos BOT, es lo que se propone en este ensayo.

[xi] http://www.cajpe.org.pe/def-1b.HTM. La llegada de Ricardo Lagos a la Presidencia de la República de Chile, abrió esperanzas sobre la posibilidad de incorporar la Defensoría del Pueblo en el sistema constitucional chileno. Precisamente, en octubre del año 2000, el Presidente Lagos presentó al Congreso de la República el Proyecto de Ley de reforma constitucional para crear el Defensor del Ciudadano. De manera similar a las propuestas anteriores, el proyecto concibe al Defensor del Ciudadano como instancia de defensa de los derechos e intereses ciudadanos frente a la administración estatal y las entidades que prestan servicios públicos.

[xii] COMPLEMENTO DE LOS SISTEMAS DE CONTROL. Jorge M. Quinzio. Vicepresidente de la Asociación Iberoamericana del Ombudsman. http://www.ombudsman.cl/articulos/el_defensor.pdf

En cuanto a su relación con mecanismos de control, expresamos que el control, sea político, legislativo o judicial, es base fundamental del Estado de Derecho y es, en el fondo, el gobierno de la ley. Con el crecimiento del Estado el problema del control ha tenido características alarmantes ya que tiene una relación no sólo con la libertad de la persona sino que con la propia dignidad. Apreciamos en este orden una serie de falencias de los órganos de control clásicos de la administración pública.

El Defensor del Pueblo es una institución que no colisiona con los órganos y procedimientos existentes; su razón de ser será la de colaborar con ellos, complementando la labor que ellos realizan.

[xiii] La contratación pública, instrumento de política social” Javier Pérez Llorca. http://www.lafactoriaweb.com/articulos/llorca7.htm

Toda administración cuenta con instrumentos de intervención económica potentes. Instrumentos que no siempre se ponen al servicio de las políticas sociales. Por ejemplo: el volumen de contratación de obra pública en Cataluña es del orden de 200.000 millones de pesetas anuales. Este volumen de recursos es gestionado por las diferentes administraciones (Generalitat, ayuntamientos...) cumpliendo las determinaciones de la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas. Una ley concebida para garantizar un proceso de licitación justo, en el que se respete el principio constitucional de igualdad entre los licitadores. El derecho de todo licitador a un proceso de concurrencia justo, ha de ser tutelado por el Estado de Derecho. Cierto. Es un imperativo moral aceptado como tal y regulado por la Ley, en el mundo occidental, desde el siglo XIX. Ahora bien, ¿con plena salvaguarda de un proceso de licitación justo, sin merma alguna en la calidad de las obras ejecutadas, la administración podría utilizar el volumen de recursos anualmente destinado a obra pública para coadyuvar a sus políticas sociales? La pregunta adquiere máxima importancia si la ponemos en relación con el volumen de recursos que las administraciones gestionan a través de procesos de contratación pública. En la Unión Europea, las administraciones dedican unos 720.000 millones de ecus anuales a adquirir bienes y servicios, lo que supone el 11% del producto interior bruto de la Unión”.

JUVENTUD Y DERECHOS HUMANOS. NUESTRA RESPONSABILIDAD COMO PADRES.14 de julio de 1996

Reflexionar sobre una cultura de respeto y compromiso con los Derechos del Hombre.

Una propuesta que atrae y que quisiera abordar con severa autocrítica generacional, construyendo, en lo posible, una empatía con el lector, que nos ayude en ambas dimensiones del texto a descorrer las páginas de nuestra historia contemporánea, de nuestros mitos, de nuestras soberbias, nuestros errores y nuestras esperanzas. Atisbar de paso el período de los últimos seis años, para evaluar cómo se ha comportado el sistema democrático en materia de solución a la deuda moral que los chilenos mantenemos con aquellos compatriotas que fueron víctimas de un proceso desolador, del cual sólo restan renglones contestatarios que hoy se apilan, se amarillan, yacen como un hito nostálgico, sin que nadie, o muy pocos, quieran seguir dándole vueltas. Porque remover situaciones históricas posicionales, que están demasiado cerca como para revisarlas sin pasión, resulta complicado para la conducción de la transición democrática.

Para este empeño de autocrítica, creo necesario tratar de marcar a través de este trabajo quiénes éramos veinte años atrás, quiénes somos como resultado palpable de tanta desarticulación. Y proyectar modestamente, sin pretender entregar manuales de vida, una respuesta frente a lo que quisiéramos ser, en el rol de padres o abuelos, para dar respuestas sólidas a nuestros jóvenes. Tratar de llevar una afectuosa palabra que devele las cajas negras de nuestra historia generacional y lo que fuera nuestro enfoque teórico y práctico de los Derechos Humanos. Entablar una comunicación profunda con nuestros jóvenes para realizar juntos una exploración que nos conduzca a replantear, en el aquí y ahora, el significado moderno y actual de los Derechos del Hombre, en una lectura desde las postrimerías del siglo veinte, cuando los sólidos sistemas amurallados yacen como olvidados mausoleos y se levantan nuevas motivaciones para reclamar por un mundo más humano.

Haber distorsionado nuestra evolución con mitos de heroísmo o haber callado el trasfondo de los procesos que vivimos, repercute hoy en la forma como los jóvenes se relacionan con el sistema que hemos construido. Es la situación que lleva como lastre interior nuestra sociedad, y que el exitismo en otros planos tiende a minimizar , ya que las condicionantes políticas exigen mesura, exigen visión de largo plazo, exigen resignar en beneficio de un proceso de crecimiento económico, temas que pudieran tensar las relaciones cívico militares, con consecuencias negativas sobre la percepción riesgo-país que de Chile tiene hoy la comunidad internacional.

Pero, además, reflexionar sobre derechos humanos teniendo como destinatarios de la idea a las jóvenes generaciones, exige una aclaración previa de las maneras cómo el hablante podría encarar tal propósito. Porque podría hacerlo en forma descarnada y visceral, con la impaciencia a flor de piel, pretendiendo quizá un poema épico; o podría hacerlo escudado en sesudos análisis racionales, centrados en criterios de equilibrio y realismo político; o podría hacerlo desde el imaginario lúdico, permitiéndose la sonrisa y el sarcasmo como formas de testear la realidad con los discursos y los valores trascendentes que se proclaman permanentemente.

El empeño del autor es echar a volar la pluma - metáfora harto fuera de foco en tiempos cibernéticos- para plantear desde esta tribuna imaginaria algunas ideas o divagues acerca de la responsabilidad formativa de niños y jóvenes, que tiene nuestra generación, de adultos maduros, en el tema de derechos humanos.

Desarrollar de esta forma una reflexión articulada de razón y sentimiento. Para puntualizar cuestiones como la desmistificación del exilio, el fenómeno de la globalización y nuestro débil compromiso por profundizar la democracia. Para ganar credibilidad en las nuevas generaciones , a quienes se dirige substancialmente este escrito, éste constituirá tal vez una ácida palabra que quiere desmantelar lo que consideramos una forma incompleta de leer la realidad, aplicando la retórica maniquea de víctimas y victimarios, de buenos y malos, de negro y blanco. Tratar de alumbrar las tonalidades grises de la vida real es uno de nuestros empeños.

El autor conjugará en muchas ocasiones la primera persona plural, haciendo uso de las licencias que da la reflexión escrita. Sin atribuirse el autor, ni aún apelando a situaciones extraordinarias, ninguna mayor representatividad que la que derive de la comunión de ideas o conjunción de puntos de vista entre el lector y el hablante.

El propósito es íntimo. Es construir un diálogo pendiente y necesario con jóvenes que fueron gestados, criados y formados en medio de un proceso que nos tuvo como actores activos o pasivos. Un proceso que vivimos demasiado ansiosos por asumirlo y superarlo. Con escaso tiempo para hablar de él con la verdad al viento. Con escasa voluntad, tal vez, de revisar lo que eso significó en nuestras vidas, en nuestro modo de ver las cosas. En el costo muchas veces traumático de esa evolución o involución para nuestra relación de pareja, la comunicación con nuestros hijos, con los amigos, con la familia, con la sociedad chilena.

¿Qué quiénes éramos?

Hay quienes hablan de generación perdida, de la generación de los sesenta. Yo he preferido siempre ubicarla como generación de los setenta. Para identificar y distinguir a quienes, aún adolescentes algunos o sin haber tenido derecho a voto en las elecciones presidenciales de 1970, nos insertábamos, pese a ese detalle formal, pletóricos de energía y de sueños, en las propuestas de cambio. ¿Qué hitos nos sirvieron de referencia formativa? El París de Mayo del 68, nuestra reforma universitaria, el rechazo a la guerra de Vietnam, los cambios sociales y la reacción, la polarización aguda de las posiciones políticas, en la cual participábamos desde diversas trincheras, esgrimiendo redondos análisis. Fue un breve período, menor a cinco años, en medio del cual no alcanzamos a dimensionar la amenaza profunda que se venía, ya que, si bien se intuía, había demasiada retórica inflamando los espíritus, cegando a los líderes responsables.

Formamos familia en el ojo del huracán. Y fuimos en ese torbellino desperdigados por el planeta. Con alas rotas cuando apenas se aprendía a volar. Aquilatando el miedo como un elemento que cruzó la convivencia nacional a partir del quiebre institucional.

En medio de un proceso que parecía interminable, se fracturó Chile entre quienes aplaudieron y procuraron la intervención militar y quienes fueron, pese tal vez a ser críticos del desgobierno que se había producido, partidarios de una salida constitucional a la crisis. Las consecuencias imprevisibles del proceso significó que miles de compatriotas fueran violentamente despojados de elementales derechos, como la vida, la libertad de expresión, el derecho de vivir en el suelo patrio.

Somos como generación producto dislocado de un proceso que nos sorprendió al iniciar la juventud, y vamos cabalgando ahora colgados de las crines de otro que poco entendemos, que poco cuadra con las estructuras que acostumbrábamos manejar en nuestra juventud todavía reciente. Somos los que tenemos hoy entre cuarenta y cincuenta, y que fuéramos protagonistas directos o indirectos en los setenta, de la vorágine que marcó nuestra adultez. Somos evidencia descarnada de un proceso. Una ruptura que cruzó matrimonios, hizo astillas sólidas convicciones, sacudió hasta hacerlo reversible, el viejo plumón de consignas que nos abrigaba de utopía.

Quiénes somos hoy

Quisimos cambiarlo todo, exigiendo lo imposible. Hoy, raleado el cabello, arrastrando la vivencia de un espejo roto, con recuadros repartidos por el planeta, con afectos inconclusos, con familias disgregadas, con hijos que “están en otra”, con parejas que desertaron de la idea y se volcaron al hedonismo, viviendo como sociedad una suerte de amnesia colectiva; se nos viene a los ojos el cuestionamiento personal. Una situación existencial aguda, no apta para quienes gustan de aplicar esquemas intelectuales a la vida; que se viene a los ojos cuando comenzamos a despedir definitivamente a miembros de nuestro tiempo, sintiendo que el rol protagónico, de dueños de la verdad y del cambio, poco tiene que ver con la participación que hoy mantenemos en los actuales procesos de democratización.

Caracteriza a nuestra generación la enorme cantidad de fracasos matrimoniales, que han afectado precisamente a los hijos. En la perspectiva de arreglar el mundo, nos olvidamos tal vez del microespacio principal, en el cual se ha hecho manifiesta la incapacidad de influir en la formación de los hijos, en términos de transmitirles nuestros viejos sueños. Porque en la educación intrafamiliar se predica con el ejemplo y la legitimidad se gana con la consecuencia de vida que perciban los hijos .

Ser capaces de recuperar generacionalmente la legitimidad

Teniendo claro que el compromiso social de hoy pasa por trabajar decididamente por la profundización de la democracia formal, la sensación es que pocos son los que lo han abrazado en tiempo presente. En los sesenta y setenta, quizás nos anticipamos, pretendiendo un cambio cualitativo de nuestro mundo y hoy quedamos apenas unos cuantos francotiradores de la palabra, para marcar como marginales pensadores algún norte de mínima equidad para este proceso de modernización, izando ya no un panfleto o una consigna como ayer, sino la ácida palabra molestosa para desmantelar de sofismas la realidad de las urbes.

Lo penoso es que en la era tecnotrónica mucho cuesta hacerse oir, el mensaje se pierde o distorsiona, la reflexión no hace noticia, las pulgas en el oído molestan al sistema y esperar que el hecho noticioso baje de perfil ante la opinión pública, suele ser la más eficaz arma para quienes administran el status quo.

¿Qué vamos a ser capaces de explicar a los hijos en términos de valores, de consecuencia con el respeto a los derechos humanos, si hemos sido precisamente un desmoronado castillo de naipes, arremolinado por la historia, disperso, enclenque, que claudicamos en muchos de esos valores substanciales a nivel personal?

Por eso, de las opciones que me planteara al inicio de este escrito, al analizar nuestra realidad reciente y nuestro compromiso con una educación para los derechos del hombre, me inclino por la libertad visceral , que me permita entrar sin escudos a mirarme a mí mismo, en el rol de padre o abuelo próximo, de cara a jóvenes que mantienen con nosotros una forma especial de incomunicación, una distancia calculada hacia etapas de la vida nacional o americana, que no se entienden, de donde se toman trozos subliminales, tales como la estampa del Che, que promueve una moda verde en el mall de moda, en una capital cualquiera del continente.

Desempolvar los sueños es el gran desafío que tienen los adultos de esta generación, para reivindicar un espacio mínimo en la vida cívica del país. Porque la sensación es haber perdido credibilidad ante nuestros propios hijos, para superarlo es necesario decirles en qué nos equivocamos, plantearles cómo era el mundo bipolar rígido en que nos tocó vivir. Decirles que por la Paz se cantaba el rock que hoy ellos heredan. Decirles que la antigua “nueva ola” además de baladas románticas, era capaz de movilizarse con su estilo pasional para rechazar las guerras y las injusticias, para ayudar generosamente en tiempos de catástrofe, para alfabetizar y construir sueños con vehemencia. Que hubo quienes, exacerbados de ideologismo, llegaron a opciones rupturistas y violentas. Pero que el común denominador que cruzaba el continente en ese tiempo, era una enorme esperanza de cambiar arcaicas e injustas estructuras sociales. La reacción fue desconcertante y avasalladora.

El tema es que hoy, en nuevos estilos, persisten y se profundizan las mismas brechas sociales y nos asusta como padres, comprobar que la juventud se aleja de la cosa pública, desconfía de la probidad de los políticos y funcionarios, prioriza su propia inserción en lo económico y deja, en definitiva, un peligroso vacío por su renuencia a participar, al menos en los estilos y opciones que hasta ahora le ha propuesto el sistema democrático formal.

Intentando entablar un diálogo con los jóvenes de hoy, comencemos por sincerar la relación, mostrando como padres cuanto hemos cambiado desde nuestra propia juventud.

Mitologías contemporáneas: el trasfondo del exilio

Tenemos que plantear temas molestos, para desmistificar ante esa juventud que queremos motivar, nuestro comportamiento real durante el proceso militar.

Si hubiese sido cierto lo que tantos declararon para sus trámites de refugio o asilo, en donde cual más , cual menos, había estado heroicamente en la defensa del gobierno popular, el contingente que se habría podido juntar habría dado un tumbo a la historia. Mas, no fue así. Entre verdades dolorosas y una importante cuota de fantasía colectiva, los chilenos fueron dando evidencias de estar en situación de shock, pero al mismo tiempo bastante agudos como para percibir nuevos escenarios y adecuarse rápidamente a ellos.

El trasfondo del exilio quizá duela plantearlo descarnadamente. Pero es necesario si se busca sincerar la comunicación con los jóvenes de hoy.

La negación del derecho natural de vivir o morir en la tierra que se reconoce como suelo patrio, constituyó una abyección. Una medida deleznable, un estigma en la convivencia que partió a Chile en un mosaico de Chiles repartidos por las barriadas de Europa, Buenos Aíres, Canadá, México o Australia.

Sin embargo, una lectura más fría y objetiva, planteada con una cercanía vivencial a los hechos comentados, nos haría revisar la forma cómo se fue dando el fenómeno del exilio, más allá del repudio conceptual y moral que éste implica, adentrándonos en la idiosincracia del chileno que, de pronto, se vio catapultado a culturas diferentes, a medios en donde la palabra se respeta, en donde se practica la buena fe. Por otra parte, sociedades intrínsecamente protectoras, a partir de la concepción misma del Estado, que tendieron programas atractivos de inserción para los exiliados chilenos, uruguayos o argentinos, fueron lentamente dándose cuenta de la picardía o frescura latinas, cerrando las puertas y procurando finalmente medidas para que de alguna manera esos refugiados volvieran a sus respectivos países.

¿Cómo se fueron perfilando las relaciones de los exiliados con los que se quedaron en Chile? ¿Cómo, luego de recuperada la institucionalidad democrática, se asumió el problema de los retornados? ¿En qué momento derivó el proceso de compensación moral para esos compatriotas excluidos, hacia una desacertada medida economicista, que terminó siendo usada para beneficio de personas que traficaron con la franquicia otorgada a los que regresaban?

Mucho habría que decir de la solidaridad con que el mundo acogió a los primeros exiliados políticos chilenos. Jamás se terminaría de agradecer las vidas salvadas por la bonhomía de personas que se jugaron por ayudar a quienes estaban perseguidos. La historia quizás dé cuenta de gestos de solidaridad de personas que estaban en trincheras ideológicas opuestas, pero que fueron capaces, al momento crucial, de privilegiar valores profundos de humanismo.

La otra cara del exilio, de la cual poco se habla oficialmente, pero que casi toda familia chilena conoció de cerca , es reconocer francamente la actitud oportunista - lo que no quiere decir que no haya sido comprensible- de miles de chilenos que hicieron del exilio una buena chance de buscar nuevas expectativas económicas y sociales.

La inserción en las sociedades que los acogían fue fácil. Sobre todo para los primeros en salir o que fueran expulsados. Ellos tuvieron programas de soporte, de reunión familiar, de reinserción, posibilidades de seguir estudiando o de ejercer profesiones que tenían en Chile. Sin embargo , en la mayoría de ellos no estaba el ánimo de quedarse. Cada noche esperaban una noticia milagrosa, que les permitiera volver. Para ellos todo el período fue un interminable paréntesis de 15 años, que vivieron con las maletas preparadas para el retorno.. Mientras tanto, la familia crecía, hijos que por sangre tenían derecho a doble nacionalidad, al no haber sido inscritos en los consulados chilenos, se fueron quedando como extranjeros, adoptando por el peso de los acontecimientos su nueva pertenencia, mientras los padres o abuelos seguían clavados a un once de septiembre de 1973.

Fuera del país, se repitieron los moldes de convivencia que imperaban en los setenta: grupos de poder, partidos políticos que competían para ser vanguardia en la recuperación democrática, lo cual se traducía en canalización de recursos hacia las respectivas tiendas políticas. Parcelas de poder por doquier, círculos cerrados, sectarismo. En términos generales, en el exilio hubo élites y masa: la dirigencia y los líderes integrando las primeras, logrando codearse con la flor y nata de la clase política e intelectual de Europa. La gran mayoría agrupada en ghettos , usando hasta donde se pudiera la seguridad social espléndida de algunos países del viejo continente, claudicando las más de las veces de sus parejas originales, y manteniendo como barniz muy tenue la condición de exiliado político. En las personas que salían existía un estilo de relación muy condicionado a la obtención de ayuda. Los programas de apoyo eran generosos y los usuarios los asumían muchas veces como si la sociedad que solidariamente los acogía tuviese la obligación de protegerlos, como si fuese el pago de una deuda del sistema por su situación de refugiados. No es exagerar que el chileno al salir vivió una transformación; uno de sus elementos fue el manejo superficial y manipulador de las relaciones humanas.

Como señaláramos, poco a poco dichas facilidades se fueron ajustando, pero las condiciones de cesantía e inseguridad económica que vivió el país en los ochenta , motivó nuevas oleadas de refugiados, con un estilo diferente. En las migraciones de los ochenta se agudizó el exilio económico de sobrevivencia. Ya no era el dirigente estudiantil universitario el que se asilaba, era el poblador, el zapatero remendón del barrio, que se conseguía las cartas que lo acreditaran como perseguido por el régimen militar. Ese poblador recompuso fuera de Chile su barrio, reconstruyó relaciones con sus amigos de club, se los llevó a todos y se reimplantó ese pedazo de Chile, con espiritu tribal, lejos de ideologismos, practicando una solidaridad bastante más abierta que la de los exiliados políticos justificados.

Chile Democrático mantiene una deuda histórica con los países que acogieron solidariamente a quienes emigraron durante el período militar. Sería un gesto de nobleza que quienes echaron raíces en países extranjeros durante ese largo período, pudieran organizar acciones de reconocimiento hacia esas naciones, principalmente en orden a profundizar las relaciones culturales bilaterales, para un acercamiento que ha quedado pendiente.

La transculturización no fue asunto teórico. Dejó llagas en los espíritus, dejó hijos sin sentido de pertenencia, familias desgajadas. Reconociéndose tal situación se aprobó una franquicia especial para retornados.

¿ Compensación pecuniaria para lavar la conciencia de la sociedad? De cualquier forma, la medida que autorizaba el ingreso de menaje, herramientas de trabajo y de un vehículo de hasta 10 mil dólares de valor, libre de impuestos, al permitir inusitadamente que el beneficiario pudiese transar ese derecho a la internación de un vehículo, significó un tráfico de automóviles de pomposas marcas hacia compradores que aprovechaban el beneficio. Un fraude al fisco de bullida notoriedad fue corolario de esta situación, cuando una empresa automotriz ajustó el precio de lista de su modelo jeep al tope permitido para que los beneficiarios o a quienes ellos cedían el cupo, pudieran internar esa marca, pese a que el mercado señalaba un valor notoriamente más elevado. Penosa forma en definitiva, de motivar la reinserción de los retornados. Una medida con sentido puramente economicista, que poco ayudó a la incorporación real de los retornados en la realidad nacional. Las líneas de crédito para proyectos de reinserción, la franquicia del menaje y el automóvil, fueron soluciones económicas que la sociedad no ha complementado con alguna campaña cultural de reencuentro de estos dos Chile. Para eso es importante esgrimir la verdad, y mientras se siga haciendo mitología del exilio, estaremos caricaturizando la historia real, planteando una visión sesgada, que no se condice con las vivencias genuinas, que atesoran dolor, risa, esfuerzo, pillerías y frescuras, de ese Chile de afuera y este Chile de adentro, durante el período de recuperación democrática.

Lastimoso que un tema vergonzante como el exilio, haya sido encarado con ánimo meramente reinvindicacionista.

La ligazón actual del chileno del exterior y los locales puede ser, con imaginación, una faceta importantísima para recrear la fraternidad entre compatriotas, para que dejen de mirarse con desconfianza o recelo los de adentro y los de afuera, y sean capaces de descubrir intereses comunes en el proceso de internacionalización que actualmente se vive.


Los que se quedaron también cambiaron

Referirnos a la forma cómo el miedo trizó el alma nacional durante el período más duro del régimen militar, podría ubicarnos en el centro mismo del cambio que vivió el Chile de adentro. Basta recordar los largos períodos de situaciones de excepción, las detenciones sin causa, la ausencia de tribunales capaces de defender la vida. Pero a ello debe agregarse el quebranto económico que vivió la población. Se dice hoy que Chile pagó entonces el costo social de su ajuste estructural. Las secuelas de la desaparición de múltiples establecimientos industriales hacia fines de los setenta llevó miseria a los hogares más pobres del país, pauperizó a la clase media. El sustento diario era la gran ocupación de sobrevivencia de los chilenos. Luego sobrevendría la crisis de los ochenta, agudizando la situación social. De allí se originaron las protestas y surgió en ese devenir un amplio movimiento de la civilidad por la recuperación democrática, que culminaría con el plebiscito y el triunfo del No.

Fue un período de más de 15 años en donde gradualmente se fue perdiendo el miedo. Pero se había vivido tiempos difíciles y los chilenos fuimos cambiando, perdiendo la cordialidad habitual y desprendida que nos caracterizaba. Una combinación de miedo y de egoísmo había avasallado el alma de las urbes. Las personas trataban de descubrir espacios de confianza y afecto en sus viejas amistades, ya que las nuevas relaciones siempre tenían el sino de la incertidumbre. No había, por tanto, grandes espacios para acciones de solidaridad. Confiar resultaba riesgoso. Pese a todo, los más pobres sí supieron mantener encendida la llama de la cooperación, con vivencias concretas de solidaridad, tales como ollas comunes y guarderías infantiles familiares, que permitían a las mujeres de la población periférica salir a ganar el sustento, reemplazando en ese rol al hombre, lo cual heriría profundamente su machismo.

Ese Chile de las barriadas populares tuvo muy poca ayuda. Se sabe que hubo corrientes importantes de recursos que venían de comités solidarios de Europa para ayudar a esas familias, pero es hasta hoy una cuestión pendiente saber si esas sumas realmente llegaban a destino. La rendición de cuentas frente a quienes confiaron en esos canales de cooperación nunca trascendió. En 1989 ya se hablaba de la enorme dispersión de ONGs, organizaciones no gubernamentales, perfiladas a captar ayuda no reembolsable de entidades similares. ¿Cuanto dinero se justificó con escritos que a nadie sirvieron? ¿Cuántas personas lamentaron en su interés egoísta el triunfo del No, que ponía término a sus financiamientos externos?

La sensación de las personas que no emigraron y que vivieran como anónimos habitantes el duro período de crisis económica y que abrieron las compuertas a la democracia desde una acción cívica de conciencia, es hoy de distancia frente a los pseudo héroes de la resistencia lejana. Porque mientras afuera muchos abusaban del espíritu generoso de las naciones anfitrionas, en las barriadas de Chile el desempleo y el hambre empujaban a millones de personas desde la otrora digna pobreza con trabajo, hacia niveles de miseria. Porque la miseria es decaimiento moral, depresión, neurosis de angustia que cunde, pérdida de la dignidad. Desde ese estadio se derivan lacras como la mendicidad, el alcoholismo, la drogadicción y la prostitución. Situaciones que se incubaron en esa época socialmente dolorosa, pero que hoy permanecen aún con más dramáticos ribetes.

Es cierto que el chileno que se quedó se tornó más egocéntrico, desprotegido, obligado a competir, sin seguridad en el empleo, ponderando cada vez más el dinero como elemento sustantivo de la seguridad y la libertad.

¿A partir de este Chile que ha cambiado profundamente, qué podemos entregar como pauta conductual a los jóvenes?

¿Juventud con alergia a la Política?

Alguien dijo alguna vez que la verdad histórica la imponen los vencedores. Pero del período, aún latente en la retina, en que se rompió la convivencia nacional, esa época de posiciones intransables, aquellas situaciones en que la oposición negaba la sal y el agua al gobierno de turno, esas etapas propicias para la conspiración y la desestabilización de gobiernos democráticamente electos - todo lo cual no habla precisamente bien de lo que fuimos capaces de construir como modelo de convivencia- hemos pasado aceleradamente a un proceso nuevo, de institucionalidad democrática, de desmovilización, de despolitización, de desencanto por la cosa pública, de desconfianza generalizada en la calidad de los representantes elegidos - quizás porque al interior de los partidos se han repetido los mismos viejos estilos- de abulia juvenil frente a la política, de abstencionismo juvenil, que marca un voto anticipado de tácita censura al sistema que los mayores, los políticos de otrora y de hoy, hemos construido.

La legitimidad del sistema democrático flaquea, en la medida que no hemos sido capaces los demócratas de evitar el anquilosamiento de la representatividad, de transformar el sistema binominal que excluye las posiciones de minoría, de superar el centralismo de las cúpulas partidarias y su la falta de voluntad política por abrir espacios reales a la desconcentración del poder.

Entrampados en un sistema que ha generado un círculo vicioso de alto riesgo, en donde los partidos políticos han copado todo espacio de participación ciudadana; frente a este imperio de lo político sobre lo social, las personas hacen uso de su libre albedrío para dar poca importancia a la política, para demostrar en cada encuesta la bajísima credibilidad de que gozan los representantes populares.

Porque la realidad de abstencionismo significa ceder espacios que disfrutarán precisamente las élites que juegan a la alternancia cupular. Porque los ghettos de nostálgicos francotiradores no llegan a conformar movimientos persistentes, que ofrezcan una forma diferente de encarar la vida ciudadana. En los jóvenes que no quieren inscribirse, así como en los mayores que adoptan posiciones nihilistas, contrarios a todo lo que suene a evolución, se denota un hecho social preocupante: la pérdida de un civismo responsable y activo, que sea capaz de inflamar de entusiasmo a la comunidad nacional por la cosa pública.

La democratización no puede profundizarse con estos factores de dispersión, y esto más bien ayuda a sustentar la tesitura de quienes añoran estadios de autoritarismo, de máxima concentración del poder.

La libertad fue una ansiedad colectiva cuando se vivía en un sistema autocrático. El aglutinante de los ochenta fue la recuperación de la institucionalidad democrática, pero, siguiendo adelante, en un ideario de democracia descentralizada, participativa, cimentada en el hombre de carne y hueso y sus problemas directos, ha faltado una voluntad política energizante, que apure el proceso para llegar a espacios genuinamente abiertos, en donde el peso de la organización pública se diluya en la activa inserción de la gente en los asuntos públicos.

Es un desafío profundo de los demócratas el impulsar instrumentos de desconcentración del poder, sistemas que de manera transparente alienten la sinergia público privada a nivel de base.

Es un tema que no puede acometerse con clichés ideológicos y existe una falencia notoria de un liderazgo capaz de impulsar este proceso de profundización democrática.

Los jóvenes son quienes debieran tomar la posta, empujar anchas velas con una dimensión solidaria y humana de democracia. Los derechos del hombre implican obligaciones y compromiso. Noto que el compromiso conceptualmente aleja a los jóvenes, muchos de ellos quisieran prolongar indefinidamente su juventud descomprometida, ocupada en disfrutar con las formas de hacerlo que ofrece el sistema.

En este contexto, vuelvo a lo primero, a la escasa capacidad de nuestra generación de cualquier origen o fuente ideológico partidaria, por salir de la trampa institucional y abrir compuertas a los intereses genuinos de las personas, sobre todo de esas personitas nuevas, dulces, incontaminadas, que asoman a una sociedad que cada vez se parece menos a sí misma, que cambia permanentemente, que impone ritmos que todos deben seguir, que nos habla de competitividad, de desarrollo creativo, de búsqueda de éxito. Toda una cosmogonía en que se inserta una persona y que está signada por una estructura comunicacional avasalladora, que mueve a participar en una carrera constante, la carrera por tener, cualidad contemporánea del éxito. Lo cual deja poco tiempo para ser, para conversar, para leer, para escuchar a los viejos.

Los que arrebatan espacios mesurados para ese diálogo son exégetas del sistema, descalificados como resentidos, como trasnochados marginales, incapaces de protagonizar el cambio y darle al proceso el norte axiológico que estiman debiera tener.

Una situación que debe remecer a quienes aspiran a generar vínculos que acerquen a las nuevas generaciones las facetas de verdad que fueron sesgadas por la historia oficial, para provocar con esa comunicación un cambio conductual que se traduzca a nivel humano en jóvenes que en la vida diaria sean elemento aglutinante, conjugando en la elemental convivencia la solidaridad, el amor por lo propio, el descubrimiento de su historia para entender sus errores y aprender constantemente, en la evolución permanente que eleva la autoestima de las naciones y las hace grandes.

No quisiera que mi generación de los setenta, terminase como una cohorte de nostálgicos retroalimentando una fantasía extemporánea. Me exijo compromiso presente para sentir que estoy vivo. Sólo así, vivencialmente, podré ponerme codo a codo con mis hijos a recrear sueños de un mundo mejor. Sólo así nos vamos a entender y asumiremos con sinceridad el desafío cotidiano del humanismo.

Revitalizar el Compromiso.

Vivir en el proceso de globalización exige tener sólidos los cimientos para no ser presa de la inundación de elementos culturales y hábitos de consumo extranjeros. Los chilenos hemos entrado en la vorágine de la globalización, sobre todo a través del fenómeno de las comunicaciones. Y son escasas y heroicas las acciones de resistencia, que tratan de preservar una identidad propia, que compiten con el teatro, música o humor nacional, para rescatar esencias que no podemos olvidar cuando entramos a un mundo globalizado. Una debilidad de la internacionalización es la pobre autoestima respecto a nuestra historia y nuestras tradiciones, tan necesarias cuando se debe interactuar con otras culturas para no sucumbir, absorbiendo sin filtro alguno todo lo que nos llega del exterior.

De esa situación debilitada en nuestra comunidad, se desprende una relativización de los valores, una carrera desmedida de consumismo, una carrera alienante que absorbe al individuo, masificándolo, disgregando las capacidades de organización popular frente a problemas comunes. Cada cual carga sus arcabuces para la lucha diaria, lo cual se evidencia en el deterioro de la calidad de vida en las grandes urbes, donde el “no te metas” es una constante que profundiza el desamparo, soledad y falta de solidaridad entre las personas que corren y corren, centradas en sus particulares intereses.

Todo este proceso va colocando en jaque la vocación por participar en política, en tanto y en cuanto es una forma de preocupación por el bienestar colectivo. Frente a esto, se produce una suerte de segmentación, en donde la inercia individualista, el sálvese quien pueda, no permiten o dificultan, la construcción de esfuerzos mancomunados frente a temas de común interés. Con lo cual la democracia se anquilosa, y comienza a arriesgar un naufragio, consecuencia de que los nortes se confunden y al final es un grupo elitario el que practica la alternancia del poder, ante la abulia o indiferencia de una masa preocupada de cosas más mundanas y concretas. Como pagar las deudas para no caerse del sistema.

Sí, porque eso constituye un nuevo elemento característico de nuestra realidad cotidiana. El hombre político está hoy sobreendeudado, el hombre sindicalizado corre hoy para pagar mes a mes sus cuotas, el joven universitario tiene centrado su esfuerzo en poder lograr una oportunidad e insertarse al mundo competitivo del trabajo y pagar su crédito universitario. Las capacidades del hombre para participar en la vida cívica están limitadas, entre otras cosas por el factor financiero, que le obliga a concentrarse cada vez más en su sobrevivencia personal o familiar. Mal puede poner en riesgo su estabilidad laboral en ese contexto. Para ser libre y poder participar sin condicionantes es preciso contar con independencia económica y esto, tan simple y evidente en el cotidiano devenir de la urbes, se traduce en la construcción de una suerte de plutocracia, en donde la acción política está altamente condicionada por el factor dinero.

¿Dónde quedan los sueños de esta juventud de hoy, de nuestros hijos?

¿Cuánta responsabilidad tenemos los mayores por no abrir compuertas a este cambio de fondo?

El discurso y la acción. Dos aspectos que es preciso comparar para evaluar la coherencia de las conductas personales y sociales. Cuando se quiere hablar a seis años de gobiernos democráticos en Chile, de una cultura de respeto a los Derechos Humanos, es preciso y oportuno preguntarse de qué derechos estamos hablando, qué valores queremos priorizar e internalizar en el alma colectiva.

Pienso que ya no basta con el prisma sesgado de quienes vivimos el período de dictadura y autocracia. La prioridad entonces fueron la vida y las libertades públicas. Pero, habiéndose logrado dichos objetivos cívicos, la jerarquización de intereses va evolucionando y desagregándose. Asumida la institucionalidad democrática formal por la comunidad nacional, al referirse a Derechos Humanos las connotaciones serán diferentes. Los valores que se van priorizando como sensibilidad social, dependen de la percepción que cada individuo tiene de la vida en sociedad y la forma como conciba y asuma su participación en la vida gregaria.

Por todo esto, cuando se plantea como objetivo educar para que los niños y jóvenes internalicen una concepción moral de respeto a los demás y de actuación consciente y decidida en defensa de sus derechos, estamos hablando de cimentar conductas que favorezcan la tolerancia, el entendimiento, la construcción inteligente de espacios de cooperación y, fundamentalmente, el compromiso.

Lo cual exige una masa crítica de jóvenes que se jueguen por cambiar los actuales estilos de hacer política, para cambiar los procedimientos mercantiles de hacer campaña, por otros que rescaten la idea y los principios éticos en la gestión pública, que cimenten nuevamente una utopía, centrada en el hombre de carne y hueso y sus esperanzas del tiempo presente. Por aquí pasa hoy la idea fuerza de los Derechos del Hombre en este minuto de nuestra historia.

La Familia y la Educación para la Tolerancia

El proceso de aprendizaje debe tomar elementos de la evolución que ha tenido nuestra sociedad y de los cambios sustantivos que el mundo ha vivido. Desde la post segunda guerra mundial hasta la fecha, lo único constante ha sido el cambio. La lectura de nuestra realidad pasa por el análisis de innumerables variables que van tejiendo procesos, creando y desarmando sistemas. Lo medular en todo ese cambio, en la dimensión más humana que constituyen la persona, la pareja, la familia, es la permanencia de valores o conductas que generen para la persona un espacio de afectos que le dé seguridades para aprender a amar, aprender a compartir, aprender a entregarse, aprender a respetar y hacerse respetar. La libertad como valor es la expresión cotidiana de asumir compromisos, de cumplir obligaciones, de construir un proyecto de vida. Ser libre es tener la capacidad de soñar y la voluntad de ejercerla; es poder imaginar, desear y luchar en pos de esa idea. La base familiar es la cuna irreemplazable para que ello ocurra. Por lo tanto, recrear una cultura de respeto por la vida, la naturaleza, el hombre, exige centrar la atención en la calidad de ese seno familiar que se debe ofrecer a los hijos para hacer de ellos personas íntegras.

De donde podemos nuevamente derivar responsabilidades generacionales de quienes , en el rol bien o mal asumido de padres de familia, hemos tenido la obligación de cimentar condiciones que favorecieran conductas de compromiso con estos valores trascendentes. La credibilidad que hayamos sido capaces de generar como padres en los jóvenes es un problema que queda como evidencia de un proceso acelerado, que ha implicado transformaciones de fondo en los estilos de convivencia, con costos sociales sobre la calidad de vida, que se traducen a nivel familiar en el deterioro de muchos de los valores en que fuimos formados.

La enorme cantidad de matrimonios disueltos deja una enorme interrogante sobre el efecto que tendrá en la seguridad afectiva de los hijos este fenómeno social. Hoy se observa como tendencia actual en la juventud un ánimo por retrasar compromisos estables de pareja, como sería el matrimonio. Se prioriza logros económicos, antes que la construcción de un proyecto común integrado, en donde la práctica de la cooperación empieza en el fondo común que deben crear ambos cónyuges, sin distingos de propiedad. Por otra parte, la carrera por adquirir los bienes materiales que exige el estándar de vida al que se aspira, está produciendo una reducción de la familia típica chilena, ya que está dejando un espacio más breve para traer los hijos. ¿No es esto una evidencia y reflejo de la formación o distorsiones que se han percibido como conductas en el seno familiar?

A propósito de parejas rotas o de divorcios, quisiera dejar algunas ideas en el tapete. Advierto que, en suerte, no pertenezco a la cohorte de separados o anulados, pero en el núcleo de nuestro tiempo esto es una excepción.

¿Qué pasó en medio del proceso con la capacidad de amar, de afiatar un proyecto de vida con la pareja?

Sin pretender generalizaciones subjetivas, pienso que gran parte del quiebre emocional de las parejas en los setenta, obedeció a haber mantenido relaciones cruzadas por un ideologismo muy propio de la época. El aterrizaje a realidades durísimas, el impacto tal vez del cambio de roles en lo laboral, trizó el esquema machista que caracterizaba la relación. Cuando esas parejas se vieron inmersas en un medio más liberal en lo sexual, con facetas de ligazón que implicaban menos compromiso, flaqueó el de los propios cónyuges y se precipitó el deterioro del amor. La crisis del proyecto social impactó existencialmente en la forma de ver la vida en el seno del matrimonio . Y al no ser coincidentes las visiones, a lo cual se agregaba un espacio en que ambos cónyuges tenían igualdad de participación en la vida económica, se produjo la crisis y se precipitó la separación.

Si se pregunta a los exiliados si lograron afiatar sus parejas originales, se podrá comprobar que lo que señalamos se dio como una situación similar en los grupos más politizados. No así en los que buscaron el exilio por mejoría económica, ya que ellos iban con un proyecto concreto que pasaba por la subsistencia y el progreso económico de sus familias.

Es un intento de explicar el porqué de la crisis afectiva que cruza nuestra generación y que evidencia incongruencias que se deben haber sentido duramente en los hijos afectados por este proceso de quiebre. Por eso, cuando se postula una cultura de respeto a los derechos humanos, debemos preguntarnos persistentemente la cuota de responsabilidad que tenemos como padres en la formación valórica de nuestros jóvenes. Una cuota del problema podrá asignarse al sistema educacional y cultural del país, pero ello no podrá jamás excusar la responsabilidad directa de la familia.

Quizás de allí se pueda explicar el sentido hedonista que hemos observado en muchos jóvenes, sobre todo en el plano afectivo. Los jóvenes privilegian la seguridad económica antes que el matrimonio o los hijos. La postergación de ese compromiso natural que significa un sueño compartido con quien se ama, es un síntoma innegable de que en mucho fallamos al intentar educar consecuentemente. Porque obras son amores y no buenas razones, ellos vieron en nuestra generación un cúmulo de fracasos que se hicieron sentir en la incapacidad de remontar las crisis, fortaleciendo la pareja. Por el contrario, los jóvenes quizá observaron muchas actitudes poco congruentes con lo que se pregonaba. Una cultura del esfuerzo, del trabajo, de la solidaridad, no se forma si las conductas concretas son contrarias a la propuesta.

El Sistema Mundial y su débil compromiso con los Derechos Humanos.

Vivimos en un mundo despiadado. Se podrá decir que nunca fue mejor, pero hoy las comunicaciones nos traen el terror al instante, En este decenio en marcha hemos presenciado todo el horror que jamás hubiéramos imaginado. El infierno se nos hizo noticia cotidiana: Africa, Los Balcanes, Medio Oriente, Chechenia. La nueva expresión fragmentada del terror. Millones de refugiados desplazados y apátridas cruzan continentes devastados, sin grandes ayudas en su dramática búsqueda.

El sistema global ya ha estratificado a muchos países como menos adelantados, inviables, merecedores de la ayuda no reembolsable internacional. Se perfila in nuevo ordenamiento mundial que es coherente con la tendencia mundial hacia un Estado con nuevos roles y responsabilidades. Se invoca la autoayuda. La que puede otorgarse a los países menos adelantados, que afrontan catástrofes políticas, sociales y ambientales, es limitada. El factor financiero cruza todos los ámbitos, lo cual hace que esa ayuda humanitaria sea, muchas veces, retórica.

El propio sistema de Naciones Unidas, organismo máximo a nivel intergubernamental planetario, está en jaque porque sus miembros adeudan a la organización sus cuotas. Situación similar ocurre con la Organización de los Estados Americanos, que ha debido reducir drásticamente el funcionamiento de sus Agencias especializadas.

Debido precisamente al ajuste estructural que cruza a los estados del planeta se ha manifestado una reducción del gasto social y de los aportes a organizaciones de cooperación internacional.

La dispersión del poder mundial ha generado vacíos que afectan a enormes conglomerados humanos, que deben caminar a duras penas hacia este nuevo concepto de autoayuda, lo cual significa alcanzar procesos de desarrollo sustentable.

La situación mundial es dicotómica, contradictoria. Mientras se pregonan los regionalismos de cooperación, cada actor trata de asegurar sus espacios y entrabar el paso al vecino. Las hegemonías hoy son de carácter económico, tecnológico y financiero.

El Estado a nivel mundial ha ido cambiando su rol benefactor para pasar a un rol subsidiario. Este cambio deja espacios que son desatendidos o postergados. Los sectores más débiles de la sociedad son los que más se ven afectados por las medidas de ajuste estructural.

Por otra parte, las experiencias negativas históricas, de dilapidación y corrupción, que han conocido organismos financieros como el Banco Mundial, en su relación con los Estados a nivel de gobiernos centrales, ha motivado que el organismo prefiera hoy tener como contrapartes a entidades de menor tamaño, en las cuales exista una mayor transparencia y control. Es así como se ha orientado la ayuda a proyectos de carácter comunal, en donde aparezcan involucradas las denominadas fuerzas vivas de la comunidad, a través de universidades, sindicatos, municipio y gremios empresariales. Es una tendencia generalizada que apunta a racionalizar la asignación de ayuda, prefiriendo proyectos que sean controlables por sus propios gestores, lo cual no ocurre cuando los recursos entran a la administración central.

Toda una concatenación de hechos que perfila un sistema mundial despiadadamente competitivo, con escasa vocación hacia la solidaridad, con necesarias alianzas de bloques para poder participar los países con relativa capacidad negociadora en el contexto internacional. Pero con una oportunidad inédita de centrar en las organizaciones comunitarias de base un nuevo estilo de relaciones internacionales.

Lo cual nos lleva a preguntarnos si al invocar el Respeto de los Derechos Humanos, nos conformaremos intelectualmente con centrar la lente en el plano macroeconómico, donde podremos lamentar a diario las atrocidades que nos trae de lejanos escenarios el satélite, o bien lo interpretamos y asumimos conductualmente, encarando el aquí y ahora, partiendo por enmendar nuestros errores e inconsecuencias, tratando de remontar el decaimiento que advertimos en cuanto a calidad de vida y humanismo al interior de nuestro país, nuestra ciudad, nuestro barrio y nuestra familia.

Hacia un Replanteamiento de los Derechos del Hombre

Frente a la realidad de desamparo creciente desde el punto de vista de las políticas públicas, la propuesta es que la función de las organizaciones no gubernamentales debe fortalecerse, ya que, ante la declinación de la institucionalidad intergubernamental, la única esperanza es que el hombre y sus agrupaciones de base, se vinculen activamente para hacer oir su voz frente a cualquier violación a los derechos del hombre. Sin animarme a asegurar que esto sea una tendencia internacional, se pueden observar evidencias importantes de acción privada internacional, en defensa del interés de la humanidad, por ejemplo, en materia de medio ambiente.

Debiéramos asumir que los civiles del mundo, a la par de ser protagonistas en nuestros microespacios, debemos consolidar el potencial poder disperso en organizaciones planetarias de conciencia., aplicando a nuestras acciones todas las herramientas de comunicaciones que permite hoy la tecnología y que no tienen porqué ser instrumentos exclusivos del marketing planetario que nos ubica como consumidores pasivos.

Para que podamos influir y sancionar como anónimos consumidores a quienes impulsan la guerra o los ensayos nucleares, podemos generar alianzas cívicas mundiales. Impulsar organizaciones como el Ombusdman o las Organizaciones de Consumidores en todos los países, resultaría otra idea convocante para actuar en contra de la inercia negativa señalada.

Procurar una igualdad de oportunidades no significa pregonar igualitarismos fuera de foco. Es parte de la responsabilidad prioritaria que debe cumplir el Estado como expresión máxima de organización social. Se llama a ello “procurar equidad”, un valor ético que se quiere imprimir a la acción pública , pero que requiere la participación activa de la civilidad a través de las instancias de descentralización del poder -llámese municipios, distritos, provincias, o gobiernos regionales- que cada país va diseñando.

Porque las medidas tendientes a imprimir equidad en la acción pública, no pueden surgir de tecnocracias bien intencionadas, sino surgir del protagonismo de las personas en la defensa de sus derechos e intereses, y en su compromiso por trabajar activamente en la construcción de soluciones. Lo cual, según se ha dicho, refleja una tendencia en similar sentido de los organismos de cooperación internacional.

Frente a estos nuevos escenarios, es oportuno preguntarse cuáles son los derechos humanos que en el contexto descrito, están hoy amenazados y que es preciso defender prioritariamente a nivel de nuestra realidad latinoamericana.

No se llega a la equidad ni a la solidaridad por decreto, y un síntoma ya anotado y lamentable, que se yergue como amenaza en contra de la democracia real, es la falta de voluntad política que se advierte en las cúpulas políticas para abrir espacios de decisión a nivel de base a personas independientes, sin la manipulación sectaria y proselitista que como vicio del pasado sigue existiendo en la base social.

El Estado Responsable en su función subsidiaria en lo económico, debe procurar un sistema sano al interior del aparato público, con reducción del gasto y un equilibrado manejo de las cuentas fiscales. El problema es que, en el empeño de alcanzar tales equilibrios macroeconómicos y la eficiencia interna del aparato fiscal, se pierde de vista la responsabilidad que le queda por esencia al Estado, en cuanto a cubrir, a como dé lugar, necesidades públicas impostergables que, por no interesar o por imposibilidad de los privados, deben ser atendidas por el sector estatal.

Las amenazas al ciudadano son múltiples y representan sentidas necesidades que el Estado Responsable debe atender. A continuación, de manera enunciativa, señalamos algunas.

· Protección a la Niñez y a la Mujer: atacar a fondo los delitos que configuran violencia intrafamiliar y los delitos de abuso sexual, en donde normal y trágicamente son víctimas los menores de edad, debe hacer reflexionar por el Derecho a la Vida, amenazada en la propia familia, en donde el Estado debe normar con rigor en protección de la infancia. La Mujer debe ver reflejado su nuevo rol en la sociedad en leyes que le aseguren no ser discriminada por sexo.

· Seguridad ciudadana: la peligrosa expansión del narcotráfico en la sociedad es una amenaza que ha llegado a las familias, a los barrios. Cuando la delincuencia se toma las ciudades y la sociedad demuestra su debilidad para combatirla, la seguridad ciudadana se ve desatendida. Las reformas necesarias al Poder Judicial, así como la mejoría del sistema carcelario, son en esta línea, variables de profundo interés en la comunidad.

· Protección ante Catástrofes: el ciudadano común se siente inseguro cuando el Estado demuestra una pobre capacidad de reacción frente a situaciones de catástrofe o emergencia. Se siente impotente y desolado cuando se observa cada verano la destrucción de naturaleza por incendios que se repiten como lacra, sin que se adviertan soluciones de fondo para ir a la prevención de dichos siniestros.

· Salud Pública: a diario se advierte la desprotección de quienes sufren enfermedades denominadas catastróficas. Las campañas que se desarrollan para hacer colectas para diferentes organizaciones de ayuda, son otra evidencia de desprotección de quien no tenga dinero para financiar su atención.. Entre las nuevas enfermedades, que amenazan particularmente a los jóvenes, está el SIDA, cuya prevención va más allá del reparto de condones y debe significar una educación sexual adecuada a la niñez y juventud y, sobre todo, un fortalecimiento de la entidad familiar como marco de protección básica. Por otra parte, el Derecho a Sexo Seguro es una de las sensibilidades más presentes en la juventud, ya que contraer el SIDA implica, además de la certidumbre de una muerte dolorosa, la segregación que la sociedad hace de los enfermos.

¿ Puede aceptarse que el Estado actúe débilmente frente a este flagelo? ¿O que aplique medias tintas en la explicitación de una amenaza terrible para la sociedad? ¿O que, aplicando criterios de prioridad paras los siempre escasos recursos de gasto social, deje en la indefensión a las personas que contraen este mal?

· Derecho a la Privacidad: la indefensión del hombre frente a la concentración de información que las bases de datos, públicas o privadas, tienen sobre las personas, es también otro aspecto relevante, ya que no está tipificado el delito que puede darse por uso de información reservada, de parte de agentes públicos o privados corruptos.

· Calidad de la Educación e Igualdad de Oportunidades: un ámbito amplio que implica la aspiración a un sistema más equitativo, en donde los servicios públicos deban ser prestados, sea por el Estado o los privados, con costos asequibles y de similar calidad, para no profundizar las brechas sociales. Lo cual exige que el Estado al modernizarse mejore sustantivamente su efectividad , su capacidad de fiscalización, la cual debe estar, además, equilibrada con controles permanentes de la opinión pública a los actos públicos.

Con un mero ánimo enunciativo, he querido ilustrar sobre algunas cuestiones concretas, que podrían estar en la nueva agenda de los derechos humanos y que deberían ser atendidas con legislaciones que den respuesta oportuna al problema y que constituyan nuevas expresiones adecuadas del concepto social de derechos del hombre.

Esa incertidumbre anotada sobre la eficacia del aparato público para reaccionar prontamente en situaciones de crisis, es un elemento común a nivel de América Latina, y expresión de la situación desprotegida en que se siente el hombre hoy y que, repito, sólo podrá ser controlable si los líderes políticos rescatan, sin prejuicios remanentes de un pasado confrontacional, la movilización popular organizada, consciente, pacífica y responsable, como respuesta estratégica a la tendencia al decaimiento que afecta hoy al sistema democrático.

La tarea político social pendiente, de educar para la participación ciudadana, para hacerlo asertivamente, con energía, con capacidad racional y sensibilidad humana, logrando así desmantelar inteligentemente los conflictos sociales, es un lunar inflamado en la nariz misma de la democracia formal.

Una cultura de respeto mutuo, de tolerancia, de compartir espacios en función de intereses comunes, sin ventajismo, con lealtad, en equipos multidisciplinarios y multiideológicos, podrá ser llevada adelante si los adultos -en especial quienes tienen resortes de decisión- damos la pauta de un cambio conductual. Porque si se sigue repitiendo vicios del pasado, si seguimos manoseando la escala de valores, si usamos el relativismo moral para evaluar situaciones a conveniencia propia, mal podremos motivar a la juventud que asuma la posta en esta evolución.

Profundizar la democracia para hacerla participativa y descentralizada, es el único camino realista para dar consistencia a una educación cívica que reconozca y defienda los valores consustanciales del humanismo.

Por lo cual, cuando hablemos a los jóvenes hagámoslo sin máscaras, sin retóricas, sin poses heroicas que pueden resultar patéticas. Antes que esa juventud que representa un 60% de la población chilena nos dé una patada en el trasero por ineptos, por heredarles un sistema que ellos tendrán que asumir en sus iniquidades y distorsiones, apurémonos en sincerar la comunicación con ellos. Partiendo por el seno de la familia, planteando esta temática en la mesa familiar, en los centros de padres, en las aulas universitarias, en los cabildos abiertos, en las organizaciones que debemos construir para rescatar la acción cívica responsable. Superando el “no estar ni ahí” que nos lleva a aceptar resignados, como borregos, las decisiones de una tecnocracia lejana que seguirá disfrutando el vacío de poder que le deja una masa abúlica que no se compromete.

Los Derechos del Hombre están recibiendo a diario nuevas amenazas. Sólo la acción cívica persistente, en la cual la juventud asuma su compromiso, podrá, más allá de banderas partidarias o religiosas, dar un golpe de timón para que no encallemos como sociedad en los arrecifes de la decadencia.

"CHILE: LA AVENTURA CONJUNTA DE CONVIVIR"

ENSAYO

Autor: HERNAN NARBONA VELIZ

Poeta - Escritor SEV. Administrador Público, Licenciado en Relaciones Internacionales, Consultor CICOM-OEA, Profesor Universidad Católica de Valparaíso.

Valparaíso, Octubre/1993.


CHILE: LA AVENTURA CONJUNTA DE CONVIVIR

EL OBJETIVO: NOSOTROS MISMOS

Como un monólogo trunco, aderezado de millajes inusita­dos, el chileno de hoy trota por las peatonales, en un impecable eludir al prójimo, ese ser contiguo que atropella, que impone su paso también acelerado, mien­tras las voces por sobre las cabezas se entremezclan para anunciar la última "novedad de año para los regalo­nes".

Apretujado en la escalerilla mecánica se va sumer­giendo en el moderno limbo de las urbes, asumiendo una intros­pección fetal, mientras los espejos, las vidrie­ras, el veloz túnel de la muche­dum­bre, van delineando su imagen reiteradamen­te, como insis­tiendo en ese escudriñar clandestino de su íntimo microespacio.

Allí, acomodado en el recinto subterráneo, el hom­bre de fin de siglo busca retomar sus sueños.

Entrar por su mirada a las inquietudes del ser huma­no frente a su entorno, exige abandonar impos­tacio­nes doctrinarias, raciona­lidades desgastadoras y sim­plis­tas. Se trata de adentrar­nos en el alma colecti­va, yendo más allá de las formas, apuntando hacia la emoti­vidad guardada que lleva consigo los rasgos grue­sos de una memoria oculta, doliente, simulada.

Es el osado intento que quisiéramos proponer como aven­tura compar­tida.

Es la propuesta indagatoria que desple­gará más pregun­tas que respuestas. Es la invitación a recorrer con nuevo prisma estos umbrales de fin de siglo, para beber el alien­to cálido de la tierra, para estrechar lazos con los más recónditos senti­mientos, para propo­ner talvez una suerte de catarsis, que nos permita mirarnos en el espejo sin bajar la vista.

LA NECESIDAD DE RECREAR UN SUEÑO

Llenos de errores, reiterativos en promesas que al paso se olvidan, deudores morosos de afecto, convocados por un silencio apretado que pugna por dar un brinco, nos ponemos a revisar lo propio y nos proponemos ser opti­mis­tas en el juego. Tratando de reírnos de las graveda­des con que el formalismo viste los absur­dos de la historia.

Sintiendo que aún somos capaces de recrear un sueño y enarbolarlo a diestra y siniestra.

Para la aventura, proponemos la simpleza celeste que sigue creciendo inocente por las calles y barrios de la patria. Los hijos que siguen llegando en la antesala de un cambio de era.

Frente a ellos, todas las juiciosas reflexiones sobre la vida, la reconciliación, la mentada moderni­dad, la inserción internacional del país, la democra­cia, la participación social, todo al fin, aterriza en ese hilado intan­gible del amor.

Allí quisiera posicionar esta reflexión. En esa cons­trucción sencilla de la libertad, de la educación sin palabras. Frente a los niños la relación no funcio­na con el hemisfe­rio de la razón o la lógica, se debe recurrir a la magia, al vuelo, a la libre expre­sión de las sonri­sas o las rabietas.

En ese amurallado reducto de cada cual, en la actuación franca que parte del saludo sencillo de buenos días y se clausura con un minúsculo pero enorme beso de buenas noches; allí, en ese privado microespa­cio, puede cons­truirse el cimiento de una sociedad dife­ren­te.

Quisiéramos dejar un abanico de ideas en la mesa redon­da de todas las familias de Chile. Recuperar el tantas veces desmerecido diálogo intrafamiliar, para afrontar como chilenos ese interés común insoslayable -nuestros hijos, los suyos, los de todos - como expre­sión concre­ta - de sucias narices y rodillas rasmilla­das - de un objetivo humanista integral, que nos permi­ti­rá un punto de partida necesario, en donde podamos fortalecer las coinci­dencias.

Sabemos que es en esa tarea silen­ciosa de formar perso­nas, en donde a diario los adultos corremos todos los riesgos y donde somos normalmente livianos en su consi­deración. El desapego afectivo, las faltas de tiempo, la soledad encubada desde la guarde­ría, son algunos de esos hechos concatenados, que nos marcan posteriormente en la adul­tez.

En la idea-fuerza de profundizar la democracia y sentar las bases de una convivencia basada en el respe­to mutuo, que postula como un sólido faro la civilidad, se pretende hacer de la democracia carne y espíritu, con conduc­tas coherentes en la comunidad, en el indivi­duo, en el hogar, en la familia. Es allí donde debiéra­mos indagar por las raíces profundas del cambio.

Los contaminantes y amenazas del entorno familiar son múltiples, y mucho se equivocarían quienes no alcanza­ren a percibir la importancia crecien­te de este espacio genuino para la conjugación real de los valores que difunde el discur­so.

Para alcanzar consecuen­cia entre el discurso y la acción, es necesario repensar la Familia para el Cam­bio. Como soporte de lo que busca ser una sociedad pluralista, con un estado democrático donde la convi­vencia se funda­mente en el respeto mutuo y los valores ancestrales del amor, de la tole­rancia, de los deberes junto con los derechos.

EXORCISMO DE NUESTRAS DEBILIDADES

Librar a nuestra sociedad de los peligrosos virus que la acechan significa concentrar el esfuerzo en esa manida "célula de la sociedad", entendiéndola viven­cialmente, sin sofismas, sin retóricas ni prédicas. Sin escatimar realismo para alertar a sus miembros de las amenazas que debe enfrentar.

La familia en todo tiempo y espacio constitu­ye una generalización recu­rren­te que la intelectualidad o las élites políticas parecieran saltarse. No se puede obviar este microespacio fundamen­tal, en donde se juegan las expec­ta­tivas de calidad de vida de toda la socie­dad.

Cuando se diagnostica problemas sociales, tales como violencia, alcoholismo, drogadicción, homosexuali­dad, consumismo, rupturas matri­moniales, deserción escolar, abusos deshonestos a infan­tes; todo al fin, se va enraizando en los problemas profundos de desamor, que cruzan a la pareja y la sociedad.

Todo se inicia y confluye en nuestro espacio, aquí y ahora. Con lo cual, ejercer la autocrítica es una necesidad de sanea­miento mental y espiritual im­prescin­di­ble, cualquiera sea la connota­ción ideológica o religiosa que cada quien otorgue a esta acción.

Por ello, para pensar el bosque, detengamos un poco la visión en el amigo árbol, que sufre las erosio­nes en carne propia. Después, asomarnos al macroespacio resul­tará aterrizado, consustanciado con lo que real­mente estamos siendo aquí abajo, en el día a día.

El proceso natural de enseñanza-aprendizaje se basa en experien­cias vivenciales que el niño va regis­trando inconscientemente desde su primera infancia.

Por ello, su hábitat debe ser formativo en muda consis­ten­cia: libertad con responsa­bili­dad, solida­ridad con gestos de genero­sidad, decencia con honesti­dad, verdad sin dobles estándares, sensibili­dad social y vocación de servicio público más allá de campa­ñas ocasiona­les.

Si se busca mejorar al hombre, rescatando aquí y ahora sus virtudes, tenemos que afrontar conjuntamente la dura tarea de exorcizar nuestros propios fantasmas, dándonos ese tiempo y distancia saludables para los dolores que arden allá dentro, tras las epidermis de la vida diaria y sus vidrieras coloridas.


Estamos señalando elementos de sentido común, que por parecer obvios no resultaría necesario revisar desde un enfoque teórico. Pero, por constituir precisa­mente aspectos de cotidiana omisión, resulta importante intrincarlos a este análisis prospectivo que buscamos motivar. Cada cual podrá hacer su revisión personal para determinar en qué medida está siendo coherente con aquello en lo que cree.

Pensando en términos integrales, yendo y viniendo de la política al hombre y viceversa, alguien podría pregun­tar ¿Qué implicancias tiene para un civismo res­ponsa­ble el postular este compromiso perso­nal con los prin­cipios que consagra la Declaración Universal de los Derechos del Hombre?

Es talvez un lugar común, pero latente en todos los diagnósticos, el cen­trar recurrentemente el pro­blema de los derechos humanos en el ámbito educacio­nal. Tratemos de cruzar un poco más allá, para entrar al ámbito delineado, del propio hogar. Porque educar para la vida en armo­nía significa enten­der la interdependen­cia de planos, para asumir, en definitiva, que los desafíos planetarios pasan y concurren a este espacio de los seres de carne y hueso.

DERECHOS Y OBLIGACIONES

¿Cómo escudriñar lo insondable del alma colectiva, sin empanta­narnos en sofismas, prejuicios, resentimien­tos, angustias, esperas y promesas?

¿Cómo sustentar en el estiércol de tanta ignominia aquellos rieles devastados que fueron arras­trados en la abrupta caida de los símbolos?

Por el planeta rechinan los dientes apreta­dos de los desprotegidos seres humanos, convocados en torno a las estanterías que recién se iluminan. Son los nuevos nómadas, sin utopías, aplanados en sus preciados sue­ños.

¿Cómo postular una reinserción en un mundo que avasalla con la velocidad del cambio?

¿Cómo recomponer los morrales para rescatar algo de mística en medio de tanto utilitarismo?

En la vorágine de esta pregonada aldea mundial, donde la caída de los colectivismos dejó un peligroso vacío de poder, con el reflotamiento de exacerbados fundamen­talismos y naciona­lismos, que han inaugurado nuevos holocaustos, la Demo­cracia quedó como una débil carabe­la, sometida a los tormentosos designios del fin de siglo.

En la América Temprana, luego de un largo período de decrecimiento y regímenes de facto - que reflejaron casi por tres décadas las concepciones hemisféricas del período de guerra fría- la civili­dad ha levan­tado hacia el término de los ochenta, como esperanzador común denominador, la Democra­cia.

LA DEMOCRACIA Y NUESTRO PEQUEÑO DICTADOR

Con sus bande­ras rasga­das, postu­lada como un siste­ma político plura­lista, la demo­cracia se yergue como un perfectible sistema que debe superar rompientes a cada esquina.

La pregunta que va calando hondo la historia presente, es el grado de viabi­lidad que tiene la demo­cracia para resolver en equidad los conflictos socia­les. Siendo la democracia el mejor de los siste­mas conocidos, los es­fuerzos apuntan, en especial a nivel regional latino­americano, a mejo­rar­lo con la e­nergía de la civi­lidad, con la moder­nización del estado y con la apertura y ensayo de nuevos canales de participación para los hombres coti­dianos.

Las amenazas que debe afrontar la democracia son mu­chas, pero quisiéramos subrayar dos tendencias que apuntan sobre ella, debilitándola intrínse­ca­mente.

Primero, las iner­cias centralis­tas y la concen­tra­ción de poder, con la presencia creciente de grupos económi­cos que van ejer­ciendo una influencia creciente en los distin­tos niveles de la sociedad.

Otro peligro es el que cada cual lleva dentro y que aparece al menor des­cuido. Es nuestro pequeño dictador, que arremete en contra del mundo, tratando de imponer sus ideas e intereses contra viento y marea.

Si nos animásemos a sincerar nuestra real vocación de demócratas, asistiríamos con escozor a esta peligro­sa tendencia interior a imponer nuestra voluntad por encima de las proclamaciones altisonantes de este ideario.

Incentivados hombres y mujeres por premisas que funda­mentan el éxito en un actuar individualista y agresi­vo, como clave de la competitividad y del éxito, ese peque­ño dictador pareciera legitimizarse en noso­tros, avasa­llando inconscientemente a los demás.

Nuestro pequeño dictador busca imponerse sobre el del vecino, ya que los perci­be como antagonis­tas a quie­nes se debe derrotar.

Para educar en valores realmente democráticos, es preciso asumir que el hombre, como ser gregario, nece­si­ta de los demás, aunque en esa convivencia natural­mente conflictúan sus intere­ses con los de las demás personas. Debe por lo tanto, cooperar y simul­tá­neamente competir. En este sentido, el hombre que se supone civilizado, parti­cipa en función de los espacios que él efecti­vamente abre y ejerce.

La ley de la selva que ha fortificado el indivi­dualismo debe ser corregida para una convivencia sus­tentada en la paz.

CULTIVAR LA DOCTRINA DEL ESFUERZO

El costo social de los procesos de ajuste estruc­tu­ral que ha venido viviendo nuestro continente, ha impactado sobre el hombre ameri­cano provocando el desmorona­mien­to de sus seguridades básicas, lo cual ha conllevado la desorientación de una talvez endeble escala de valo­res.

El desempleo, con la consecuente incorporación del jefe de hogar a la economía informal. El descalabro de los roles clásicos en la pareja, con la mujer incorpo­rándo­se al trabajo, y el hombre cayendo en cuadros depresi­vos a raíz de una inseguridad laboral que lo ha sor­prendi­do, sin opcio­nes, a una edad madura. La cesan­tía atendi­da con programas pater­nalistas, el hombre que baja sus brazos y espera que le sigan dando. La margi­nalidad empan­tanando a la digna pobreza de otrora, con efectos paralelos, como el alcohol de las botillerías de urgencia, o la droga que se distribuye por las esquinas de las barriadas. En fin, todo un cuadro de descomposición ética, que podría resumirse en un desfi­ladero por donde el hombre urbano transita con graves riesgo para su digni­dad, para su calidad de persona.

La desesperanza reptando por los pechos ha condu­cido a laberintos depresivos y alienantes que se tradu­cen en abulia, apatía, falta de ganas; agotamiento espiri­tual que fácilmente deriva en el alcoholismo, la mendicidad, la aceptación de la prostitución, la ho­rrenda decaden­cia que conduce a ámbitos de tenebrosas aristas. Allí está el hombre con sus llagas como cruda expresión de la negación del más elemental derecho: la vida y la dignidad elemental de toda persona.

La enorme tarea de la sociedad toda es mejorar las condiciones de vida de esos hermanos que han caído en el túnel de la miseria. Es el desafío patrio para traer a la sociedad chilena una seguridad, una perspec­tiva que vaya neutralizando esos nudos gordianos de la marginalidad.

Pero el esfuerzo debe promo­ver al hombre hacia su dignificación. Entregándole herramientas para subir hacia escaños de mayor dignidad, centrando los esfuer­zos del gasto social, sin populis­mos, en la educación, para una mayor autonomía en la solución de sus propios proble­mas.

Recuperar la doctrina del esfuerzo significa enfrentar los desvalores del facilismo, del oportunis­mo, del cortoplacismo.

Significa cimentar una convivencia que sea real­mente antropocéntrica, que salga de los esquemas merca­dotéc­nicos para entender que tras la generación y distribu­ción de la riqueza está el hombre.

El hombre de carne y espíritu, que desea realizar­se en el trabajo, que busca crecer y cubrir sus múlti­ples aspiraciones. Necesidades que no son todas cuan­ti­fica­bles ni pueden ser atendidas con parámetros de oferta y deman­da.

EQUILIBRIOS NECESARIOS

Hay elementos fundamentales en las aspiracio­nes e intereses del ser humano, como la necesidad de perte­nencia, de realización, de servicio público, de poder, tras los cuales despliegan su es­fuerzo los hombres durante su respectivo proyecto de vida. Por lo tanto, el buscar oportunidades para Ser, para alcanzar una mayor autoestima, para proyectar en forma corpora­tiva como nación un proyecto de país, un horizonte de convi­vencia, todo pasa por el perfeccionamiento de la cali­dad de la sociedad y del Estado como su máxima organi­zación.

En la aspiración a ser felices los hombres buscan mucho más que cosas materiales. Pero las sirenas elevan sus cánticos cotidianos a través de las parabólicas o el cable y los arrecifes son atractivos. El sentido de pertenencia pasa a ser suplido por la tenencia de una tarjeta plástica.

"Debo, luego existo", pareciera ser uno de los mensa­jes subliminales que distorsionan el ethos cultu­ral de nuestra sociedad. El consumismo puede convertir­se en una expresión compulsiva de nuevas soledades, de neo-angus­tias que van estresando los estómagos anoréxi­cos de los "yuppies de la city" .

En la nueva sociedad de mercado es preciso actuar con la cabeza despejada. Las altas tasas de endeuda­miento de los sectores medio bajos y populares está preocupan­do a las autoridades. Es que el consumismo cala en inversa proporción al grado de conciencia o educación de las personas. Es un fenómeno extendido, que dificul­ta colocar en el centro de interés colectivo temas que no redi­túen en términos mercantiles.

La descripción de estos hechos no significa rehuir las propias responsabilidades por caer a menudo en los embrujos de las luces de neón, por correr de pronto tras titulares, oropeles o bisuterías.

"Taquillar" es un verbo de los tiempos modernos, que conju­gan, sin demasiado pudor, políticos, artistas, intelec­tuales, académicos y poetas. Talvez los más discretos sean los propios empresarios, cuyo estilo de hacer negocios les lleva a publicitar en sus campañas sus bienes o servi­cios, pero no a publicitarse ellos mis­mos.

La doctrina del esfuerzo es la expresión de una actitud de amor hacia lo que cada cual debe realizar. Es una invitación a desplegar los propios sueños y a luchar por ellos, pese a los distractores que preten­den hacernos perder el norte. Trabajo concienzudo, coopera­ción para ser mejores. Construcción solidaria de nues­tras comunes aspiraciones de progreso, manteniendo en el empeño nuestra identidad.

REVALORIZANDO LO PROPIO

­Frente a estas fuerzas entrópicas de nuestra sociedad, la propuesta de fortalecer lo propio, resca­tando los valores de la chileni­dad, de aquello que conformamos como región, ese crisol inconcluso de etnias, aquello que somos en nuestra calidad de indo-iberoamericanos, debe trascender mucho más allá de las efemérides o la retórica integracionista.

Si la América a la cual pertenecemos, está en pleno proceso de estabilización política y económica. Si a nivel planetario la tendencia mundial a los regio­nalis­mos va acompa­ñada de tendencias de neo-proteccio­nismo que dificultan las posibilidades de crecimiento hacia afuera de nues­tras economías; y si a eso se adiciona la reaparición de grupos neonazis, cuyos mensajes de xenofobia penetran las ciudades europeas, la civilidad de nuestra región debe asumir el desafío impostergable de apurar el paso en la cooperación y la integración.

La evidencia actual de esta nueva dinámica de los procesos de cooperación regional, se aprecia en dos niveles inter­conectados: el plano intergubernamental, en donde la diplomacia direc­ta apunta a la concertación política de la región; y el ámbito privado, con accio­nes cons­tantes de empresarios, académicos, profesiona­les, organizacio­nes no gubernamentales, que han ido tejiendo una red de intereses permanentes que hoy deja al proce­so global de colaboración regional, en una inmejorable posición.

Hoy la cooperación es mucho más que un eslo­gan recu­rrente para la revi­sión de las relacio­nes exterio­res.

Es la necesidad íntima, familiar, de defender nuestra esencia, para que la apertura de las economías no signi­fique resignarnos a perder elementos históricos que nos han dado una identidad, una personalidad frente al mundo.

El mundo de los noventa nos llena de información. Nos satura de noticias. Nos exige repensar todos los esti­los tradicionales de vida. Es a veces incómodo vivir en esta aldea mundial.

El desamparo del hombre de hoy se traduce en el cambio mundial de los roles del Estado, con un ajuste estruc­tural que ha ido más adelante que la mentalidad de la comunidad nacional, que, salvo excepciones, va interna­lizando lentamente los nuevos estilos de inter­ac­ción económica y social.

Queda en las personas un sentimien­to de soledad, un descreimiento en ese Estado que se repliega y se decla­ra subsidiario. Se intuye la necesidad de partici­par en términos competi­tivos, se teme el peso político de grupos de interés, cuyas áreas de influencia tras­cien­den los marcos nacionales.

Como una reacción casi lógica el hombre se refugia gregariamente en las organizaciones no gubernamentales, convirtiéndose éstas en trincheras elitarias para actuar en la conquista de algún grado de influencia.

Hay temor por las distorsiones que puede tener el poder financiero en la vida social. Se desconfía de la rela­ción de lobbying y se aspira a una transparencia que permita dilucidar la legítima acción de defensa de intereses sectoriales o gremiales de lo que es corrup­ción. Débiles fronteras que cuesta distinguir.

En la reorganización o modernización de nuestros paí­ses, aparece la necesidad de compartir espacios, pero también la enquistada tendencia de ganarlos por la fuerza. Federalismo o feudalismo es la dicotomía que nos plantea Edgard Morin, en su prospectiva de la civilización planetaria de fines de siglo.

A nivel de las calles empedradas que soportan estoicas sus siglos marineros, el humor ayuda a no deprimirse ante tanto cambio. Una de las expresiones críticas más saludables que el anónimo ser humano ejercita desde su clandestino si­tial en las megalópo­lis, es la observa­ción ácida, el diagnóstico risueño que se mofa de todo.

La risa, como nuestros bailes festivos, es libe­rante y un antídoto frente a tanta incongruencia. Es una liga­

zón satisfac­toria para indi­viduos solitarios que rehu­yen pero al mismo tiempo integran la multitud desbo­cada; queriendo de alguna forma levantar su prota­gonis­mo, defen­diendo el aire y la flor, mofándose de la última masacre de los paci­fistas armados hasta los dientes que nos ha traido el satélite.

Riendo de todo, rasgando con la mirada aguda del libre­tista, del caricaturista o del cómico los protoco­los almidonados, este ejercicio lúdico oxigena las urbes con sus ventoleras irreverentes. Así tam­bién, el anónimo telespectador celebra desde el living los logros de la Paz en medio de tanta belicosi­dad.

Pero más allá de la actuación soberana como tele­viden­te, aparece reiterativa la soledad, barnizando las ciudades con rece­los y miedos.

Y allí, al medio, nadando hasta el próximo escaño, intentando un surf por las olas de la modernidad, el hombre de hoy, minúsculo, atiborrado de información, sin saber que en esa avalancha de información corre el riesgo de perder cada vez más su capacidad de asombro y su débil identi­dad nacional. O también el riesgo de irse cerrando en sí mismo, con la pérdida de interés por todo lo que esté más allá de su microentor­no.

En las urbes, los personal stereos clausuran toda posi­blidad de acerca­miento básico a los demás. Y la cone­xión no tiene filtros mínimos para aquello que alguna efe - eme despliega como programación envasada.

Este es el escenario de disgregación en que se sitúa el alerta rojo. Si se quiere fomentar una actitud de respeto mutuo, que elimine actitudes belicistas de cada íntimo pequeño dictador, es preciso generar los puentes elementales para salir de nuestras caparazones y deci­dirnos a conjugar el nosotros.

El televidente que ríe, que selecciona lo que quiere escuchar, al ejercer su sagrada libertad parece estar olvidando o desinteresán­dose por lo público, por los demás.

Así es la dura tarea cotidiana de la convivencia.

Deambulando nuestro minúsculo hemisferio, resguar­dando el metro cuadrado escaso, fortaleciendo maceteros de poder que jamás llegarán a ser parcelas, nos encara­ma­mos hoy a la pregunta desgarradora que se avienta en esta etapa de apertura , en donde América Latina tiene una mitad oculta deambulan­do por el mundo entero, como sudacas o espaldas mojadas: ¿Cómo participar en este mundo de hoy sin que nos debilitemos más en el empeño?

¿Cómo formar en nuestras jóvenes generaciones una mentalidad abierta, interesada en interactuar siendo mejores?

Desde este nominado Continente de la Esperanza, desde este Chile partido y diseminado por el planeta, asome­mos la nariz inocente al discur­sivo proceso coti­diano, a esos es­fuerzos que buscan construir su inserción inter­nacio­nal.

Asumiendo los riesgos, que hemos reseñado como hitos de sirénico espectro, descubramos con energía las enormes oportunidades que nos ofrece cada día el diálo­go, la cooperación, las negociaciones.

Podemos construir una pertenencia creativa y polifacé­tica a un mundo flexi­ble, quizá agreste, pero lleno de otras personas, con paralelas incertidumbres, que tienen una visión com­partida, y a quienes debemos descubrir. O seguir famélicos hasta un penúl­timo nau­fragio. Depende de nosotros.

Las energías están dentro de cada uno de nosotros. El asunto es focalizar­las en forma integrativa, elevando el conoci­miento y respeto por lo propio, por nuestra historia, nuestros ancestros, nuestra idiosincracia.

Intentemos la aventura del redescubrimiento, la catár­sis ineludi­ble que nos permita fulgurar como eslabones del fin de siglo, ligando con inusitado esfuerzo nues­tro incongruente trocito de historia con la cosmogonía que cada cual esculpió en sus silencios, o aprendió en décadas pasadas entre aquellas estanterías, hoy abarro­ta­das de tomos fantasmales.

Tratemos de empezar de nuevo, avan­zando por los umbra­les del siglo, más livianos, despro­vistos de lastres, para rememorar lo propio con los poros abier­tos, pero hurgando las aristas de la memoria para eliminar los absolutismos, para asig­narle a cada episodio su prisma de verdad inconclusa. Hagamos el empeño honesto de elevar un puente para la empatía indispensable que nos permitirá conocernos y entender nuestras respectivas ansiedades e intereses.

NEGOCIAR: HERRAMIENTA DE PAZ Y COOPERACION

Hemos podido apreciar en nuestros trabajos por América Latina la importancia crciente de las negocia­ciones, como forma civilizada de convivencia. La inte­gración de los pueblos se sustenta en acuerdos de mutuo benefi­cio. Hemos tenido la suerte, a través de diferentes misiones por toda la región, de ir fortaleciendo viven­cialmente las premisas de la cooperación, intercambian­do experiencias con otros latinoamericanos que exploran y difunden esta nueva disciplina.

En el libro de Mario Jinete, de Cali, Colombia, "Cómo Negociar con Éxito", leemos un párrafo que brillante­mente resume el alcance de la acción negociadora:

"Como existe una interrelación entre todos los seres humanos, la negociación se impone como una interdepen­dencia que nace en el seno del propio hogar, se extien­de al mundo de los negocios, se aplica entre gobernan­tes y gobernados y aun entre países. Querámoslo o no , vivimos en permanente proceso de negociación."

¿Es posible la cooperación en función de ser más compe­titi­vos en el mundo abierto de hoy?

Si quien contestase esta pregunta fuese un violento, diría que no. Es que la violencia es el uso directo u oculto de la fuerza como medio para resolver el con­flicto. En el fondo la violencia delata una debilidad, la incapacidad de hacer pesar los propios argumentos en un debate racional.

Por lo mismo, nuestra respuesta es sí, y le agregamos que cooperarse para competir con mayor capacidad cons­tituye hoy una necesidad para el progreso de los pue­blos.

En este contexto, la verdad es un valor que debe privi­le­giarse para lograr legitimidad en la vida diaria, y es algo básico para mirar el mañana con esperanza, con optimismo.

NEGOCIAR ES PARTICIPAR

Todos portamos nuestros lastres, nos relacionamos condicionados por nuestros prejuicios, por nuestra con­ceptualización del mundo. Sobre todo las genera­ciones que fueron remecidas por la utilización de la fuerza, por el miedo impuesto como palanca de domina­ción, por los exacerba­dos ideolo­gis­mos, por la confron­ta­ción posi­cio­nal de ópti­cas dife­ren­tes, de intereses que se impusie­ron a raja tabla, en fin, por si­tua­ciones ruptu­ristas que troncharon la vida cívica de los pue­blos de América toda.

La franquía que necesitan las relaciones entre personas y organizaciones, pasa por hacer explícitos los intere­ses que pretenden alcanzar las partes y comprender sus límites.

Actuar sin prepotencias, buscando como valor la reci­procidad, buscando con creatividad opciones que conci­lien y complementen tales intereses, conduce a una estabilidad en sus relacio­nes .

Ejercitar la tolerancia no significa resignar los legítimos intereses, sino impulsarlos con la compren­sión cabal de que habrá que anticipar conflictos, imaginando cómo resolverlos con la mayor equidad.

Aprender a compartir lleva a la construcción de rela­cio­nes equili­bradas, de una creciente colaboración.

En este contexto, el rol principal del Estado Moderno debe ser precisamente la desconcen­tración del poder para que el ciudadano pueda ejercer su protago­nismo en espacios más explícitos de concurrencia, como lo son las comunas, barrios y organizaciones no guber­namenta­les de ámbito local. En la expectativa de esta moderni­zación, el Estado debe ir regulando marcos gruesos o globales para que se procure un mayor equili­brio, transparencia y claridad en las actividades de los privados.

La planificación participativa, que co­rresponde a este estilo de relacionamiento, se basa precisamente en un sistema pluralista de negociaciones que integre intere­ses en proyectos consensuados. El liderazgo que debe ejercer un agente del planeamiento comunal o regional, deberá buscar precisamente este tipo de acciones en la comunidad.

En definitiva, para mejor participar en la vida ciuda­dana, los grupos de interés deben cambiar los estilos de presión y fuerza, por aquellos que , susten­tados en el pluralismo y la tolerancia, se encaminan por el camino inteligente de la negocia­ción.

EDUCACION PARA LA TOLERANCIA

El acuerdo y la negociación son la única posibili­dad de vivir en paz y armonía. Practicar el acuerdo es la única forma de ser verdaderamente hombres libres y de buenas costumbres.

Debemos aprender a defender con valores nuestros inte­reses. Entender que la fuerza de la razón abre caminos a la paz. Que la interrelación de los seres humanos no puede excluir a nadie, pero que los espacios de armonía se ganan una vez que se toma debida cuenta de los límites y responsabilidades que implica ejercer un derecho.

Saber con quienes se conflictúa y porqué, para proyec­tarse en fun­ción de negociar una salida armónica al problema.

En las sociedades latinoamericanas contemporáneas, la desventa­ja estructural de los sectores más débiles, ha puesto en el tapete un valor: la equidad.

Aspirar a relaciones más equitativas en la socie­dad es mucho más que un compromiso de la alta política. Debe moti­var una acción cultural profunda, que rescate los principios de la cooperación, esa básica acción grega­ria para mejorar las capacida­des de participar en ámbitos competitivos.

La igualdad de oportunidades, constante utopía social, debe ser acercada a la vida real en función de medidas que vayan mejorando las fortale­zas de las grandes mayo­rías, entregándoles opciones de crecimien­to, de cons­trucción asociativa de una mayor capacidad negociadora.

Educar para fortalecer la familia chilena. Educar para una relación activa en la sociedad, educar para la cooperación, conduce a una forma diferente de actuación en todo orden de cosas.

Negociar significa establecer comunicaciones, negociar significa construir con dinamismo relaciones equitati­vas, nego­ciar signifi­ca aprender a resolver los con­flictos de intereses, antes que ellos detonen con grave daño para todos los involucra­dos.

Deponer el autorita­rismo en el corazón de los hombres, pasa por activar también su creatividad. Sacarse de encima cánones normativistas, dejar de plantear como estilo de inte­rrelación la consecución de marcos cons­tituciona­les, legales o reglamentarios para perpetuar los status quo, significa entender con dinamismo la evolución de las sociedades modernas.

La solución imaginativa de los proble­mas, con una acción integrativa que vincule e involucre a todos los interesados, aportará equilibrios casi naturales al problema.

En este sentido, la participación social se levan­ta como una columna vertebral para soportar una organi­za­ción social más sana. Que la política no pretenda adju­dicarse el monopo­lio de lo público, queda como premisa si se desea realmente la participa­ción responsable.

Participación que debe recoger como elemento sustan­cial, la conjuga­ción de deberes y derechos.

Cualquier postura facilista que se centre sólo en reclamar derechos o intereses, deja rengueando la idea de responsabilidad ciudadana. El correla­to de ambos aspectos nos puede nutrir eficazmente para cimen­tar una sociedad moderna, equitativa, segura de sí misma.

NO MÁS EL MIEDO

De los lastres, quizá el peor.

"El miedo es un gusano carcomiendo/Te deja silente y aislado/ Te vuelve servil/Te desmantela../Va doblegando tu esperanza/ y como ostra taciturna/ ya sólo te impor­ta tu sosiego". Es un trozo del poema "Miedo al Miedo", en donde el autor presenta al miedo como elemento paralizante, disociador, una herramienta milenaria de las tiranías.

Cualquier lectura que hagamos de los efectos sico-sociales de la represión, marcará el mismo hecho. Los hombres sometidos al terror flaquean, escabullen por los recónditos laberintos de la mente, generan conduc­tas de aislamiento, de culpa. Lo plantea, talvez con mayor fuerza, el poema "Individualísimo", que presenta al hablan­te urbano que ha internalizado ese miedo ambiental:

"En la piel siento vergüenza/en los ojos desconfianza/ en mis manos escondidas sólo siento la distancia/ Evitando invita­ciones/Con temores de invi­tar/ restrin­giendo confiden­cias/Un espécimen normal/... Y me aler­gian los bulli­cios/Y le escapo a su canción/ han logra­do transformar­me en gentil consumidor..."

Para poder recuperar la libertad en la íntima fibra de las personas, es preciso erradicar para siempre el miedo. Nadie puede defender los derechos ajenos si el propio interesado los resigna y no se compromete en su defensa.

Este factor es fundamental para que las perso­nas gene­ren actitudes sanas en función de sus intere­ses.

Como dijimos anteriormente, es preciso desterrar el autoritarismo de nuestras conductas cotidianas, y, en el mismo sentido, es preciso fortalecer la autoestima ciudadana, a efectos de potenciar la libertad como una postura protagónica en nuestras vidas. La obsecuencia es tan dañina como la prepotencia, y son ambos obstácu­los para poner en ejecución cualquier proyecto de trabajo.

La obsecuencia anula toda creatividad. Sólo se sabe obedecer sin cuestionamientos. Tampoco nadie puede esperar lealtades de un obsecuente, ya que él servirá al que lo mande con más rigor. En definitiva, la vio­lencia se retroalimenta con la debilidad, cobardía y el silen­cio de los subyugados.

Muchas veces, racionalmente, elaboramos justificaciones para no hacer. Pecamos de omisión al resignar legítimos derechos ante la fuerza o prepotencia de los abusado­res. Sin embargo, la no-violencia dice no a la brutali­dad, y lo hace con su fuerza, la razón y los valores.

Quisiera insistir majaderamente en esta idea, porque involucra lo educativo y fami­liar, pues estos desvalo­res, estos estilos de convivencia con parámetros de dominan­te-dominado , arruinan cualquier proyecto que apunte a formar personas, es decir, seres libres, capaces de forjar su propio destino.

El desarrollo de nuestros países necesita niños creati­vos, jóvenes que amen y ejerzan su libertad con respon­sabilidad. Personas capaces de emprender la aventura de construir un sueño, capaces de construir equipos, de generar relaciones justas de colaboración. Sin venta­jismos, con sincero aporte y dedicación al trabajo que se acometa.

Chile y Latinoamérica buscan este ajuste profundo de sus sistemas educacionales, para generar energías renovadoras, que sustenten en las nuevas generaciones un espíritu equilibrado, en donde se combinen el amor por las raíces y el entusiasmo innova­dor para conquis­tar con calidad espacios en un mundo competitivo.

CHILE : CON LA FUERZA DE LA RAZON Y LOS PRINCIPIOS

Están aún frescas las heridas del sordo conflicto que quebró el Alma de Chile. El Cardenal Raúl Silva Henrí­quez fue clarísimo al marcar las cicatrices que han cruzado la Patria. Se estigmatizó como "enemigos" a quienes pensaban diferente. Hubo mucho odio campeando con los puños apretados y bocas calibradas por nuestra tierra, pero en medio de todo hubo también nobles y solidarios gestos de quienes se jugaron la integridad personal para ser consecuentes con sus principios .

Hay aún muy poca distancia desde esos crudos hechos y aún no alcanzamos a plenitud la reconcilia­ción. Han faltado gestos hidalgos de reconocimiento de graves errores, ha habido reticencia a aceptar por parte de victimarios, con virilidad el juicio históri­co.

Apenas presen­tado el Informe Rettig, el asesinato del Senador Jaime Guzmán, líder oposi­tor, desvió práctica­mente la atención total de esta tras­cendental tarea cumplida por la Comisión Verdad y Recon­ciliación.

Sin embargo, Chile no podrá olvidar jamás la nobleza y dolor con que, desde el fondo del alma, el Presiden­te de la República, pi­dió perdón a Chile por todas las víctimas que se produjeron durante el período relevado, a partir del 11 de sep­tiembre de 1973­, hubie­sen sido ellas civiles o milita­res.

Hoy avanzamos por una etapa de madurez cívica, de­mos­trando al mundo la, talvez, más inteli­gente, suave e inédita transi­ción desde un régimen de facto - dicta­torial en su primera etapa, autocrático y personalista en la segunda - hacia un sistema democrático. Encami­nando al país a un clima de aceptación y concordia, con una recuperada democra­cia que, pese a sus originales y premedita­das amarras, ha logrado, gradualmente, generar consensos para una profundización real del pluralismo y la participación ciudadana.

Chile ha dado una lección al mundo, la cual nos subraya una vez más, que el camino negocia­do es siempre, en cual­quier circunstancia, el menos costoso para una nación. Los desafíos han sido enormes, sobre todo en el ámbito de la deuda pendiente con aque­llos compatriotas que sufrieron en carne propia, en su derecho a la vida, a vivir en la patria natal, a pensar distinto, a no ser discriminados por su pensamiento contestatario, los rigores de un régimen que concentró la fuerza armada como base de su poder.

En los ochenta, Chile orienta la fuerza de la civilidad hacia las banderas de la paz, de la razón. Y desde las protestas movilizadoras, evitando el riesgo de caer en una confrontación sin destino, aislando a los que postulaban la vía armada para hacer frente a la dicta­dura, las fuerzas democráticas construyen el movimiento cívico más activo de la historia de Chile que, dentro de las arteras condiciones de un régimen militar auto­ritario y dentro de las reglas institucio­nales de una Constitución que ya no se cuestiona, manifestará el 5 de octubre de 1988 su No histórico. Que abre las puer­tas a la nueva etapa que estamos viviendo.

La razón aparece como estoica bandera que agluti­na a Chile entero, abriendo cauces renovados para el enten­dimiento en paz.

Chile inaugura la década de los noventa con su flamante primer gobierno democrático. Y en la estrate­gia que dirige el juicioso estadista de esta arquitec­tura política, Patricio Aylwin, la fuerza de la razón es la mayor fortaleza de su gobierno de transición.

Es así como en Chile se produce el desmantelamien­to de los conflictos, el llamado a la civilidad, para que madura­mente vaya cuidando el valor conquistado - el nuevo sistema democrático- sin exacer­bar la confronta­ción, sin acti­tudes de revancha, sin caer en especula­ciones electore­ras que pudieran quebrar la disciplina en lo económico con acciones populistas­.

Las conversaciones con altura de miras, el sentido estratégico de largo aliento, la capacidad de escuchar, la capacidad de colocarse en los zapatos del otro, el buscar juntos, con creatividad y flexibilidad dentro de lo posible soluciones armónicas, son todos elementos que debemos apreciar como una rica experiencia nacio­nal, más allá de posiciones partidarias contingentes.

La ética en la política, como en todo ámbito de rela­ciones interpersonales o sociales, constituye una enorme fortaleza, que las personas deben apreciar como un faro permanente para sus actuaciones en sociedad.

Nadie puede manipular principios del derecho natu­ral, nadie puede planearse en ningún plano preten­diendo legitimar su accionar directivo, si no construye con acciones, con ejemplos, una autoridad moral, un ascen­diente que le permita ganar genuinos liderazgos.

En el actuar público, en las acciones cívicas, en la vida diaria, en el seno de la familia, la coherencia juzgada por contrapartes y subordinados, pareja, hijos, alum­nos, condiscípulos, etc., el valor de honestidad e integridad son vitales para tener esta legítima autori­dad.

La fuerza de la razón y la ética es mayor que cual­quier arsenal atómico. La historia está llena de derro­tados poderosos, que construyeron imperios a costa del desa­mor y la injusticia, como así también persisten por encima de los siglos aquellas religiones o doctri­nas que, que en distin­tas civili­zaciones y tiempos de la humanidad, pusieron Luz en el corazón del hombre.

Tenemos una hermosa tarea por delante: ¡Inaugurar el Siglo XXI con el ímpetu generoso de hombres y mujeres capaces de prota­gonizar su libertad, fortalecidos en la cooperación y la tolerancia!


HERNAN NARBONA VELIZ, Octubre/1993

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Octubre/1993

Wednesday, March 29, 2006

La reflexión comunitaria, un ejercicio inusual

Abro este blog talvez como forma de desahogo, pero sabiendo que interpretaré a muchas personas que extrañan en nuestra sociedad, la discusión profunda, las propuestas de mundos, las visiones cosmogónicas que permitían estructurar destinos de país.

Pensaba en el gran cambio que se ha producido en la conducta humana a raiz de la implantación de un sistema global sustentado en el neo-liberalismo. Pensaba en las motivaciones que tienen hoy los jóvenes, revisando para ello un estudio de actitudes de los consumidores chilenos. El grupo que actualmente bordea los 40 años es de un perfil muy individualista, volcado en gran medida al hedonismo, a disfrutar de la tecnología y ser consumidores estrellas. Otro grupo se cierra en la familia, a diferencia de los primeros busca la seguridad del núcleo familiar.

La sociedad actual vive cruzada por la incertidumbre y el terror. El miedo más a flor de piel es a perder el empleo. Un 49% de los chilenos así lo han manifestado. Esta tendencia lleva a una sociedad dominada por el endeudamiento, por la precariedad del empleo. En el plano global, la red de multivariables que se articulan sobre la vida diaria de los pueblos, aporta otra enorme carga de incertidumbre: los destinos de la guerra preventiva, los altibajos en la construcción de la paz; la guerra declarada y la soterrada; la presión de los fundamentalismos; el accionar sin contrapesos de los gigantes corporativos multinacionales. Del otro lado, las comunidades de base, los pueblos indígenas, la juventud que busca espacios de mínima seguridad.

En el circo cotidiano, las muchedumbres consumiendo los productos que les va marcando el sistema. Sin posibilidad real de acciones gregarias o asociativas, dispersas, sufriendo a nivel de individuos dramas similares, pero sin disponer de capacidades de articulación frente a problemas comunes, no , al menos, en forma ordenada y propositiva. P0r eso, dejar un espacio algo iluso para dejar algunos conceptos sobre diversos temas, podría servir de algo. En el contexto del pensamiento libre y la información que fluye, se puede compartir para buscar consensos. Para transitar esa ruta es preciso conocer, disentir, conciliar y actuar.

Es la idea de este blog, que queda a disposición de los cybernautas que quieran compartir sus ideas y propuestas en relación a los temas sociales que vayamos abordando.

LAICISMO Y LIBERTADES PÚBLICAS

LAICISMO Y LIBERTADES PÚBLICAS


¿Cómo se evolucionó del Estado absolutista, en donde se sostenía que el poder provenía de Dios y era el Papa el que ungía a los monarcas, a un Estado laico separado de la religión, asegurando la libertad de culto?

¿Qué ideas se conjugaron para llevar a una institución de dos mil años a replegarse del poder terrenal hacia una gestión espiritual, pero manteniendo en los hechos, altos grados de injerencia en el plano real?

Es lo que ha querido abordar esta breve monografía, que muestra que las ideas van permeando las instituciones y es desde el interior de ellas donde surgen los cambios más trascendentes, pero también las involuciones sobre un mismo tema.

INDICE

Introducción.

La raíces del Laicismo.

La Evolución del catolicismo liberal

La influencia liberal en la Iglesia Católica

El Estado de Chile y sus relaciones con la Iglesia durante el siglo XIX

La separación de la Iglesia del Estado en la Constitución de 1925

La posición oficial conservadora actual de la Iglesia Católica[i]

El laicismo en los Estados Unidos

Conclusiones

Bibliografía

1. Introducción.

Este trabajo explora en los antecedentes históricos y en los pensadores que abrieron paso a la separación de la Iglesia del Estado, comentándose el proceso social que llevó a la separación de la Iglesia del Estado y las relaciones del mundo laico, religioso o agnóstico, con las instituciones eclesiales, así como los principios que motivaron la separación de ambos poderes. Ubicando el análisis en el siglo XIX se buscará relacionar el contexto internacional con lo que llevó en Chile a la separación de la Iglesia del Estado, mostrando la situación actual en Chile, comparando la situación de Estados Unidos y la Unión Europea.

El oscurantismo medieval y el régimen monárquico, estuvieron ligados a una cultura teocéntrica y al absolutismo como forma de gobierno, con la consecuente imposición dogmática de una única verdad. El profesor D. Luis Suárez Fernández, de la Real Academia de Historia de México, ha señalado que[ii]. ”en la Edad Media, Europa no fue otra cosa que cristiandad». Según explicó el profesor Suárez, entre los siglos IX y XV “el cristianismo --la "res publica" cristiana-- es el elemento que informa toda la vida cultural de esta comunidad, una sociedad que se identifica con una manera de ser: por el hecho de ser cristiano, se forma parte de la misma”.

En el Renacimiento pensadores como Voltaire cuestionaron el orden dogmático, abogando por el racionalismo, sentando los principios filosóficos del Estado Nación, donde los Derechos del Hombre y la Libertad serían el centro de lo social. La Iglesia enfrenta su propia reforma, el luteranismo, el calvinismo y el anglicanismo. Con el término del absolutismo [iii] se legitima la rebelión del pueblo contra los tiranos, la propia religión católica abre puertas a una definición de la soberanía que reconoce el poder en el pueblo y suprime el principio que señalaba que el poder venía de Dios al soberano. Con el advenimiento de las revoluciones políticas en Europa y la revolución industrial en el Reino Unido en el siglo XVll, se comenzaron a asumir las ideas racionales, dando cabida al movimiento liberal. Y esto coloca en trance, al sistema ortodoxo imperante.

El liberalismo político y filosófico, tienen su cuna en Inglaterra y Holanda, en el siglo XVll. Desde el punto de vista filosófico, se caracteriza por la tolerancia religiosa, por promover la democracia, el comercio y la industria. En Chile, la Iglesia sigue ligada al poder terrenal hasta la Constitución de 1925, que separa a la Iglesia del Estado.

¿Cuál fue el camino que llevó a la separación de la Iglesia del Estado?

¿Qué caracteriza al Estado Laico?

Son las preguntas que se intentará responder en este trabajo.

2. La raíces del Laicismo.

Laico, según el diccionario de la Real Academia, viene del latín laicus, que significa “que no tiene órdenes clericales”. Respecto a la expresión laicismo, el mismo diccionario avanza en la precisión del concepto, y establece que laicismo es la “doctrina que define la independencia del hombre y de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. También se suele usar como sinónimo de la expresión laico o laicismo la palabra secular, que viene de seglar, no religioso y también según el diccionario, se dice del clero o sacerdote que no vive en un convento ni pertenece a ninguna orden religiosa: sacerdote secular. Por tanto la expresión “la secularización e la sociedad” implica el concepto de transformar una sociedad clerical o religiosa en una sociedad civil.

Si la 'Enciclopedia' fue una dirección-clave por donde se instigó la burguesía contra el poder, Voltaire fue uno de los pioneros para que eso sucediera, pues era quien suscitaba las ideas y, en consecuencia, la movilización de los demás a raíz de sus sátiras o burlas o irreverencias feroces. “Sería justo, sí, considerarlo como un líder, pero no un líder en un sentido carismático o de representar masas, sino que todo lo que él conmovía protagonizaba ese liderazgo, en concreto, su influencia intelectual que ridiculizaba o infravaloraba la sinrazón, las costumbres y las vanidades de la aristocracia; aunque también en cuanto a que, al mismo tiempo que polemizaba, sabía ganarse admiradores o simpatizantes -con las 'Cartas inglesas' elogiando la sociedad inglesa, con 'Cándido' logrando el desenfado de su entorno intelectual-. Voltaire, así, asediaba
y despertaba las conciencias, a todo riesgo -pasando tanto por encarcelamientos como por exilios forzosos- y recurriendo a todos los géneros, algo que sólo él supo hacer con éxito. En la 'Historia de Carlos XII' criticó a la guerra, en 'Epístola de Urania' ataca a los dogmas católicos, en 'Ensayo sobre las costumbres' irritó a los calvinistas, en 'Concreciones sobre el siglo de Luis XV' se enfrenta directamente a los jesuitas. Después de esto, es sencillo deducir que inició y despejó los primeros trazos del camino del laicismo inculcando, además, que los seres humanos debían decidir y ejercer por ellos mismos sus libertades, no que fueran impuestas. La tolerancia era para Voltaire lo que la igualdad de derechos era para Rousseau: sólo un medio justificable para un fin”[iv].

3. La Evolución del catolicismo liberal

La Iglesia Católica[v], por su parte, en su afán hegemónico ha pretendido dejar el término laico en el ámbito de su institucionalidad, cuando define como laicos a los no religiosos o colaboradores activos de la iglesia que no llevan hábitos, es decir, que no han sido investidos como sacerdotes. Esta concepción es reduccionista y estrecha y no corresponde a la concepción, que la etimología tiene de las expresiones laico y laicismo, y que no es otra que la que proviene de la historia y desarrollo de las sociedades en busca de su libertad.

Durante el período de la revolución francesa, la iglesia fue despojada de sus privilegios. El Papa hecho prisionero, las propiedades confiscadas y los monasterios desiertos. Hacia la caída de Napoleón se repone el poder eclesiástico. El Papa Pío Vll, reafirma la autoridad moral. Los Estados pontificios son nuevamente ocupados por el Papa, restableciéndose la orden de la Compañía de Jesús[vi], que era la organización que más racionalismo y ciencia aportaba a la Iglesia.

4. La influencia liberal en la Iglesia Católica

Después de la sangrienta revolución francesa, muchos pensadores laicos buscan abrigo en la religión católica, conformando sectores conservadores que derivarán en los movimientos fascistas y en el nazismo. Con ellos “se filtra también, un incipiente movimiento liberal, dentro de la jerarquía”. A la muerte del moderado Pío Vll, La alta jerarquía en la iglesia católica, quien no simpatiza con los liberales, pretende erradicar esta corriente de pensamiento. El Ing. Raúl Cadena Cepeda[vii] señala que “la cercanía del resto del clero con las clases medias, quienes apoyaban decididamente al liberalismo, refuerza al pensamiento liberal. E impide ese intento de aniquilación de la razón, dentro de la iglesia. En este momento, el movimiento católico liberal, no tenía muy bien definida su postura filosófica. La consolidación de esta postura, se presenta con la aparición del sacerdote francés Felicité de Lamennais, considerado como el fundador del catolicismo liberal”.

Felicité de Lamennais[viii] fue un sacerdote católico francés, de temperamento profético, cuyos escritos contenían pronósticos de increíble exactitud sobre el futuro de Europa. Consciente de los profundos cambios psicológicos y sociales que se vivían en Francia después de la revolución, propone una nueva visión, sobre la nueva posición de la iglesia católica, en una sociedad posrevolucionaria, con posiciones marcadamente liberales. Se señala que pensadores del racionalismo, que habrían influido en su formación[ix].

Es el primero en proponer la separación total de la iglesia y el estado y sugiere que la fuerza de la jerarquía está en un papado fuerte, y nunca en la convivencia con la monarquía. Y una vez aceptada la idea de independencia del estado, sostiene que “se debe aceptar el resto del programa liberal, especialmente la libertad de educación, de prensa, y completa democracia. Demanda sufragio universal, adelantándose así, mas de medio siglo, al resto de los liberales”. En 1831 Lemennais había creado un amplio grupo de seguidores entre el clero joven y los laicos cultos de Francia.

Entre los más talentosos se contaban: El conde de Montalembert y el padre Lacordaire. Con ayuda de ellos, publica el diario " L´Avenir". Cuyo eslogan era: " Dios y libertad."

"Estamos sembrando las semillas del catolicismo liberal. No temamos al liberalismo, catolicémoslo."

Comenta el Ing Raúl Cadena Cepeda que esto era demasiado, para los conservadores obispos de la curia y que el arzobispo de París se pronunció contra el movimiento: "Que trata de subvertir el orden que Jesucristo estableció en la tierra" Y sostenía que la separación de la iglesia y el estado, provocaría pobreza dentro de ella. Lamennais, está de acuerdo. Y menciona que libertad y pobreza, son esenciales para la iglesia.

Desde luego, esto le pareció mal a la jerarquía conservadora. Gregorio XVl, Papa proveniente de la orden monástica Camaldolese se encontraba en plena lucha contra el espíritu del liberalismo y la revolución en los estados pontificios. La encíclica "Mirari Vos", Agosto 30, de 1832,.es un duro golpe contra el liberalismo. Desautoriza todas las tesis y postulados de Lamennais. Rechaza la separación Iglesia Estado. Se manifiesta en contra de la libertad de prensa, y sostiene que la libertad de conciencia es una locura La noticia del apoyo del Papa, al zar de Rusia, en la represión brutal de la rebelión, hace que el abad Lemennais, manifieste que la jerarquía católica se ha divorciado de Cristo, para fornicar con los torturadores.

Lamennais intenta salvar lo poco que queda, de este movimiento. Sostiene correspondencia con el Vaticano por un año. Presenta la tesis de que el Papa es infalible solo en materia de conciencia, pero no en asuntos temporales. Pero solo logra encolerizar más al Papa, quien le demanda plena sumisión. Lamennais claudica, y acepta la mordaza impuesta por Gregorio.

Pero el mundo laico no se quedó con los brazos cruzados. Unidos católicos y liberales, expulsan al rey de Holanda en 1830. En Latinoamérica, los países adoptan gobiernos liberales. Y en la misma Francia, se corona un rey liberal: Luis Felipe. En el Reino Unido, los liberales logran un gran triunfo, con el "Acto de reforma", que los faculta a compartir el poder con los conservadores. Y en el ámbito moral, los liberales no se rinden. A pesar de la deserción de Lamennais, Montalamert toma el liderazgo. Adopta una posición pragmática. Promueve el catolicismo liberal, pero sin confrontarse con el Papa. Procurando rehuir cualquier debate. Surge así el partido católico liberal, dedicado a promover la libertad de educación. Lacordaire, desde el púlpito de Notre Dame, utiliza su magnífica retórica para promover las tesis de catolicismo liberal. Y Frederic Ozanam, otro católico liberal, funda la sociedad de San Vicente de Paul.

En este tiempo, y apoyado por la revolución industrial, aparece el liberalismo económico, o capitalismo. La iglesia se enfrenta a un mundo cambiante, y ante este, solo el cristianismo liberal puede ser un punto de apoyo.

“Pero a diferencia del protestantismo liberal, el catolicismo de mismo género siente poca simpatía por el capitalismo. Sin embargo reconocen en el liberalismo intelectual una fuente de virtudes, que pueden impulsar el pensamiento católico, hacia nuevos horizontes. Así estando las cosas, y para colmo de males, el liberalismo católico recibe un golpe casi mortal con la aparición del ultra conservador Papa, Pío lX”.

León Xlll, (1878-1903), sucesor de Pío lX, no es liberal, pero tampoco un ultra conservador. Hombre pragmático, intenta conciliar la Iglesia con la cultura secular del siglo XlX. Acepta la separación Iglesia-Estado, las constituciones democráticas, libertades civiles, incluyendo libertad de culto. Impulsa el avance intelectual y abre las puertas de la biblioteca Vaticana a los intelectuales.

En la encíclica "Libertas" de León Xlll (1888), comienza a trabajar la reconciliación con el liberalismo. Y aborda el tema de la sociedad de masas, criticando la creciente pobreza de las clases trabajadoras, el sobre-trabajo, la falta de prestaciones sociales y las condiciones de hacinamiento en la vivienda. Se inicia la época del " Socialismo Católico " siguiendo los pasos e ideas de Lemennais.

5. El Estado de Chile y sus relaciones con la Iglesia durante el siglo XIX:

El Reglamento Constitucional Provisorio, aprobado en 1818 establecía que “la religión católica, apostólica, es y será siempre la de Chile”. Además, establecía, que es un deber de los jefes de la sociedad no permitir ningún otro culto público no doctrina contraria a la de Jesucristo.

El Estado de Chile emergente se heredaba la relación férrea a una institución eclesial que había avalado la conquista y colonización. El rol del papado en la misión evangelizadora que se atribuyó a la conquista española, fue crucial y reflejó la concepción vinculante de Iglesia y Estado. Sin embargo, en la definición del poder, al entrar el siglo XIX, ya la Iglesia había abandonado la connotación absolutista y había incorporado la concepción democrática de la soberanía, que marcaba que el pueblo era el que recibía el poder de Dios y que él lo delegaba en el Rey. Esto es uno de los factores que explican las Juntas de Gobierno y la evolución inicial de lo que fuera el período de la Patria Vieja en la gesta independentista del continente.

En las escuelas , el Reglamento Constitucional de 1818 obligaba la enseñanza de la sagrada religión, y en determinados días los profesores debían concurrir con sus alumnos a misa; diariamente, al terminar el horario escolar, debían rezar a la Virgen Patrona “Nuestra Señora del Carmen”. El sábado en la tarde se debía rezar un tercio del rosario; en la mañana del jueves y en la tarde del sábado los niños debían estudiar para aprender de memoria el catecismo de Astete.

La Constitución de 1822 también determina que la religión del estado es la católica , apostólica , romana, con la exclusión de cualquiera otra. La violación de esta norma es un delito y queda establecido constitucionalmente.

Así las cosas, surge una de las primeras voces para comenzar a batallar contra la herencia dogmática legada por España : Camilo Henríquez González que en “La Aurora de Chile”[x], abre por primera vez un ideario laico unido al de la Independencia de Chile. Se desprende de la sotana, pero no de su fe religiosa, y en lugar de rezar, marca de laicismo al periodismo y a la educación que fueron sus mejores afanes. Consideraba que no era posible la independencia, ni edificar la nación, sin darle importancia a la educación como la principal arma para vencer la ignorancia de que se aprovechaban la opresión y la Iglesia.

Históricamente y casi unido a Camilo Henríquez, tenemos un legislador que frena y levanta barreras a las ideas laicistas que se venían incubando en el pensamiento de O`Higgins y Henríquez. Don Juan Egaña[xi] se convierte, como católico conservador, en el defensor de la intolerancia. Es su Constitución de 1823 establece: “La religión del Estado es la católica, apostólica, romana, con exclusión del culto y ejercicio de cualquiera otra”.

Sin embargo, la constitución de 1828 redactada por el literato español José Joaquín de Mora[xii], avanza aspectos de tolerancia, aunque reconoce que la religión del Estado es la católica, apostólica, romana, con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra. Sin embargo, en el siguiente artículo consagraba el principio de que nadie sería perseguido ni molestado por sus opiniones religiosas.

La oligarquía y el clero estrangularon los anhelos de tolerancia civil y religiosa. El Congreso de 1831 determinó el texto del juramento del Presidente: Decía:

“Juro por Dios y estos santos evangelios conservar y sostener la religión católica, apostólica, romana, observar y hacer cumplir la Constitución y las Leyes del Estado, así Dios me ayude y sea defensa, y si no me lo demande”.

El Vicepresidente juraba con el mismo texto.

Mientras tanto, las numerosas iglesias y conventos de todas las órdenes religiosas mantenían encendida la llama del fervor religioso y las manifestaciones de irreligiosidad no sólo eran severamente castigadas, sino vilipendiadas por el desprecio público.

La Constitución de 1833 expresa que la religión de la República es la católica, apostólica, romana, con exclusión del ejercicio de cualquiera otra.

Al avanzar el tiempo las ideas liberales empezaron a alarmar a la iglesia que para hacerle frente fundó en 1843 “La Revista Católica” como expresión del ultramontanismo batallador. Sucedió que el Intendente de Colchagua quiso reprimir los desmanes del cura de Malloa. La curia señaló que el intendente era incompetente para juzgar la conducta magistral del cura y terminó declarando la absoluta independencia de la Iglesia del poder Civil. El periodismo laico participó opinando sobre la necesidad de establecer la libertad de culto, argumentando que ello era cosa de un país civilizado y condición indispensable para el progreso del país. Todo esto es apoyado tímidamente por el Mercurio.

Pero las ideas de don José Joaquín de Mora sumadas a la influencia de Andrés Bello, de Domingo Faustino Sarmiento y a la entrada de libros franceses, motivaron a la juventud estudiosa a fundar en el Instituto Nacional la Sociedad Literaria” (1842), donde participaban entre otros: Francisco Bilbao Barquín y Manuel Antonio Matta, dirigidos por el Profesor de Legislación y Derecho de Gentes, José Victorino Lastarria[xiii], del mismo Instituto.

  • Gobierno de Manuel Bulnes (1841 – 1851)

Se pasa al Gobierno de Manuel Bulnes que se ve escandalizado por la obra de Francisco Bilbao, La Sociedad Chilena publicada en 1844, donde el autor combate el feudalismo que impide que se eleve una clase media que preludia la libertad como la burguesía en Europa.

La Sociedad Chilena” es de una inspiración de avanzada por su contenido libertario, igualitario y anticatólico. Su publicación provocó en la sociedad chilena las iras del la Iglesia y de toda la sociedad pacata de la época. Bilbao fue acusado de sedicioso, blasfemo e inmoral. En el juicio seguido en su contra, no buscó defensa y lo hace por sí mismo, transformándose de acusado en acusado. Es condenado a pagar una multa de $1.200.- que fueron reunidos espontáneamente por erogación popular. Cuando salió del tribunal, la multitud que lo esperaba lo levantó en andas y lo paseó por las principales calles de Santiago.

La Iglesia lo desprestigió y el Instituto Nacional donde estudiaba leyes, lo expulsó. Se fue a París y estudió con distinguidos maestros y en la revolución de 1848 luchó en las barricadas obreras. Vuelto a Chile fundó la Sociedad de la Igualdad, en la que participaba Lastarria , entre otros amigos. Otra vez va al exilio y no vuelve más a Chile hasta el año 1998 en que sus restos fueron repatriados desde Buenos Aires, donde murió a causa de una acción heroica al rescatar a una mujer del Río de La Plata.

Bilbao fue defensor de la separación de la Iglesia del Estado y del establecimiento del Matrimonio Civil; aquí se encuentra su aporte al laicismo.

  • Gobierno de Manuel Montt (1851 – 1861)

En este período, específicamente en 1855 se aprobó el Código Civil que entregaba a la Iglesia la constitución del Registro Civil y el Matrimonio. Referente a los disidentes, el Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso se encargó de reglamentarlo prolijamente en el año 1862. Durante el decenio se va a producir una nueva embestida de la Iglesia dirigida por el Arzobispo. En la historia, la polémica se conoce como la “cuestión del sacristán”[xiv]

Valdivieso considera la independencia de la Iglesia frente a la intervención del Estado. En pocas palabras, el sacristán mayor de la catedral, destituyó a otro sacristán que lo había injuriado. Este acudió al Cabildo que lo repuso en su cargo. El Vicario dio el favor al injuriado y declaró válida la expulsión del sacristán. El arzobispo Valdivieso no pudo arreglar las desavenencias . El problema llegó a la Corte de Justicia que no dio su bendición al Arzobispo y éste , en represalia, creó la Sociedad de Santo Tomás de Canterbury con el objeto de luchar por la independencia de la Iglesia del Poder Civil.

El gobierno respalda a la Corte y el Arzobispo insistió ante el Presidente Montt en el sentido de arbitrar medidas para no atropellar a la Iglesia como habían hecho los Tribunales de Justicia. La respuesta oficial del gobierno fue que el ejecutivo no modificaba ni dejaba sin efecto un fallo de los Tribunales. La Iglesia insistió ante la Corte y ésta respondió al Arzobispo contaminándolo a aceptar el fallo, dentro del tercer día bajo apercibimiento de destierro. Al final hubo desistimiento de los afectados ante la Corte y de este modo sepultaba la cuestión del sacristán.

El coletazo político fue que la intervención del Arzobispo Valdivieso dio paso a que el clero que actuaba en forma independiente, se incrustara en un partido político conservador clerical, la oposición hizo lo suyo y nació el Partido Radical de Matta, Gallo y Recabarren. Al finalizar el período Montt, a causa de la oposición a su gobierno aparece el periódico llamado “La Asamblea Constituyente” dirigido por Manuel A. Matta y Benjamín Vicuña Mackenna que defendían ardosamente la reforma de la Constitución de Egaña de 1833.

La oposición exasperó al Ejecutivo y declaró el estado de sitio, lo que provocó un levantamiento armado organizado en Copiapó por acaudalado minero Pedro León Gallo, que finalmente fue derrotado en 1859. Después de la derrota de esta guerra civil en la que participaron, Manuel A. Matta, Vicuña Mackenna, Pedro León, Angel Custodio y Guillermo Gallo fueron desterrados. Estos son los personajes que van a dar forma definitiva al Partido Radical a partir de 1862.

  • GOBIERNO DE JOSE JOAQUIN PEREZ (1861 – 1871)

El año 1862 se conoce el ideario del Partido Radical basado en un laicismo racionalista, acompañado de un anticlericalismo. Es el año en que Manuel A. Matta define el radicalismo en los siguientes puntos de acción.

a) Reforma de la Constitución para restarle poderes al Ejecutivo

b) Libertad electoral con sufragio universal

c) Enseñanza laica libre de toda tuición confesional;

d) Libertad de conciencia

e) Autonomía de la provincias para su descentralización administrativa;

f) El derecho edilicio para evitar ser dirigido por la Moneda.

El partido Radical toma su forma en Copiapó[xv], residencia de los Matta y de los Gallo. En Santiago tenía un órgano de difusión: “La Voz de Chile” aparecida en 1862 y cerrada en 1864. Su comité editorial estaba formado por Manuel A. Matta, Angel C. Gallo, Isidoro Errazurriz y Benicio Álamos. También escribían Alberto Blest Gana y Juan Nepomuceno Espejo. Se suman a ellos Juan de Dios Arlegui y José Francisco Vergara. Todos eminentes Masones, orgullo nuestro de aquel pasado histórico.

En 1868, Manuel A Matta, Pedro León Gallo y Domingo Arteaga presentaron un proyecto de ley sobre el matrimonio civil de los disidentes, el que debía ser atendido por una autoridad civil, es decir, sin participación de la Iglesia. Este proyecto fue informado favorablemente por don José Victorino Lastarria y Marcial Martínez. Fue aprobado en general con la oposición conservadora en 1877.

En esta misma época los radicales y sus aliados fundaron en diversas ciudades los “Clubes de la Reforma”. El de Santiago se puso en actividad en septiembre de 1868 participando destacadamente participando destacadamente en él José Manuel Balmaceda, Isidoro Errázuriz, Manuel A. Matta y José Victorino Lastarria. El Club propiciaba la libertad de cultos, la separación de la Iglesia del Estado y la libertad de prensa.

Esta oposición de los radicales y sus aliados ya había conseguido en 1896 una interpretación del Art. 5 de la Constitución de Egaña, que consagraba la religión católica como oficial. Ahora se reglamenta la tolerancia de los cultos disidentes.

6. La posición social cristiana

En Europa, durante la segunda mitad del Siglo XIX la Iglesia va reformulando su posición frente al sistema liberal. En 1848 el Obispo alemán Wilhelm Kettler, esboza una solución intermedia entre el capitalismo liberal y el socialismo de estado. Acepta la sindicalización, y el derecho del estado a intervenir para moderar al capitalismo. Así como la existencia de la propiedad privada como contrapartida al comunismo. En Alemania, Francia e Italia Las clases obreras se inclinan por los partidos socialistas, alejándose totalmente de la Iglesia Católica.

La Iglesia Católica, busca un nuevo acercamiento con la clase trabajadora. En 1885 el cardenal Henry Manning (converso del anglicanismo) logra identificar a la Iglesia Católica de Inglaterra con la causa del "trabajo". Convive en los mítines, con los obreros.

Solicita al primer Ministro Gladstone, la prohibición del trabajo para menores de edad.

En 1889 a la edad de 82 años, participa en la gran huelga de los muelles de Londres. Inicialmente como mediador, y logrando grandes prestaciones para los trabajadores.

En 1886 apoya al Cardenal Gibbons de Baltimore, Evitando la condenación de los "Caballeros del trabajo ", por parte de la curia romana.- (La más importante unión de trabajadores de Estados Unidos, con 2/3 de membresía católica).

En 1884 se funda la Unión Fribourg, formada por líderes socialistas católicos. Su Presidente llegó a ser Cardenal en 1890.

En 1891, León Xlll promulga la encíclica Rerum Novarum llamada: "La carta magna del Catolicismo social".

La influencia del pensamiento social católico, se reflejó en las últimas dos décadas del siglo XlX, en numerosas uniones y sindicatos en Europa y los Estados Unidos.

El Padre Cardijn de Finlandia funda la organización: " Young Christian Workers " (Su mitin de 1974 en Versalles, reunió a 40,000 afiliados).

En 1920 se formó la unión federal internacional cristiana, con 3.5 millones de agremiados. Siendo la piedra angular de los partidos demócratas cristianos en Europa, después de la 2a. guerra mundial.

Sin embargo, a pesar de que el catolicismo social, contiene elementos pragmáticos y del orden secular, no es un pensamiento liberal desde el punto de vista filosófico, porque no se finca en una teología racional. Es a mediados del siglo XX cuando recibe el pensamiento católico liberal un verdadero impulso. El reinado del Papa Juan XXlll, fue para los católicos liberales, la época de oro.

Cuando este prelado llama al Concilio Vaticano ll, se abren las puertas del cielo, para estos pensadores:

Tanto la corriente liberal como la conservadora, se refieren al tema teológico. Y no se relacionan con el comportamiento moral de los individuos. Es un hecho paradógico, señala Raúl Cadena, “pero los católicos liberales mantienen muchas veces, una moral mas rigurosa que los conservadores, denominados ortodoxos o fundamentalistas”. Sin embargo, el principal elemento de ruptura entre ambos bandos, es que los liberales sostienen que primero es la verdad, y después la revelación. Y que si se demuestra que un postulado religioso es falso, debe desecharse. Esta posición les proporciona una gran ventaja en el mundo moderno, pues pueden dialogar de igual a igual con los científicos, los laicos de otras religiones, y los agnósticos. Los liberales aceptan el lema "Ubi dubium, ibi libertas ", "solo donde hay duda, hay libertad". Y por esto, los católicos liberales son un grupo atomizado, pues no presentan un frente común ante el monolítico dogma conservador.

7. La separación de la Iglesia del Estado en la Constitución de 1925

La acción emprendida por los promotores del laicismo del siglo XIX, donde se destacan los nombres de Bilbao, Lastarria, Arlegui, Allende Padín, Cuevas, De la Barra y tantos otros, por conseguir la secularización de la sociedad chilena y la consagración del principio del laicismo, se va a plasmar en el Siglo XX en la separación constitucional de ambas entidades.

El año 1925 se establece la separación de la Iglesia del Estado, luego de una negociación directa entre el Presidente Alessandri, miembro de la masonería chilena, y el Papa, antes de regresar del exilio para reasumir sus funciones constitucionales.

En el artículo 10 artículo Nº 2 se señala que: “La Constitución asegura a todos los habitantes de la República, la manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público, pudiendo por tanto, las respectivas confesiones religiosas erigir y conservar templos y dependencias con las condiciones de higiene y seguridad fijadas por las leyes y ordenanzas”. No fue gratis para el erario nacional que la Iglesia Católica dejara de ser la religión oficial del Estado. La primera de las disposiciones transitorias de la Constitución obligó al Estado a entregar “al señor arzobispo de Santiago la cantidad de dos millones quinientos mil pesos anuales para que se inviertan en el país en las necesidades de la Iglesia Católica”.

La separación de la Iglesia del Estado en Chile fue la culminación de las luchas por el laicismo, que ya había conseguido que se dictara la ley de matrimonio civil, la del registro civil y de los cementerios civiles. Chile entraba en una etapa de su historia en que la libertad de conciencia jugaría un rol central en su desarrollo como nación democrática. Sin embargo, debemos reconocer que esa separación quedó trunca en muchos alcances, y aún perduran con fuerte presencia, factores que manifiestan el poder confesional de un modo muy gravitante.

8. La posición oficial conservadora actual de la Iglesia Católica[xvi]

La doctrina sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, tiene su fundamento en la distinción y unión real entre el orden natural y el orden sobrenatural. Por derecho divino existen dos poderes diferentes en la tierra: el poder natural, correspondiente a la autoridad civil y el poder sobrenatural de la Iglesia. "Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 20, 21 y par.).

”Ambos poderes son originarios e inderivables el uno del otro, y correspondientes al orden natural y sobrenatural”.

Pese a existir constitucionalmente una separación de poderes, la Iglesia Católica sostiene doctrinariamente que “Las relaciones entre la Iglesia y el Estado han de ser de unión y colaboración, actuando cada uno en su propio orden, y a la vez de mutuo reconocimiento, particularmente en las materias mixtas (porque afectan a los fines de ambas), como son la educación, el matrimonio, etc. El Estado, cumpliendo con su fin propio, debe ayudar a la Iglesia y colaborar con ella, disponiendo los asuntos temporales con libertad de modo que puedan ser fácilmente ordenados al fin sobrenatural. El Estado tiene no sólo un fin material sino también ético: debe custodiar la ley natural. De esta manera, coopera, en su orden, a la salvación de las almas”.

Los conflictos entre el Estado, la comunidad laica de y el mundo clerical, se derivan de la manifiesta acción corporativa de la Iglesia Católica en orden a influir en temas que a ella le parecen relevantes o situaciones que se opongan a la moral natural: por ejemplo a través de la prohibición de votar en favor de partidos políticos que se oponen, a su juicio, a la ley natural.

"La comunidad política v la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficiencia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuenta de las circunstancias de lugar y tiempo. El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna. ( ... ) Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y situaciones" (Conc. Vaticano II, Const. Gaudiumet Spes, n. 76).


Por tanto, la Iglesia considera que tiene el derecho y el deber de intervenir[xvii], [xviii]incluso de modo autoritario -dando criterios de acción a los católicos-, en cuestiones de orden temporal, cuando lo amerita una causa justa y grave, esto es, cuando estén en grave peligro los derechos de Dios o de la Iglesia, y la salvación de las almas”.

9. El laicismo en los Estados Unidos

Los Estados Unidos es la nación con más diversidad religiosa del mundo. Más de 1500 cuerpos y sectas religiosas, incluyendo 75 variedades de Bautistas solamente, coexisten y prosperan en nuestra nación. Tenemos 360,000 iglesias, mezquitas y sinagogas.

Los americanos son también extremadamente devotos. De acuerdo a unas encuestas recientes, mas del 90 por ciento profesa una creencia en Dios; mas de la mitad dice que ora por lo menos una vez al día, y más del 40 por ciento dice haber asistido a servicios religiosos durante la semana anterior. Los informes de la Oficina de Censo reportan que el 63 por ciento de la población declara membresía en alguna iglesia, una cifra que ha permanecido virtualmente sin cambios desde el censo de 1960.

La Unión Americana de Libertades Civiles cree la relativa paz social en materia religiosa obedece a la completa separación entre la Iglesia y el Estado requerida por la Primera Enmienda de la Constitución.

“Muchas personas creen equivocadamente que la separación de la iglesia y el estado implica una hostilidad oficial a la religión. Pero en efecto, la verdad es todo lo contrario. Fue su creencia en la santidad de la fe lo que engendró la determinación de nuestros fundadores a proteger la religión de la interferencia estatal. Ellos comprendieron que la libertad religiosa podía florecer sólo si el gobierno deja en paz a la religión”[xix].

La expresión religiosa, como toda otra expresión, esta protegida por la Primera Enmienda. Los estudiantes de las escuelas publicas tienen el derecho de leer la Biblia, rezar el rosario, orar antes de las comidas y los exámenes y conversar acerca de sus afiliaciones religiosas con sus compañeros de estudios; siempre y cuando lo hagan por fuera del proceso educativo. Sin embargo, los estudiantes no tienen el derecho de imponer sus expresiones religiosas ante una audiencia cautiva de otros estudiantes por ejemplo, a través de pronunciamientos religiosos u oraciones trasmitidas en el sistema de micro-parlantes para uso de la escuela ni obligar que otros estudiantes se involucren en ninguna actividad religiosa.

“El Congreso no deberá hacer ninguna ley con respecto a un establecimiento de religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma; ni recortara la libertad de expresión, o de la prensa, o el derecho de agrupación pacifica de las personas y de peticionar al gobierno por el deshecho de agravios”. La Primera Enmienda, en lo que se llama la Cláusula de Establecimiento, garantiza la separación de la religión del estado y mediante la Cláusula de Libre Ejercicio le prohíbe al gobierno interferir con el derecho de las personas al culto religioso según su libertad de elegir. En conjunto, estos principios protegen la libertad de los estadounidenses de practicar o no, una o ninguna religión.

10. Conclusiones

La presente monografía ha revisado los orígenes de la separación de la institución social máxima, el Estado, y la Iglesia Católica, representativa de la institucionalidad religiosa de mayor peso en occidente.

La separación de la Iglesia del Estado ha evolucionado por las ideas racionalistas liberales y por las del catolicismo liberal incubadas en el seno de la propia Iglesia.

La crítica interna a una organización clerical demasiado absorta en el mundo terrenal, involucrada en el poder terrenal, ha motivado la generación de un catolicismo liberal que impulsó importantes reformas, como lo fuera la Doctrina Social de la Iglesia y el concilio Vaticano II. Sin embargo, de la lectura de los planteamientos de la actual jerarquía de la Iglesia Católica aparece la preeminencia de una posición ortodoxa conservadora, que busca intervenir en la sociedad globalizada con un importante peso relativo y violentando las posiciones que buscan el libre albedrío en material conductual.

Un sistema más maduro, como Estados Unidos, ha logrado definir una relación de respeto e independencia mutuos entre la religión y el Estado. El hecho de que sean las personas las que ejercen su libertad de practicar una religión, aleja la amenaza de un Estado Ateo o Agnóstico. Países como México han evolucionado hacia una mayor tolerancia de la religiosidad, entendiendo que es parte cultural de la nación y la tolerancia aparece hoy como la tónica entre ambas instituciones.

En Chile, pese a la separación formal de la Iglesia del Estado, se mantiene una injerencia de la Iglesia Católica en las decisiones públicas, principalmente en los llamados temas valóricos, que tienen que ver con férreas posiciones del Papado en materia de Aborto, Divorcio, prevención del SIDA y homosexualidad.

Las ideas racionalistas liberales, con las connotaciones que tiene hoy la social democracia en el contexto global, mantienen líneas de diálogo con las corrientes social cristianas, que a su vez han derivado de la evolución del catolicismo liberal. Pero en términos de mayor polarización están presentes las corrientes religiosas más ortodoxas que caen en la intolerancia religiosa y tienden al autoritarismo.

La Iglesia Católica aparece en el presente dominada por una jerarquía fundamentalista que dificulta el diálogo con otras religiones, conflictuando con el Estado y con las corrientes sociales que buscan mayores libertades públicas y personales. Reconocer estos vectores dentro de la institución católica favorece en los agnósticos la capacidad de comprensión de las posiciones que toma dicha institución a nivel global.

Los ortodoxos católicos representados por el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, corresponden a una concepción medieval de la religiosidad, sometiendo a la persona a una jerarquía vertical incuestionable en su infalibilidad, mientras que las corrientes del catolicismo liberal están abiertas a asumir la tarea redentora del hombre desde la realidad temporal en que éste se desenvuelve, privilegiando su libertad innata como punto de partida para su sanidad espiritual.


11. Bibliografía



[i] Por Pbro. Pablo Arce Gargollo “La Iglesia y el Estado” http://www.aclufl.org/spanish/informes/iglesiayestado.cfm

[iii] http://www.rcadena.net/catoliberal.htm El catolicismo liberal. Ing. Raúl Cadena Cepeda. 8 Octubre 2,002.

[iv] Repiso Moyano, José, www.politicayactualidad.com

joserepisomoyano@hotmail.com

Pensador, poeta, narrador, ensayista español, nacido en
Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: CANTOS DE SANGRE, Ediciones
Rondas, Barcelona, 1984; LA MUERTE MÁS DIFÍCIL, Ediciones Torre Tavira,
Cádiz, 1994.

[v] ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL LAICISMO. abril de 2004, Claudio Martínez Cerda geocities.com/laicismo_chileno/martinez.htm.

[vi] La Compañía de Jesús (jesuitas) es una orden religiosa perteneciente a la Iglesia Católica Romana, que fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1539. La XXXII Congregación General (Roma, 1975) en su Decreto 1,2 define qué significa ser jesuita: "Comprometerse, bajo el estandarte de la Cruz en la lucha más crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige". Más recientemente, la XXXIV Congregación General (1995), ha reiterado el mismo espíritu, añadiéndole además el diálogo interreligioso y el debate cultural: "No se puede servir la fe sin promover la justicia, entrar en las culturas, abrirse a otras experiencias religiosas" (Decreto 1,19).

[vii] www.ideasapiens.com

“Y en el ámbito moral, los liberales no se rinden. A pesar de la deserción de Lamennais, Montalamert toma el liderazgo. Adopta una posición pragmática. Promueve el catolicismo liberal, pero sin confrontarse con el Papa. Procurando rehuir cualquier debate. Forma el partido católico liberal, dedicado a promover la libertad de educación. Lacordaire, desde el púlpito de Notre Dame, utiliza su magnífica retórica para promover las tesis de catolicismo liberal. Y Frederic Ozanam, otro católico liberal, funda la sociedad de san Vicente de Paul. Estos pensadores creían que la iglesia debía de encontrar una relación mas positiva con el liberalismo. Y que las tesis de Mirari Vos, Harían perder a la iglesia su influencia en el mundo culto de la época. En este tiempo, y apoyado por la revolución industrial, aparece el liberalismo económico”,

[viii] Reflexiones sobre el Estado y la Iglesia durante el Siglo XVIII y sobre la situación actual. Hughes Felicité Robert de Lamennais. Publicado anónimamente en París en 1808.

[ix] http://en.wikipedia.org/wiki/Hughes_Felicit%E9_Robert_de_Lamennais

El primer volumen de su gran trabajo “Ensayo sobre la indiferencia en materia de religión” apareció en 1817 y fue traducido al inglés recién a fines del siglo XIX.

[x] Jueves 24 de septiembre de 1812, Aurora de Chile, página 1.El estado revolucionario

Camilo Henríquez incita a sus lectores a no perder el espíritu revolucionario y a propugnar el desarrollo de gobiernos justos y no corruptos.

“LA revolucion americana lleva en todas partes como dos años; y en las mas de ellas ofrece un aspecto no muy diferente del que tuvo en sus principios; riesgos que pudieron haberse aniquilado; una marcha lente é incierta; fluctuacion entre esperanzas y temores; irresolucion, y à las veces frialdad. En muy pocos puntos se presenta robusta y majestuosa. Qual fue el blanco de estos grandes movimientos? Parece que la libertad y la prosperidad nacional. La libertad està proclamada, sancionada? La majestad del pueblo está reconocida! El entusiasmo por la gran causa; la opinion pública, sobre cuyas bases estriban aquellan altos fines; se han difundido universalmente? Son bien conocidos de toda la masa del pueblo los derechos inapreciables del hombre y del ciudadano, y los verdaderos intereses de la patria? Sa hà disipado yà esa estólida indiferencia por el bien comun? Se entiende bien el sentido de estas palabras: patria, libertad, sistema americano; y hacen en el ànimo una impresion profunda! Si ello es asi bastante se ha hecho; sino lo es, nada se ha logrado en estos años”.

[xi]http://icarito.latercera.cl/biografias/1810-1830/bios/eganiarisco.htm

Hijo del chileno Gabriel José de Egaña y de la peruana Josefa Risco, Juan Egaña nació en Lima el 31 de octubre de 1768. Realizó todos sus estudios en la capital virreinal, graduándose de Bachiller en Cánones y Leyes en la Universidad Mayor de San Marcos en 1791. Ese mismo año se trasladó a Chile. En 1802 recibió su grado de Doctor. El mismo año presentó un proyecto a fin de que en la Real Universidad de San Felipe se creara la cátedra de Latinidad y Retórica, idea que fue bien acogida, nombrándosele catedrático en ella. Poco a poco, su preparación intelectual se fue haciendo notar, y ya en 1810 se le consideraba como uno de los habitantes más preparados de Chile. Apoyó la causa revolucionaria de la Independencia, por lo que entre 1814 y 1817 estuvo preso en la Isla Juan Fernández. Tras su liberación, ejerció importantes cargos públicos, llegando a ser el redactor principal del texto constitucional que se aplicó en 1823. Egaña murió en abril de 1836 a los 68 años de edad.

En 1811, se le encargó la redacción de un proyecto constitucional, que a la postre no se promulgó. Ese mismo año integró el primer Congreso Nacional como diputado por Melipilla. También, intervino en la redacción del Reglamento Constitucional Provisorio de 1812 y cuando este se aplicó, fue electo como senador. Volcó sus conocimientos en favor de la causa revolucionaria en la política -ámbito en el que además llegó a ser Presidente del Senado y miembro de la Junta Gubernativa de 1813-, en la prensa -colaboró en la Aurora de Chile-, y en educación, pues participó en el establecimiento del Instituto Nacional. Toda esta actividad le valió ser confinado en Juan Fernández. Después de la abdicación de Bernardo O'Higgins, en 1823, Egaña formó parte de una comisión que recibió el encargo de redactar una nueva constitución para el país. Fruto de este trabajo, fue el texto constitucional de 1823, en cuya redacción tuvo bastante influencia. Dicho documento se caracterizó por sus ideas conservadoras y por la creencia de que la ley podía modificar la esencia misma de la sociedad. La estrecha unión entre moralidad y ley que propiciaba, hizo que en definitiva fuera inaplicable.

Tras esta experiencia, Egaña presidió el Senado Conservador en 1824. Al año siguiente, fue elegido diputado por Santiago, y en 1827 fue presidente de la Asamblea Provincial.

Autor de la Constitución de 1828, nació en Cádiz en 1783 y murió en Madrid en 1864. Inició su educación en su ciudad natal, y a los estudios elementales unió los de Francés e Inglés. Cursó estudios superiores en la Universidad de Granada, recibiéndose de abogado en 1805. En 1828 se estableció un Congreso Constituyente. Ante él, una comisión compuesta por 5 diputados debía presentar un proyecto de carta fundamental. Los comisionados recurrieron especialmente a Melchor de Santiago Concha y a José Joaquín de Mora, conocido por sus ideas liberales.
El proyecto consideró la elección indirecta del Presidente de la República, cuyo período sería de 5 años, sin reelección inmediata; asimismo, contempló la existencia de un Vicepresidente que lo reemplazaría en caso de muerte o imposibilidad física de continuar ejerciendo el mando. El Poder Ejecutivo podría nombrar a su voluntad a los ministros de Estado, contaría con derecho a veto suspensivo y no dispondría de facultades extraordinarias. El Legislativo, por su parte, sería bicameral. El Senado estaría integrado por dos representantes por cada provincia que se renovarían cada 4 años y la Cámara de Diputados sería elegida directamente por sufragio popular, a razón de un diputado por cada 15.000 habitantes. En su conjunto, el Congreso debía nombrar a los ministros de la corte de justicia, dictar los presupuestos, suprimir o crear empleos públicos y aprobar los nombramientos de altos jefes militares y diplomáticos. Casi sin modificaciones, el texto fue aprobado.

[xiii] Se inició como oficial mayor del Ministerio del Interior en 1842, al que renunció dos años más tarde en rechazo a la censura que recibió la obra de Francisco Bilbao La Sociabilidad Chilena, en 1844. Entre 1843 y 1858 fue elegido diputado por Elqui y Parral, Rancagua, Caldera, Copiapó y Valparaíso. También, fue senador entre 1867 y 1879, por La Serena y Coquimbo. En 1849 participó en la fundación del Club de la Reforma.En 1850, Lastarria se vinculó con los organizadores y promotores de la Sociedad de la Igualdad, por lo que el gobierno de Bulnes lo acusó de agitador y lo deportó a Lima en noviembre de 1850. Regresó en los primeros meses del año siguiente, y aunque no tuvo participación directa en el motín del coronel Pedro Urriola (abril de 1851), el Congreso lo desaforó, y el gobierno de Bulnes lo destituyó de su cátedra en el Instituto Nacional y nuevamente lo deportó al Perú. Al año siguiente regresó a Copiapó, donde probó suerte como cateador en el mineral de Tres Puntas. En 1853 se trasladó a Valparaíso, trabajando con éxito como abogado, e ingresando a la logia masónica Unión Fraternal. Colaboró en distintas publicaciones periodísticas en las que era cofundador y/o redactor, como El Siglo (1844) y la Revista de Santiago (1848). El año anterior había escrito Elementos de Derecho Público Constitucional y Teoría del Derecho Penal; en 1853, Historia Constitucional del Medio Siglo; en 1856, Constitución Comentada; y entre 1865 y 1867 La América.

En 1860 escribió Juicio Histórico a Portales, de estilo filosófico y político, donde criticó la figura del ministro.

[xiv]http://icarito.latercera.cl/biografias/1831-1861/bios/tocornal.htm

En abril de 1856 Manuel Tocornal participó como abogado del arzobispo ante la Corte Suprema en la llamada cuestión del sacristán. Esta defensa lo hizo compartir con el arzobispo Valdivieso un proyecto político en que pudieran unir a los antiguos pelucones con un compromiso de defensa de los principios religiosos católicos. Este ideal se materializó al fundar juntos en 1857 el Partido Conservador

[xv] En 1850 durante el gobierno de Manuel Bulnes Prieto, hacia fines de mayo se forma la Sociedad de la Igualdad, integrada por intelectuales jóvenes que regresaban desde Europa, tras terminar sus estudios. Entre ellos José Victorino Lastarria, Eusebio Lillo y Francisco Bilbao entre otros.

La Sociedad de la Igualdad se convirtió en el foco de agitación política del país y atrajo a su seno a todos los jóvenes intelectuales y un buen número de artesanos. Los integrantes de la Sociedad de la Igualdad promovieron levantamientos en contra del gobierno, razón por la que el 9 de noviembre de 1850, por decreto de la Intendencia se disuelve la Sociedad de la Igualdad y sus líderes son apresados y encarcelados. Otros como Santiago Arcos, José Victorino Lastarria y Federico Errázuriz Zañartu fueron desterrados.

No obstante, también se puede decir que los orígenes del Partido Radical se hallan en octubre de 1858 en la formación de una organización llamada La Asamblea Constituyente, que agrupó a la mayoría de los líderes del partido: Manuel Antonio Matta, Angel Custodio Gallo, Francisco Marín, Juan Arteaga Alemparte y Guillermo Matta, que impulsaban la reforma a la constitución de 1833.

Las ideas que se cuestionaban por aquellos días se pueden sintetizar en tres puntos fundamentales:

  • El autoritarismo presidencial.
  • La centralización administrativa.
  • La excesiva influencia de la iglesia en las decisiones del gobierno.

La fuerte tensión que generaba el clericalismo en oposición a las difundidas ideas de la Revolución Francesa, estaba en el centro del conflicto que se extiende por más de tres décadas, tiempo en el que la Sociedad de la Igualdad, con los escritos de Manuel Antonio Matta protagonizan duros y hasta violentos enfrentamientos.

Pero fue sólo hacia fines del segundo gobierno de Manuel Montt Torres, que los Radicales surgen como el tercer partido político de la historia de Chile, después de los Conservadores y Liberales.

Cabe destacar la notoriedad que alcanzó la controversia entre iglesia y Estado, en la cual aparece un hecho singular que se conoce con el nombre de "el conflicto del sacristán". Situación que el obispo Rafael Valentín Valdivieso quiso aprovechar para someter el poder de civil a la supremacía de la iglesia. Hecho que Manuel Antonio Matta aprovecha para pedir la separación de la iglesia del Estado.

El 12 de mayo de 1862 se funda el periódico "La Voz de Chile" que difunde las bases del radicalismo; enseñanza laica, libertad electoral, derecho edilicio, descentralización administrativa, reforma a la constitución de 1833 y la interacción del pueblo en la generación de autoridades.

[xvi] Por Pbro. Pablo Arce Gargollo “La Iglesia y el Estado” http://www.aclufl.org/spanish/informes/iglesiayestado.cfm

[xvii] Intervención de Monseñor Parolin, Subsecretario de Estado para las relaciones con los

Estados, en la Sede de la Secretaria de Estado del Vaticano, con motivo de la reunión con el

grupo de Coordinación de la CCE.

SALUDO AL GRUPO DE COORDINACIÓN DE LA CONVENCIÓN DE CRISTIANOS PARA EUROPA

Vaticano, sábado 14 de junio de 2003

Ni teocracia estatal ni ateismo estatal en Europa, dice el Vaticano (documento en PDF)

El secretario de Estado del Vaticano para las Relaciones con los Estados, Monseñor Pietro Parolin, ha expuesto a la coordinadora de la Convención de Cristianos por Europa, las orientaciones del Papa a los laicos cristianos en lo que respecta a la construcción de la Unión Europea: no pretende instaurar de ningún modo una teocracia estatal, sino evitar que en la nueva Europa cobre vigencia, de hecho, una especie de ateísmo estatal.

[xviii] http://www.laiconet.com/opinar/europa.htm

Juan Pablo II pide que la Constitución europea constate el hecho cristiano

«Ecclesia in Europa» dice textualmente:
«Deseo dirigirme una vez más a los redactores del tratado constitucional europeo para que incluya una referencia al patrimonio religioso y especialmente cristiano de Europa.
Respetando plenamente el carácter laico de las Instituciones, espero que se reconozcan tres elementos complementarios:
1. el derecho de las Iglesias y comunidades religiosas a organizarse libremente;
2. la identidad específica de las Confesiones religiosas y el establecimiento de un diálogo institucional con la UE;
3. y el respeto del estatuto jurídico de que ya gozan las Iglesias e instituciones religiosas en los Estados miembros.
La Iglesia no pide la vuelta a formas de Estado confesional.
Pero deplora todo tipo de laicismo ideológico o separación hostil entre las instituciones civiles y las Confesiones religiosas».

[xix] http://www.aclufl.org/spanish/informes/iglesiayestado.cfm

La Iglesia y el Estado Boletín Informativo de la ACLU The American Civil Liberties Union of Florida